2 de julio de 2014 19:09

Síntomas de El Niño se sienten en dos provincias

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Los pescadores de Jaramijó sufrieron el daño de sus redes, por los remolinos en el mar. Foto: Patricio Ramos / EL COMERCIO

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Redacciones Manta,
 Esmeraldas y Guayaqui (I)l

Las corrientes del mar cambiaron y se presentan fuertes vientos cuando aún no es época. El pescador José Cedeño describe así el comportamiento del mar frente a las costas de Manta (Manabí), desde hace tres semanas.

Cedeño recuerda que el fin de semana lanzó al mar el espinel (línea de pesca con 1 200 anzuelos) en un lugar y lo encontró en otro. “Después de una hora el espinel había desaparecido y lo hallamos a 3 kilómetros del sitio donde lo habíamos colocado, estaba enredado y parecía una bola de nailon”. El pescador dice que las corrientes nos son normales. “Este comportamiento es casi similar cuando se presentó el El Niño”, de 1982-83 y 1997-98.

En la caleta de pescadores de Jaramijó, Ramiro Vélez repara su red de pesca que también quedó maltrecha debido a las fuertes corrientes. “Son remolinos fuertes, van y vienen, dañan las redes y el espinel, perdemos hasta USD 500”.

El oceanógrafo Ronny Martínez, del equipo científico del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen) en Ecuador, cree que los testimonios de los pescadores artesanales concuerdan con la información que llega en los satélites.

“Uno de los efectos primarios sobre la perturbación del mar se refleja en los problemas en la actividad pesquera”.

El experto asegura que la temperatura del agua en mar oscila entre los 24 y 25 grados, a pesar que es notorio el ingreso de la corriente fría de Humboldt y “por ello las ballenas jorobadas están en migración normal frente a las costas de Ecuador”.
Para él, este Niño estaría evolucionado cerca de la zona costera frente a Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Costa Rica.


En Esmeraldas, hay comportamientos similares. Los pescadores que capturan picudos, banderones y gachos señalan que las lluvias en alta mar alejan a estos peces en busca de aguas frías. Además, han aparecido el dorado y el camarón que llegan cuando el agua se calienta, es decir en invierno.

El pescador Cambindo Ayoví señala que a 200 millas náuticas de Esmeraldas llueve con frecuencia. Eso no es normal para esta época. A estas alturas capturaban entre cuatro y seis banderones, pero ahora -después de cinco días- apenas dos. “Esto muestra que el fenómeno de El Niño será una realidad”.

Los pescadores artesanales que capturan camarón y langostinos aumentaron su producción. Eso dice Mauricio Velásquez, quien cree que doblará la cantidad de camarón capturada, que normalmente baja en estas fechas. El año pasado era de entre 30 y 40 libras, ahora hasta 80 y 90 libras.

Los pescadores creen que las lluvias mejoran sus economías, porque subirá la captura de dorado; a esta actividad se dedican
1 800 hombres del mar.

Algo similar ocurrió en 1998 con El Niño de ese año, comenta Ovidio Quiñónez, presidente de la Unión Provincial de Cooperativas Pesqueras.

En Santa Elena aún no se nota ese comportamiento y se explica porque la temperatura del mar es más alta frente a Esmeraldas y Manabí (ver gráfico).

En San Pedro, comuna de Manglaralto, pescadores como Abraham Rodríguez consideran que todavía no se ven las condiciones en el mar para asegurar que El Niño llegó con fuerza. “Consideramos que las condiciones del mar son normales.

Estamos pescando camarón rojo a unas cuatro millas, cosa que antes no podíamos hacer porque los barcos arrastreros no nos dejaban”.

Rodríguez mide las condiciones del océano por las especies. Dice que ya terminó la época del pámpano. “Es un pez que abunda cuando el mar está caliente. Incluso en invierno llega hasta la orilla pero ya ha dejado de salir. Ahora esperamos al bonito sierra que entra en el verano con el agua fría”.

La última reunión del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño, la semana anterior en Guayaquil, concluyó que “aún existe un 70% de probabilidades de una ocurrencia de El Niño durante el verano del hemisferio norte (junio-agosto) y aumenta al 80% en el otoño e invierno (septiembre-febrero)”.

Y agrega que esos pronósticos se aplican al Pacífico Central y en los últimos años no ha habido un impacto directo sobre nuestras costas.

En contexto

Los pronósticos científicos indican que el fenómeno de El Niño en el océano Pacífico está en pleno desarrollo y sus probabilidades de ocurrencia en este momento son del 70%. El último evento climático, que se expresa en fuertes lluvias, sucedió entre 1997 y 1998.

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