20 de November de 2009 00:00

En Flavio Alfaro se utiliza agua de los pozos

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Redacción Santo Domingo

El intenso calor en Flavio Alfaro (Manabí) no disminuye las energías que tiene Bélgica Macías para transportar sus 12 canecas de agua. Ella empuja un triciclo que le prestó su vecino Ángel Zambrano, para llevar el líquido.

Cada cuatro días, Macías acude hasta la propiedad de su amigo, Cielo Cusme. Él tiene un pozo de donde extraen el líquido vital. La excavación está en la parte posterior de su casa, en lo que fue el cauce del  río Flavio Alfaro. Hoy, el lecho parece una quebrada seca.



La comercialización
Quienes buscan el líquido vital más puro optan por viajar al sector de La Crespa, en la vía a El Carmen. Un flete para traer 1 000 litros desde esta zona cuesta, en promedio, USD 10.
Quienes no tienen los recursos para contratar camionetas optan por ir a lomo de mula, hasta una vertiente.
Por cada 200 litros de agua, sacada de pozo, las personas deben pagar USD 2, en la zona de las riberas de los ríos secos.  Eso no incluye el traslado.    Macías hace dos viajes para transportar 24 canecas de agua. Cada una lleva 15 litros. Por esa cantidad paga USD 3. Cusme comenta que el precio no es por el agua, sino por la electricidad que usa la bomba para succionar el líquido del subsuelo.

Cada vez que hay que cargar agua, esta mujer lleva a su  hija Alexandra. Ella le ayuda a empujar el triciclo, por un sendero arcilloso. Finalmente, luego de avanzar unos 60 metros,  llegan a su casa. Una modesta construcción de cemento, por la cual también paga  USD 30 por arriendo.

Esa provisión le sirve para el aseo personal de su familia (ella y sus dos hijos), el lavado de ropa y el baño. Para preparar los alimentos prefiere comprar cinco bidones. Por cada uno paga USD5.

El agua de bidón, además, la emplea para bañar a su hijo Leandro, de 8 años. “Él sufre de leucemia y cuando le baño con agua de pozo, enseguida le brotan unos granitos”, cuenta Macías.

Esta ama de casa, de 35 años, es la cabeza de hogar. Para solventar sus gastos lava ropa ajena y tiene trabajos ocasionales. Por eso, dice que tener que comprar el agua le significa un esfuerzo adicional.

De los pozos del río Flavio Alfaro se abastecen varias familias. Por ejemplo, Zambrano, quien tiene su propio pozo, su bomba eléctrica y su triciclo, distribuye el líquido a domicilio. Él lo entrega a 20 personas, cuyas casas están en el casco urbano de Flavio Alfaro, es decir, a unos 20 minutos de allí. 

Por cada 200 litros cobra USD 2. “Se cobra cualquier cosita, porque es como una ayuda para la gente que por la sequía no tiene de dónde conseguirse el agüita”, comenta preocupada.

Su negocio permanece activo cuando no hay racionamientos de luz. Caso contrario, como él mismo dice, no puede sacar ni una sola gota de nada.

Este choneño cuenta que vive en Flavio Alfaro desde hace cuatro años. En todo ese tiempo, jamás recibió agua potable de la red de distribución municipal, pese a que tiene instalada en su casa. 

Esta situación motivó a que todo el barrio cabe pozos en el cauce seco del río Flavio Alfaro. Las excavaciones están en la parte posterior de las viviendas. Unos están cubiertos de madera, otros de caña guadúa. Incluso, hay unos que son de cemento. Así también, la mayoría  tiene pequeñas bombas eléctricas para el bombeo.

Estas personas que habitan en las zonas bajas de Flavio Alfaro no son las únicas afectadas. Quienes también padecen por la sequía son los barrios de  la zona alta. 

En esta zona vive María Moreira. Un tanquero particular le deja agua cada 15 días. Gasta USD 10 por mes, por ese servicio. La familia Moreira emplea esta agua para la ducha, el lavado de la ropa y la limpieza de la casa.

Una forma de ahorro de esta familia es reusar el líquido. El agua que usan para bañarse es recogida y usada en el inodoro.  Moreira cuenta que para esto solo le añaden un poco de cloro.

No obstante, esta mujer confiesa que no ingiere el agua del tanquero. “No le tengo confianza, porque a veces llega verdosa”. Para evitar esto, esta familia llena sus canecas en las vertientes de  La Alaja. “Esa sí es agua fina (limpia)”. Una camioneta le cobra  USD 0,10 por cada caneca de 20 litros. Consume 10 por semana.

En la zona rural de Flavio Alfaro, a causa de la sequía, el río El Rancho se quedó sin caudal. Los pobladores de la localidad del mismo nombre optaron por la misma técnica de los pozos. Una de ellas es Rosario Loor. Ella saca el agua del pozo con baldes. Con el líquido prepara los alimentos para sus cinco hijos.

Su propiedad tiene 2,25 hectáreas. Allí cultiva cacao, café, guineo. Aunque la prolongada sequía pone en peligro sus cosechas, no se desanima a seguir cultivando. Es su fuente de vida.

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