3 de abril de 2015 17:44

Un recorrido por la fe guayaquileña en la ruta de las 7 iglesias

A la ruta de las 7 iglesias también se suman los templos de San José (en Eloy Alfaro y Manabí), que data de 1905; San Alejo (Pedro Carbo y Chiriboga), que nació en tiempo coloniales en sector de Los Astilleros de Guayaquil; Santo Domingo de Guzmán (Rocafu

A la ruta de las 7 iglesias también se suman los templos de San José (en Eloy Alfaro y Manabí), que data de 1905; San Alejo (Pedro Carbo y Chiriboga), que nació en tiempo coloniales en sector de Los Astilleros de Guayaquil; Santo Domingo de Guzmán (Rocafuerte y General Vernaza), la primera iglesia de la ciudad, en 1584 junto al cerro Santa Ana; y San Agustín (Luis Urdaneta y 6 de Marzo). Foto: EL COMERCIO

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Elena Paucar

Las calles del centro de Guayaquil se convirtieron en rutas de peregrinación. Familias enteras, con rosarios, crucifijos, estampas y libros de rezos en sus manos, participan en el tradicional recorrido de las 7 iglesias, la tarde de este Viernes Santo.

Para Nelly Chong es una promesa cumplir cada año con este trayecto de fe, al que cada vez se suman más guayaquileños.

“Hago la ruta desde que era pequeña. Así me criaron mis padres y yo cumplo con este creencia hasta hoy”.

A las 15:00 de este viernes 3 de abril, Chong y Luis Mieles hacían su cuarta parada, en la iglesia San Francisco, ubicada en 9 de Octubre y Pedro Carbo. Este templo, conocido como Nuestra Señora de los Ángeles, está rodeado por leyendas como la de Fray Simplón.

Allá por 1 700, el franciscano cuidaba en una torre del iglesia las palomas que había traído de Castilla, España. Así lo recopila el libro Guayaquil es mi destino para vivir la ruta de la fe, de la Municipalidad.

Las palomas continúan hasta hoy con su aleteo en la plaza Vicente Rocafuerte. Cerca del pórtico, en medio del ajetreo de quienes entraban y salían del lugar, Chong y Mieles abrieron un librillo que relata el vía Crucis de Jesucristo. Ahí, por pocos minutos, elevaron una oración al recordar la cuarta estación, el encuentro de Jesús con María, su madre.

Como ellos, muchos hacían una visita breve. Otros fieles escuchaban atentos el sermón sacerdotal de esa hora. Algunos, incluso, oían la misa de rodillas, como una penitencia.

Al persignarse, los fieles se despedían para seguir su trayecto hacia la iglesia de la Merced. Ubicada en Víctor Manuel Rendón y Pedro Carbo, construida en 1787, el ingreso a esta capilla estaba rodeado por un penetrante aroma a incienso. Detrás de la capa de humo, que subía desde mesa de tablas instalada en la vereda, se ocultaba el rostro sudoroso de María Lema.

Como ella, comerciantes de escapularios, estampas, hasta de helados y churros, se amontonaron en los portales de las iglesias céntricas para obtener alguna ganancia por la Semana Santa. “Todos buscamos la bendición de Dios, también con el trabajo”, dijo Lema.

A la ruta de las 7 iglesias también se suman los templos de San José (en Eloy Alfaro y Manabí), que data de 1905; San Alejo (Pedro Carbo y Chiriboga), que nació en tiempo coloniales en sector de Los Astilleros de Guayaquil; Santo Domingo de Guzmán (Rocafuerte y General Vernaza), la primera iglesia de la ciudad, en 1584 junto al cerro Santa Ana; y San Agustín (Luis Urdaneta y 6 de Marzo), que acumula anécdotas como la del capitán Nicolás Serrano, quien por el año 1600 se dio 100 cachetadas junto a esta iglesia, frente a la comunidad, por los errores cometidos. El relato es parte de una guía elaborada por la Empresa Municipal de Turismo.

La Catedral Metropolitana San Pedro Apóstol tiene una historia que marca el inicio de la Ciudad Nueva. Desde su antiguo campanario de madera, en 1820, se dieron las campanadas que anunciaban la Aurora Gloriosa del 9 de Octubre.

Esta tarde, los feligreses entraban lentamente por sus pórticos de mármol, tallado con hermosas ornamentaciones. En su interior, cada imagen de Cristo sobre los diversos altares había sido cubierta con un manto púrpura, como señal de la muerte del Hijo de Dios.

Braulio Pérez llegó con su pequeña hija de 6 años. De la mano, recorrieron los pasillos de este templo, en las calles Chimborazo y 10 de Agosto. “Es una tradición de todos los años. Vengo a dar gracias a Dios por todo lo recibido”.

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