22 de mayo del 2016   15:21

Una ruta solidaria entre encocado y sal prieta

50 emprendedores de Manabí y Esmeraldas serán parte de la ruta artesanal solidaria, que se realizará este domingo en el Parque Histórico Guayaquil. Foto: Enrque Pesantes/ EL COMERCIO

50 emprendedores de Manabí y Esmeraldas serán parte de la ruta artesanal solidaria, que se realizará este domingo en el Parque Histórico Guayaquil. Foto: Enrque Pesantes/ EL COMERCIO

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Elena Paucar

El mapa de los cantones manabitas está marcado en una de las camisetas que Luzmila Morales confecciona. El diseño es reciente y lo fusionó con el tradicional ‘I love Manabí’ para mostrar el epicentro del terremoto devastador.

“Fue aquí -y apunta a Pedernales-. Yo estaba acá -y baja el dedo hasta Montecristi-. Ese 16 de abril fue horrible, pero este diseño demuestra que todo Manabí está unido para salir de esta crisis”.

Ella es parte de los más 20 artesanos que este sábado 22 de mayo del 2016 participaron en la ruta artesanal solidaria a favor de Manabí y Esmeraldas. Las carpas se armaron al pie del río Daule, en el Parque Histórico Guayaquil (de Samborondón), en un evento organizado por los ministerios de Turismo e Industrias y Productividad (Mipro).

Morales ofreció camisetas a USD 7 y algunos objetos de paja, tejidos a mano. Cerca, Kleyder Pachay se acomodaba un sombrero de paja toquilla, original de Montecristi. Él es encargado del remate, lavado, planchado y sahumado de los famosos sombreros.

También colabora con la comercialización. Los costos de los que llevó para la feria estaban entre USD 80 y 300.

50 emprendedores de Manabí y Esmeraldas serán parte de la ruta artesanal solidaria, que se realizará este domingo en el Parque Histórico Guayaquil. Foto: Enrque Pesantes/ EL COMERCIO

50 emprendedores de Manabí y Esmeraldas serán parte de la ruta artesanal solidaria, que se realizará este domingo en el Parque Histórico Guayaquil. Foto: Enrque Pesantes/ EL COMERCIO

“Hacer uno solo puede tomar desde un mes hasta un año. Es un sombrero conocido en el mundo, patrimonio cultural inmaterial. Pero como el sismo nos golpeó, el extranjero, nuestro principal cliente, casi no llega a Montecristi. Las ventas han bajado mucho, pero seguimos exportando a Estados Unidos, Japón, Australia, Suiza, Francia e Italia”.

El fuerte remezón por poco acaba con el negocio de Genaro López. Este artesano tiene un taller de esculturas en La Pila, donde el sismo le arrebató su principal herramienta de trabajo: el horno.

Pero ese no fue un obstáculo para llegar al Guayas con sus réplicas casi exactas de las vasijas ancestrales y los silbatos de las culturas Chorrera, Manteña y Bahía, que ofreció desde USD 5 hasta USD 25. “Esto es barro, elaboradas a pura mano. Con el terremoto algunas se rompieron pero aquí estamos para recuperarnos”.

Con solo avanzar unos pasos, Francis Pin extendía su mano con cucharitas embadurnadas en mermelada de piña. “Todo es natural, hecho a mano”, decía a los compradores, que llegaban atraídos por el colorido de los dulces de Rocafuerte.

La Asociación de Dulceros de Rocafuerte está integrada por unos 150 socios. Carmen Ponce cuenta que los talleres de elaboración se afectaron con el terremoto. “Hasta se perdieron algunos hornos antiguos, de barro… Pero aquí estamos, con 300 tarrinas para la venta”.

Junto a ella, Ángela Alcívar acomodaba los camotes azucarados, la bandejitas con manjar de coco, huevos moyos, galletas de almidón, natilla y la infaltable sal prieta. “Todo está a solo USD 1”, decía a los visitantes.

Carlos Vaca, coordinador de la zona 5 del Mipro, explicó que éstas iniciativas se repetirán. Aseguró que es una forma de reactivar la economía de los artesanos y generar una oportunidad para promocionar, comercializar y difundir sus productos.

Por eso, en cuanto a oferta, los esmeraldeños no se quedaron atrás. El aroma de los mariscos obligaba a visitar la sucursal que la cevichería La Ramada abrió bajo una carpa. Ellos son de Atacames y trajeron toda su sazón para invitar a los turistas.

“Estructuralmente, los sismos no nos han afectado; aunque sí nos han perjudicado por el temor que han dejado entre la gente. Casi no nos visitan”, contó Germán Angulo mientras aliñaba unos filetes de pargo para un encocado. “Nuestras playas están en excelentes condiciones”, seguía Diana Escobar en tanto sacaba algunas conchas.

En cuanto a dulces, Esmeraldas tampoco se queda atrás. Y Sacoto Cevallos es el representante de una tradición milenaria que heredó de su madre.

Este profesor de escuela mantiene viva la forma de hacer el champú, una dulzona bebida a base de maíz. Y el casabe, con una textura similar al manjar. “El champú es de maíz, endulzado con panela. Y el casabe lleva maíz, coco, leche, panela, canela y anís estrellado. Y la panela se aliña con chirarán y limoncillo, para que le den aroma y sabor”.

El colorido de las artesanías de Esmeraldas daba la bienvenida a la feria. Cecibel Castillo y Pamela Rosales mostraban parte del negocio familiar: esculturas de negras esbeltas con vestidos enchaquirados, turbantes multicolores, monos tallados en cocos secos y llaveros de tagua. “En Esmeraldas hubo poca afectación, las playas están bien -contó Castillo-. Estamos listos para recibir a los turistas; solo esperamos que dejen el temor a un lado”.

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