20 de agosto de 2014 17:45

La ganadora del Mundial del Hornado se prepara para recibir a una avalancha de clientes

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Washington Benalcázar
Redacción Sierra Norte

Rosario de Lourdes Tabango Ormaza es la vendedora de hornado (cerdo asado al horno) más famosa del Ecuador, desde el 17 de agosto del 2014. Ese día el nombre de esta mujer menuda, de 48 años, saltó a las páginas web de los medios nacionales de comunicación, revotó en las redes sociales y se reprodujo en las agencias internacionales de prensa. Todos daban cuenta que, la representante de Imbabura, ganó, entre 11 provincias, el primer lugar en el Mundial del Hornado, que se realizó por primera vez en Ecuador.

Entre lágrimas recibió una copa y una placa, como parte de los premios. No podía creer que su sazón, para elaborar el tradicional platillo ecuatoriano, había superado a la de 10 cocineras expertas de las provincias de Azuay, Bolívar, Carchi, Cañar, Cotopaxi, Chimborazo, Los Ríos, Manabí, Pichincha y Tungurahua.

El duelo se realizó en Riobamba, en el centro del país. Ahora más relajada en su casa, en Otavalo, su ciudad natal, saborea las mieles de la fama. Las invitaciones a instituciones públicas, en donde le han hecho reconocimientos, y a entrevistas en radioemisoras, televisoras y periódicos locales, aún no le permiten llegar al mercado 24 de Mayo, de Otavalo. En ese centro de expendio ofrecía diariamente el suculento menú, acompañado de mote, tortillas de papa y ensalada de lechuga y tomate. El plato cuesta USD 2,50. Ahí fieles comensales, como Martha Violenta Cervantes, que descubrió el sabor hace 20 años, y curiosos, que quieren comprobar la calidad de su receta, la esperan con ansias.

Rosario Tamango da pistas de su éxito. Le atribuye a la receta familiar para elaborar el hornado, que pasó de su abuela paterna, Rosa Mena, a su madre, Rosa Ormaza. Con un desdén de generosidad, esa mujer de tez clara y ojos color café, explica que la carne más sabrosa proviene de los cerdos alimentados con granos de maíz. También revela que influye el condimento. “Mi secreto es elaborar los aliños con productos frescos, como sal en grano, comino, clavo de olor, pimienta dulce… y otras cosillas más, que se deben triturar en una piedra de moler. Luego hay que asar la carne en un horno de leña de eucalipto, durante toda la noche. Y ponerle mucho amor”, comenta con una sonrisa.

El inusitado premio le ha hecho mirar el futuro de otra manera. Desde hace cuatro años en que murió su esposo, no solo debe sazonar sola la carne. También tiene que cargar las pesadas latas con el hornado y las pailas con el mote y maíz tostado. Es por ello que más de una vez pensó en colgar el mandil. Pero desde que dio el “Maracanazo en Rio-bamba”, como le bromea Eugenio Naranjo, representante del Ministerio de Turismo, en Imbabura, tiene una responsabilidad con el país. El promover el turismo gastronómico, precisamente, es el objetivo de esta iniciativa impulsada por esa Cartera de Estado.

“Ahora que soy famosa me vendrán a visitar más gente”, comenta. Es por ello que su hermana, Leonor, que le acompañó al torneo nacional, le recomendó aumentar la producción de hornado.

Antes, la dueña de la copa mundial, guisaba tres cerdos a la semana para atender a un promedio de 50 clientes diarios, que llegaban de lunes a viernes, y de 200 el sábado y el domingo.

Pero teme que la demanda se dispare. Es por ello que también ha solicitado la asistencia a su única hija, Consuelo Ormaza, de 32 años, quién le prometió a su madre que si ganaba el Mundial del Hornado también se calzará los guantes.

Rosario Tabango no es una improvisada. Tiene 25 años de experiencia despachando en el mercado. Eso le permitió triunfar en las eliminatorias provinciales. Fue la misma mecánica que se aplicó en las 11 provincias, famosas por elaborar el cerdo asado.

Esa vez dejó en el camino a siete duros rivales de Ibarra, Cotacachi y Otavalo. Desde el día de la eliminatoria local, una primera placa y una copa dorada adornan la sala de su casa, situada entre las calles Sucres y Estévez Mora, en el centro de Otavalo. En el patio de ese mismo inmueble tiene instalado el horno de leña, en donde prepara los afamados platillos que hacen delirar a más de un goloso. Ese se proyecta además como un nuevo atractivo turístico de Imbabura.

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