31 de octubre de 2014 14:22

Los difuntos dan vida a recuerdos y negocios en Guayaquil

El cementerio de General. Familiares de los finados llegan al sitio para recordar sus difuntos. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio.

El cementerio de General. Familiares de los finados llegan al sitio para recordar sus difuntos. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio.

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Redacción Guayaquil

Kléber Varas recorre los pasillos solitarios del Cementerio General de Guayaquil junto a un viejo maletín. Está marcado con su nombre y su profesión: pintor profesional. Su camisa está manchada con gotitas de colores, al igual que sus manos.

Aunque sus parientes no fueron sepultados aquí, Varas visita este lugar desde hace 15 años, por más de nueve horas diarias, para ofrecer a los visitantes un retoque a las tumbas de los finados a cambio de USD 10.

Este viernes 31 de octubre del 2014 terminó de plasmar un mensaje bíblico y junto a una paloma con alas de pintura, en la parte más alta del bloque A1418, en la puerta N° 9.

En su rutina del día ha visto que la soledad poco a poco queda un lado. Desde la mañana de ayer, poco antes del Día de los Difuntos, las lápidas blanquecinas empezaron a llenarse de color. Claveles, crisantemos y rosas cubren los pabellones y son la huella que dejaron familiares y amigos de quienes ya no están.

El susurro de las plegarias resuena en los corredores. Después de elevar una oración, Beatriz Navas dio dos golpes a la tumba de su cuñado Roberto Viejó. “Aquí está desde el 2010”, dijo mientras su esposo colgaba unas flores de plástico, “que perduran más”.

Cerca de la puerta N° 3, Dora Ruiz viste de luto. Desde mayo pasado, cuando su hijo falleció, visita fielmente su última morada, cada domingo sin fallar. Pero en esta semana planificó que sea un viernes, para evitar la aglomeración. El nicho está rodeado por flores frescas que acababan de dejar sus primos. “No lo hemos dejado. Él sigue presente”, dice la mujer como una súplica.

Sheyla López comprende ese amor de madre. Ella y su hijo Cristian Chóez llegaron a las 09:00 para dar vida a una losa descolorida. “Los niños…”, es la frase que delinea el joven con un fino pincel. “Aquí están mi hijo y un sobrino - cuenta López -, y aunque ya no están, siempre su recuerdo se mantiene vivo”.

Pedro Cevallos no tiene tiempo para evocar a sus parientes. Junto a la puerta N° 9 entrelaza pedazos de monte y flores para hacer los tradicionales ramos, con precio que van desde USD 1 hasta 3. Un montón de pétalos coloridos caen a su alrededor. “El negocio es mejor para esta fecha, por eso hay que aprovechar cada momento”.

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