24 de November de 2009 00:00

Guerras

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Danilo Arbilla

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Cuando el 2 de abril de 1982 el dictador Fortunato Galtieri ordenó la invasión de las islas Malvinas, miles de argentinos lo apoyaron y fueron a  vivarlo.

Pero no todos. Muchos otros miles vieron que era una medida desesperada de un Régimen que se resquebrajaba.  Jorge Luis Borges se limitó a definirla como “una huida hacia delante“.
Más o menos lo mismo pasa con este nuevo llamado  a la guerra de Hugo Chávez. No es la primera arenga bélica de este general de ninguna batalla; ya lo hizo por Bolivia y  Honduras.

Pero esta vez   la intención de Chávez es contrarrestar el creciente desprestigio e impopularidad  que lo afectan.  Es el viejo recurso de buscar enemigos fuera para lograr la cohesión interna y conseguir algo de respaldo conciudadano. Esto de la guerra permanente   ya es un mecanismo casi desgastado. Pero igual no le resta peligrosidad, sobre todo cuando se trata de ‘iluminados’.   “Es difícil en una guerra en serio -añadió- contar con los comités bolivarianos, simples ‘patoteros’  a sueldo y con los ‘intelectuales‘ financiados que nunca se apartan de los cómodos exilios y solo hacen la revolución  desde los cinco estrellas”.

Pero no es esta la guerra de Chávez y de sus cómplices -Evo Morales, Ortega, Correa, los Kirchner-  la que asusta y preocupa, sino la que llevan a cabo contra la libertad de expresión, y en la que avanzan efectivamente y frente a la que los silencios y la indiferencia resultan muy graves y a la postre muy costosos para los derechos y libertades de la gente.

 Hace poco la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) advirtió sobre “la acción coordinada de gobiernos para controlar a la prensa y el desprestigio constante al que la someten, el avance desmesurado de la violencia contra los periodistas, la proliferación de leyes restrictivas y arbitrarias decisiones judiciales que limitan la labor informativa, son claros indicios del deterioro de la libertad de prensa y el consiguiente debilitamiento del sistema democrático”.

A esta conclusión llego la SIP tras el análisis de un semestre en que fueron asesinados 16 periodistas, continúan presos 27 periodistas en Cuba, se multiplican las ‘ leyes de medios’   para controlar la información y manipular los contenidos de las prensa y se abusa del poder y los dineros públicos se utilizan para premiar amigos y a la prensa complaciente, todo ello dirigido a cercenar el derecho a la información de los ciudadanos.

Esta sí es una guerra en serio  y los que avanzan son los enemigos de la libertad. Dar vuelta la cara, mirar para otro lado, pensar que  “no es a mí que me vienen  a buscar”, no es la forma de encarar el tema. Hay antecedentes, -en Europa hace 70 años, en Europa y Asia hasta hace muy poco y en América hasta fines de los  80- y es bueno recordarlos, para que esas historias no se repitan.

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