16 de November de 2014 20:40

Las secuelas de las fumigaciones se sienten en Colombia

En el Putumayo colombiano, los agricultores muestran los cultivos que dicen estar afectados por los químicos usados durante las aspersiones. Foto: JOSÉ MAFLA / EL COMERCIO

En el Putumayo colombiano, los agricultores muestran los cultivos que dicen estar afectados por los químicos usados durante las aspersiones. Foto: JOSÉ MAFLA / EL COMERCIO

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Ricardo Cabezas. Redactor

Las plantas de cacao y plátano están quemadas y en las hojas aparecen pequeños orificios. El pasto para el ganado está seco. Romelio Luna no sabe cómo remediar sus cultivos, tampoco la contaminación que sufrió una piscina de tilapias.

Dice que todo está destruido y da una explicación: las fumigaciones que el Gobierno de su país inició para destruir las plantaciones ilegales. Él vive en La Dorada, un poblado colombiano frente a Ecuador.

Los campesinos de este lugar no son los únicos que se quejan. Igual ocurre con quienes viven en los calurosos caseríos de La Danta, Güisita, San Carlos, Nuevo Vergel, Nueva Esperanza, El Maizal, El Chiguaco, Agua Clara, El Závalo y Zavalito. Esos poblados se encuentran en el Putumayo colombiano y la semana pasada este Diario recorrió esa franja, que colinda con Ecuador.

En La Dorada está la sede de la Alcaldía de San Miguel y hasta ese lugar acuden los pobladores a denunciar que tres avionetas custodiadas por cuatro helicópteros militares colombianos “arrojan glifosato” desde el pasado 24 de octubre.

Los afectados dicen que el ruido de los motores de las naves se escucha en el día yla noche. La reanudación de sobrevuelos en esa región amazónica, donde las FARC y organizaciones delictivas tienen gran influencia, despierta miedo.

Los agricultores se quejan de que los químicos usados para acabar con las matas de coca también están terminando con los cultivos de cacao, caña, pimienta y arroz. Pero esto, además, ha provocado un éxodo de ciudadanos de Colombia a Ecuador y eso lo confirman las autoridades de La Dorada.

Kyungnan Park, representante del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU en Ecuador, le dijo a la agencia AFP esta semana que “de 900 a 1 000 personas por mes están llegando desde Colombia. Vienen en una situación bastante grave, apenas con la ropa que llevan puesta y algunos de ellos con familias desmembradas”.

Pero la cifra revela un descenso de un 30% con respecto a los 1 300 colombianos que mensualmente buscaban protección en Ecuador hace dos años, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC iniciaron negociaciones en La Habana para terminar con medio siglo de conflicto armado.

Carmenza, una colombiana que omite su apellido por seguridad, llegó en junio a Ecuador con seis hijos de entre 5 y 17 años. Un amigo de su familia fue sacado a la fuerza de la vivienda que habitaba en el departamento del Huila, en el suroeste de Colombia. “No volvió, fue muerto”, asegura.

Esta mujer, de 47 años, temió por su vida y la de su familia ante las represalias que pudieran tomar los armados por lo que ella sabía, y emprendió un viaje en autobús de miles de kilómetros hasta Lago Agrio.

“Nos vinimos porque todavía hay mucha violencia. Aquí vivimos tranquilos, estamos muy contentos”, dijo. Ella está en el grupo de 175 000 colombianos que pidieron refugio en Ecuador desde 1999. De ese número 60 500 ya tienes ese estatus.

En la Gobernación de Sucumbíos se dice que Ecuador está dispuesto a recibir a los afectados como refugiados.

En La Hormiga, una población con 42 602 habitantes, a 25 minutos al norte de La Dorada, también se sienten los primeros efectos del glifosato en las fincas del Valle del Guamuez.
Las plantas de cacao, plátano, yuca, maíz... han sufrido alteraciones en la coloración.

William Botina, alcalde de este poblado, habla de un “problema social, ambiental y económico”. Y lanza una frase: “En la parte social la estabilidad de los campesinos está en riesgo”, afirma. Y advierte de una probable movilización de sus pobladores a Sucumbíos.

Él reconoce que en las parcelas y fincas hay “pequeñas cantidades” de cultivos ilícitos, pero no está de acuerdo con la fumigación aérea debido a que “atenta contra la salud de las personas, flora y fauna”.

En La Hormiga la gente tiene un concepto de la coca: “No es mala, lo malo puede ser el uso que le da el hombre para autodestruir a las personas”.

Allí, valoran las características medicinales de la planta y muestran su desacuerdo con los métodos de erradicación que ahora se utilizan.

Las denuncias de los perjudicados que se receptan en la Hormiga y La Dorada serán presentadas por esas alcaldías a la Procuraduría y Defensoría del Pueblo de Colombia. Hasta tanto, los técnicos continúan con la verificación de las hectáreas dañadas, cultivos quemados y animales que están en riesgo.

Los agricultores del sur del Putumayo han demandado una indemnización para las fincas afectadas que no registraron cultivos de coca. Además, exigen que se aplique un sistema de reposición de los cultivos irregulares por cacao, pimienta, ente otros y que vuelva la fumigación manual.

Pero también hay preocupación por las afecciones al organismo. Un médico del hospital Sagrado Corazón de La Dorada explica que el glifosato produce afecciones, alergias y ulceras en la piel, diarrea o gripe. Pero esta casa de salud aún no ha reportado pacientes.

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