18 de November de 2014 19:39

Los fotógrafos profesionales de Esmeraldas se sienten afectados por la tecnología

Los usuarios jóvenes destinan parte de su dinero a revelar las fotografías, para no emplear los servicios de un fotógrafo profesional. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO

Los usuarios jóvenes destinan parte de su dinero a revelar las fotografías, para no emplear los servicios de un fotógrafo profesional. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO

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Marcel Bonilla. Redactor

Les pide que posen para la foto. Todas sonríen y así muestran su felicidad. Una a una se acercan para ver cómo quedó la gráfica en la que aparecen todas. Será una de las más importantes antes de terminar el bachillerato.

El teléfono de María Belén Barzallo se ha convertido en su principal aliado a la hora de registrar los mejores momentos con sus amigos del colegio. La cámara del móvil es de 12 megapixeles y le permite tomar fotografías nítidas.

Desde hace un año que tiene teléfono inteligente, le gusta hacer fotos llevarlas a revelar en un estudio fotográfico o simplemente las imprime en una hoja común, para archivar en su álbum.

Los propietarios de los cuatro laboratorios fotográficos de la ciudad de Esmeraldas coinciden en que la impresión desde los celulares de los jóvenes ha incrementado en un 80% la actividad de sus negocios.

La encuesta de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) indica que el 16,9% (1’261 944) de las personas de 5 años en adelante poseen un teléfono inteligente. El estudio fue realizado en diciembre del 2013, en 21 768 hogares.

El gerente de uno de los laboratorios de revelado, Mario Gutiérrez, asegura que se registra un promedio de entre 15 y 20 jóvenes que llegan diariamente a revelar fotos.

Solo en su local se imprimen entre 100 y 150 imágenes de fotógrafos aficionados. Barzallo saca hasta 20 al mes para su archivo personal.

La facilidad para usar las cámaras de teléfonos de última generación y de adquirir cámaras digitales ha afectado al negocio de los fotógrafos profesionales de Esmeraldas.

Máximo Quiñónez es una de las nueve personas que viven de esa actividad. Él trabaja desde hace más de 20 años en el parque central 20 de Marzo, de la ciudad de Esmeraldas. Piensa que el avance de la tecnología los está dejando rezagados, porque ahora son menos las personas que se interesan por contratar un fotógrafo para los actos sociales.

Son pocos los que piden una sesión fotográfica en los bautizos, graduaciones, cumpleaños y matrimonios. Los demás cuentan con sus equipos móviles (teléfonos, tablets, cámaras fotográficas).

Afirma que tienen una leve mejoría en la temporada de clases, pero ahí también tienen competencia con los dueños de laboratorios que ofrecen combos a menos precios que ellos.

El fotógrafo Jorge Nicolalde, pensando en esos cambios, decidió capacitarse en manejo de programas informáticos para ofrecer fotografías más elaboradas. “Si estamos compitiendo con un grupo de fotógrafos aficionados, debemos mostrarles nuevas alternativas a los clientes”, señala.

La Asociación de Fotógrafos Profesionales de Esmeraldas se siente amenazada por lo que está pasando, señala Carlos González, parte del gremio. La organización acoge a 60 profesionales activos de la fotografía.

Benigno Cedeño, quien ejerce la profesión desde hace más de 30 años, ha pensado en regresar a su primera actividad, la albañilería. Tiene que mantener a dos hijos y su actual negocio ya no es bueno. El lunes 17 de noviembre del 2014, hasta el mediodía, no había realizado ninguna fotografía.

“Hasta hace tres años tenía un ingreso diario de USD 30, hoy tengo que recorrer la ciudad y el campo para ganarme 50 en la semana”, señala, mientras descansa en el parque 20 de Marzo, con su cámara colgada del cuello.

Esa ha sido una de las razones para que cerca de 20 fotógrafos desmonten sus estudios fotográficos y salgan a recorrer la ciudad, pues los clientes como María Belén ya no acuden a sus locales.

El fotógrafo Jorge García piensa volver a la sastrería. Su preocupación es cómo ganar clientes en esa rama. “Nadie quiere pagar USD 15 por la costura de un pantalón, si en el mercado lo compra en USD 10”, explica.

Una de las alternativas que plantea Máximo Quiñónez es lograr créditos blandos para comprar equipos de revelado fotográfico y así montar laboratorios móviles con los que puedan recorrer las zonas rurales. Un miniequipo de este tipo tiene un costo de USD 6 000. Él ya empezó ahorrando los primeros USD 100.

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