16 de noviembre de 2015 00:00

Una hacienda cerró por el volcán y otras esperan el regreso del turista

Un grupo de turistas extranjeros ocupó las instalaciones de la hostería La Ciénega. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Un grupo de turistas extranjeros ocupó las instalaciones de la hostería La Ciénega. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche

Una de las cinco hosterías ubicadas en las cercanías al Parque Nacional Cotopaxi, en el ingreso por Latacunga, está cerrada. La casona de grandes ventanales, puertas de madera, techos de teja y gruesas paredes está desolada.

Una gruesa cadena metálica y un candado impiden el ingreso a la infraestructura patrimonial de la hacienda San Agustín de Callo, ubicada en una zona de riesgo ante la actividad eruptiva del volcán Cotopaxi.

Las habitaciones, el comedor, la cocina y otros espacios se encuentran vacíos. Los propietarios decidieron trasladar las camas, colchones, mesas, aparadores y demás adornos coloniales a otra urbe.

Luis Velasteguí, extrabajador, contó que desde el 14 de agosto las reservas fueron canceladas por los extranjeros. La caída de ceniza obligó a mantener cerradas las puertas y ventanas. Los sembradíos de brócoli, pastizales y otros quedaron desolados.

Esa fue una de las razones de los propietarios para movilizar los enseres y llegar a acuerdos con los trabajadores.

El exobrero y vecino de la comunidad San Agustín comentó que algunos compañeros lloraron y se deprimieron al enterarse del cierre. “Los dueños son gente buena y amables con los trabajadores. Ellos nos prometieron contratarnos si se vuelve abrir la hacienda y esperamos que sea pronto”.

Al momento, la mayoría de los trabajadores de la hacienda presta sus servicios en las floricultoras del sector o trabajan en sus chacras. A las hosterías y haciendas arribaban grupos de turistas que gustaban de visitar la laguna de Limpiopungo, ascender al volcán o disfrutar del campo el fin de semana.

Ismael Janisch, propietario del hotel Cuello de Luna (Pastocalle), contó que usualmente en noviembre se reservan todas las 15 habitaciones, pero esta vez no ha llamado nadie. Los visitantes, generalmente, ingresaban por una de las vías de evacuación de lastre.

Janisch comentó que su hotel se encuentra en una zona segura, pero le hace falta promoción en el exterior, un letrero en la Panamericana (E35) y la apertura del Parque Nacional.

El empresario dijo que la marca Cotopaxi está posicionada a escala mundial, por lo que los extranjeros tienen una lectura errada de lo que pasa en el volcán. “El estado de excepción envió un mensaje malicioso al turista que llegaba a nuestro país. El Gobierno debe ayudarnos a promocionar los espacios que tiene Cotopaxi y si es posible abrir el parque”.

En el hotel Cuello de Luna trabajan alrededor de 12 personas, pero por la ausencia de turistas ahora están seis. Los empleados se encargan de alimentar a los caballos, gallinas, vacas, borregos y otros animales. Además, mantener la infraestructura en óptimas condiciones. “No podemos pintar la fachada del hotel por la falta de dinero. Antes se contrataba a otros chicos para que nos ayudaran”, indicó Janisch.

A 20 minutos de la Panamericana se encuentra la hostería Alma del Sur. El ladrido de tres perros alerta la llegada de visitantes a esta zona rodeada de pastizales, frondosos árboles de eucalipto y casas de dos pisos con paredes de bloque.

Una cerca divide las dos canchas de césped con el parqueadero de la hostería. Verónica Palma, recepcionista de la hostería Alma del Sur, recordó que en los últimos tres años las 12 habitaciones siempre estuvieron reservadas para Navidad y Año Nuevo, pero este año no.

La mujer explicó que la alerta amarilla provocó que se cancelaran todas las reservaciones. Uno de los 10 empleados renunció por la falta de visitantes. “Estamos en un lugar seguro y eso lo promocionamos por las redes sociales y guías. Necesitamos un mensaje claro del Gobierno que indique que se puede visitar Cotopaxi”.

Los 24 empleados que laboran en la hostería La Ciénega, en la parroquia Lasso, realizan sus actividades con normalidad. La incertidumbre por sus puestos de trabajo está quedando en el pasado.

Milton Jácome, mesero de La Ciénega, dijo que se envió un mensaje equivocado a los turistas extranjeros. Los visitantes que han llegado se sorprendieron al ver que no ha caído ceniza en la edificación de más de 400 años de historia. “Octubre fue lo peor en arribo de turistas. Ahora están regresando, porque hay la ayuda de las operadoras turísticas que indican que está en lugar seguro”.

En la zona de influencia del volcán funcionan alrededor de 300 negocios turísticos.

En contexto

Los tres negocios dentro del Parque Nacional fueron cerrados. La hacienda San Agustín del Callo -por fuera de esa área- también cerró. Las hosterías La Ciénaga, Cotopaxi Tour, Cuello de Luna y Alma del Sur -las más grandes y seguras- aún reciben pocos turistas.

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