9 de septiembre de 2015 00:00

Familias indígenas esperan turistas en Colta

Alejandro Guillín es uno de los guías que ofertan paseos en bote en la laguna. Pese a los arreglos en el malecón, las visitas son escasas. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Alejandro Guillín es uno de los guías que ofertan paseos en bote en la laguna. Pese a los arreglos en el malecón, las visitas son escasas. Fotos: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Cristina Márquez
(F-Contenido Intercultural)

El bote que Alejandro Guillín compró para ofertar recorridos turísticos está varado en un pequeño islote de la laguna de Colta. Hace ya dos años uno de los tres botes que ofrecían este servicio se volteó en el agua causando la muerte de ocho personas, y desde ese día el turismo mermó en ese cantón de Chimborazo.

Para Guillin el accidente que ocurrió en el 2013 es un hecho fatídico porque segó vidas y las fuentes de empleo para 38 familias indígenas que dependían del turismo. Hoy solo 15 personas continúan ofertando sus servicios y productos en la milenaria laguna.

“Es totalmente seguro navegar por la laguna. Estamos a un metro de profundidad en los bordes y en los sitios más hondos, es decir, en el centro de la laguna a cuatro metros”. En esa ocasión, recuerda Guillín, la gente desobedeció las instrucciones del guía, se pusieron de pie y corrieron a un costado del bote al mismo tiempo”.

Los botes ya no pueden ofertar estos recorridos si no cuentan con una licencia especial y una patente municipal que debe otorgar el Cabildo y la Dirección Provincial del Ministerio de Turismo en Chimborazo. Entre tanto, la inversión de Guillín en esta actividad, que supera los 15 000, está parada.

La laguna está ubicada al sur de Colta, junto a la vía Panamericana Sur. Tiene 3 kilómetros de largo y alberga a 32 especies de aves nativas. Los que más llaman la atención son los patillos zambullidores que impresionan por sus piruetas en el agua y su destreza para bucear y conseguir alimento.

Pero el atractivo más solicitado por los visitantes extranjeros son los recorridos con los guías nativos y las artesanías originarias de la cultura Puruhá. Artículos como ponchos, sombreros o alpargatas se ofertan cerca de la laguna.

Por solo USD 0,50 por el ingreso, los turistas pueden recorrer por el malecón y conocer las historias y leyendas de la gente de Leonpung, una comunidad situada al frente de la laguna. Ellos también conocen sobre la fauna y flora endémica que habita en la laguna.

La leyenda sobre cómo se formó la laguna fue la que más impactó a Milton Estrella. Los nativos cuentan que hubo una gran fiesta de la comunidad por lo que usaron una paila gigante para preparar la comida. Pero después el agua empezó a brotar y nadie pudo moverla.

“La paila está recubierta de bronce y a veces la vemos brillar en el agua. En una ocasión, una chica trató de sacarla amarrando su faja al borde, pero la paila se movió y la chica casi se muere”, cuentan los guías de la tercera edad.

Alejandro Guillín es uno de los guías que ofertan paseos en bote en la laguna. Pese a los arreglos en el malecón, las visitas son escasas. Fotos: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

En el 2005, cuando el Municipio de Colta construyó el malecón escénico alrededor de la laguna, 38 familias de las comunidades aledañas se organizaron para integrar la asociación de emprendedores Kulta Kocha, (laguna de Colta en kichwa).

El Cabildo les asignó puestos para que pudieran expender artesanías y alimentos en el interior del malecón. Pero después del accidente, la cantidad de visitantes se redujo tanto, que prefirieron ubicarse en los exteriores de la infraestructura cercada con mallas.

Actualmente solo 15 familias permanecen en este lugar. Los demás decidieron migrar a Riobamba y a Guayaquil para conseguir empleos.

Petrona Guillín, de 64 años, es una de las artesanas que decidió quedarse. Ella elabora tejidos con lana de borrego, pulseras y collares, que vende en su puesto. “Queremos que más gente llegue a la laguna. Hacen falta eventos culturales y sociales, así podemos atraer a los turistas”, opina Guillín.

Las artesanías también se expenden en los exteriores de la iglesia Balvanera, la más antigua del país. Allí otros 18 artesanos venden ponchos, sacos, bufandas… tejidos de lana de borrego y de alpaca. Además hay esculturas de tagua.

La comida típica como las tortillas elaboradas con harina de maíz y de otros cereales de la zona, asadas en piedra, que prepara Adela Yuquilema también son apetecidas por los turistas. “Nos hemos capacitado para atender bien a nuestros visitantes, estamos empeñados en obtener las licencias para operar los botes y reactivar el turismo para no migrar a las ciudades”, dice Yuquilema.

En contexto

Luego de un accidente en la laguna de Colta, hace dos años, se redujo la cantidad de arribos de visitantes hasta este milenario atractivo natural. Desde hace varios meses las autoridades locales realizaron trabajos de dragado en la laguna para atraer a más turistas.

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