11 de January de 2010 00:00

¿Feliz Año Nuevo?

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Enrique Echeverría G.

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Sinceramente y con la mejor voluntad en estos días iniciales del año es común escuchar la frase: “Le deseo feliz y próspero Año Nuevo”. ¿En la realidad actual, ese deseo no pasará de ser tal?

En la sociedad urbana de las ciudades grandes, entre ellas Quito, se ha producido en los últimos años un cambio notorio sobre la manera de vivir.

Si nos detenemos unos cuantos minutos a observar, nos damos cuenta que si no todos una buena parte de ciudadanos caminan rápidamente, muchos con el teléfono celular junto al oído, en una actitud casi maquinal.

En la calle, una hilera interminable de vehículos a motor, muchos utilizando el pito constantemente, tornan difícil escuchar a corta distancia. En las cercanías de los bancos, quienes acuden a depositar dinero o egresan del banco retirándolo, miran a los dos lados y hacia atrás por el temor de ser asaltados, pues la delincuencia a sentado sus reales.

Pequeños negocios, en afán de obtener clientes, no solo tienen voceros que anuncian, sino instalan aparatos de música que, ejecutando en conjunto y cada cual una música distinta, contribuyen a una especie de caos bullicioso.

Los ciudadanos que deben ocupar los servicios del bus urbano, en todo el trayecto de su casa al lugar de trabajo deben escuchar la estridencia de la música instalada dentro del bus; y soportar los pregones de un vendedor ambulante tras otro, que ingresan y promocionan  lo que quieren vender; y pasar el temor de alguno que otro que al ingresar al vehículo anuncia que es un “recién salido del penal” y que, no siendo su intención volver a delinquir, necesita que los pasajeros le ayuden con dinero.

Al final del recorrido, el empleado llega tenso, para enfrentar los problemas del trabajo. Si observamos avenidas de rápida circulación, como la Occidental y la Oriental, podemos darnos cuenta que una especie de cañón gigante, en lugar de proyectiles, dispara vehículos a 80, 90 ó 100 km. por hora.

Y si habita en los valles cercanos, se necesita no menos de una hora para cubrir los 20 km de distancia y, para completar esta ofuscadora realidad, debemos mirar la actividad política, con toda su carga negativa. La conflictividad social y la falta de empleo continuarán.

Un año mejor consistiría en que mucha gente de la política  sea deliberante dejando de ser ciegamente obediente; que la lucha por la libertad de expresión tenga éxito pleno; que el uso de propaganda política basada en ofertas futuras, que ofrecen la felicidad a plazos, disminuya; que la fe de los ciudadanos pueda restaurarse.

Luego de los naturales gastos de Navidad y cambio de año, el saldo -si algo queda- deberá ser administrado de manera muy restrictiva, so pena de incurrir en una situación cercana a la quiebra.

La vida holgada de antaño parece que ha llegado a su fin, a pesar de ofertas y revoluciones.

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