8 de junio de 2016 12:54

Francisco Olaves teje redes para los pescadores de La Chorrera tras el terremoto del pasado 16 de abril

Francisco Olaves, pescador damnificado por el terremoto del pasado 16 de abril,  teje una malla para pescar camarones. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Francisco Olaves, pescador damnificado por el terremoto del pasado 16 de abril, teje una malla para pescar camarones. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Yadira Trujillo

No sabe cómo ni cuándo mejorará su situación. Lo perdió todo en el terremoto del 16 de abril del 2016. “Mis hijos están vivos y eso es lo que importa”, comenta, mientras teje 120 metros de nylon blanco para una red camaronera.

La temporada de pesca se inició en mayo y finalizará en octubre, asegura Francisco Olaves, expescador de La Chorrera, una caleta de pescadores del cantón Pedernales, en Manabí.

Una red de las que elabora dura todo el período si el dueño la cuida. Por este trabajo, que le toma entre tres y cinco horas, le pagan USD 12. Hasta más de 20 libras de camarón al día recogen con las redes, quienes se dedican a este oficio dentro de la temporada. Luego, no es posible obtener más de cinco libras.

Este es solo uno de los tantos medios de los que el manabita, de 47 años, se vale para sustentar la alimentación de sus tres hijos desde que su casa se cayó. Adecuó un espacio para vivir en el mismo lugar donde estaba la vivienda.

Todos los días realiza diferentes trabajos. Cuando no tiene ningún pedido de red para la pesca, Olaves hace de cargador o asistente de los pescadores. Él también se dedicó a este oficio pero lo dejó porque considera que a su edad pone su vida en peligro.

Este es el modelo de las 560 casas que se construirán para las familias afectadas en La Chorrera, Manabí. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Este es el modelo de las 560 casas que se construirán para las familias afectadas en La Chorrera, Manabí. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Se considera nativo de La Chorrera, ya que llegó cuando no habían más de 20 personas en la zona.

Ahora permanece a la espera de ayuda. Confía en lo que ha escuchado: que lo reubicarían al igual que a los otros habitantes de esta franja de tierra, ubicada entre el mar y una piscina camaronera. “Solo queda salir adelante como se pueda”.

Mientras los moradores permanecen en hamacas y colchones bajo sus carpas, a la espera de una respuesta a su necesidad de vivienda, en la entrada a la comunidad, maquinaria y personal del Cuerpo de Ingenieros del Ejército remueven la tierra de un terreno en el que se construirán 560 casas para las personas de la zona. Así lo informó, Julio Moreira, maestro a cargo de la construcción de la casa modelo que ya se está levantada en el terreno.

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