22 de December de 2009 00:00

Genio y figura

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Jorge H. Zalles

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Muchos dichos populares recogen profundas verdades y sanos consejos, mas no todos. Uno de los que lleva por mal camino es aquel que dice “Genio y figura hasta la sepultura.”

La parte del refrán que me causa malestar es la referencia al llamado ‘genio’, el conjunto de realidades psicológicas y emocionales que es parte esencial de cada ser y que influye enormemente en el comportamiento y, en consecuencia, en cómo cada  uno de nosotros se relaciona con los demás.

¿Qué quiere decir que llevamos el ‘genio’ hasta la sepultura? Sugiere que nada podemos hacer para cambiar o mejorar ese conjunto de realidades y, en consecuencia, brinda sustento a la afirmación, que muchos hemos oído de parte de personas agrias, intratables y despóticas, de que “soy como soy” y su frecuente corolario: “Si no les gusta, qué pena”.

Probablemente el más importante estudioso del desarrollo de la persona humana desde la infancia hasta la edad adulta fue el psicólogo suizo Jean Piaget.

Sin dejar de reconocer sus muy valiosas contribuciones a la comprensión de ese proceso, Piaget nos dejó  un legado intensamente negativo:  la creencia que aquel conjunto de realidades psicológicas y emocionales que el dicho popular recoge con la palabra ‘genio’ se vuelve rígido e inamovible cuando tenemos  entre  18 y los 22 años de edad. En efecto, el dicho popular es fiel reflejo de la posición de Piaget al respecto.

La creencia que uno no puede cambiar es, en realidad, una predicción autorrealizante. Quien así piensa no cambia porque no cree que puede cambiar y, en consecuencia, no lo intenta.

La creencia contraria es que no estamos condenados, de por vida, a ser víctimas de nuestras emociones destructivas -la ira, el resentimiento, el ánimo vengativo- ni de nuestros temores, nuestras fragilidades o el subdesarrollo de nuestras habilidades para comunicarnos o para manejar adecuadamente nuestras emociones. Todo lo contrario de lo que él creyó, la respuesta a Piaget de los constructivistas de nuestros tiempos es una luminosa visión del potencial que todos llevamos dentro para seguir creciendo en términos psicológicos y emocionales, en nuestra capacidad de comunicarnos, en nuestra empatía, en nuestra inteligencia emocional y, sobre esa base, en nuestra capacidad para alcanzar mayores niveles de bienestar interior y  capacidad para amar.
 
Resulta alentador, en medio de realidades preocupantes, la evidencia que dan de ese ánimo de responder a la desafortunada parte del legado de Piaget, día a día y mes a mes, los miles de adultos en nuestra sociedad que, a mayor o menor distancia de los 18 a los 22, asisten a cursos, seminarios, talleres y conferencias, leen, conversan, reflexionan y crecen,
en un bello compromiso con tratar de ser mejores.

Columnista invitado

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