8 de septiembre del 2016 00:00

10 000 familias damnificadas no tienen escrituras

En Manta se construyen las casas del proyecto Ceibo Renacer de la Fundación Hogar de Cristo. Foto: Archivo EL COMERCIO

En Manta se construyen las casas del proyecto Ceibo Renacer de la Fundación Hogar de Cristo. Foto: Archivo EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
Redactora
mespinosa@elcomercio.com (I)

De las 68 000 familias que están registradas como damnificadas del terremoto, 10 000 no tienen escrituras de las propiedades en las que vivían hasta el 16 de abril.

Ellas arrendaban o vivían en zonas de riesgo o invasiones, según el Comité para la Reconstrucción y Reactivación Productiva. Esas condiciones han creado dificultades a las familias para acceder a los bonos de construcción que está entregando el Gobierno.

Según Eduardo Palma, del Comité de Reconstrucción en Pedernales, en ese cantón unas 4 000 familias que vivían en la invasión Brisas del Pacífico fueron afectadas el 16 de abril.

La mayoría de casas tuvo daños estructurales porque se construyeron sin planos y sin estudios de suelo. “Es un caso complicado porque son alrededor de 10 000 personas afectadas que no pueden recibir los bonos de la reconstrucción por no tener las escrituras”.

El Municipio gestiona la expropiación de un terreno para agilitar la legalización de escrituras y que así puedan acceder a bonos, como el de la reparación por USD 4 000 o el de reconstrucción, de 10 000.

Mientras tanto pueden acogerse a los incentivos económicos del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES): bono de arrendamiento, de acogida y alimentación o vivir en los albergues.

Pero los afectados se niegan a dejar los terrenos donde se levantaban sus casas. Marcela Piñeiros asegura que los moradores de Brisas del Pacífico temen salir de sus terrenos por miedo a que otras personas los invadan. “Nosotros no tenemos documentos que digan que somos los dueños del lote”.

Ellos limpiaron los escombros y colocaron carpas o construyeron casas de madera.

Según el Municipio de Pedernales, en ese sector se hacen brigadas médicas, se dota de agua a través de tanqueros y se han donado carpas, alimentos y ropa.

Otras familias que no acceden a los bonos son las que se asentaron en zonas de riesgo. De acuerdo con un estudio del Miduvi del 2014, en Manabí 3 328 viviendas estaban en zonas consideradas riesgosas.

En la Chorrera, por ejemplo, unas 1 000 familias se asentaron cerca del mar y del manglar. El sector tiene altas probabilidades de inundarse en caso de mareas altas y tsunamis.

A esas personas se las reubicará cerca de la Chorrera, pero en una zona alta. Ahí se construyen casas fabricadas con bambú y caña guadúa.

Luego del terremoto, estas personas fueron acogidas en albergues, pero poco a poco han salido porque obtuvieron el bono de arrendamiento o el de acogida. Según el MIES, se entregan 10 471 incentivos de este tipo en el país.

Carmen Zambrano, de 43 años, vivía en la parroquia Francisco Pacheco, considerada como una zona de riesgo en Portoviejo. “Solo quedaron dos paredes en pie. Por eso estuve en el albergue dos meses hasta que pude arrendar una casa con el bono del MIES. Ahora estoy aplicando para una vivienda propia”.

Hasta la primera semana de septiembre, 3 101 personas se acogieron al bono de construcción de casas en terrenos urbanizados por el Estado en las zonas afectadas. De esas,
2 620 son de Manabí.

Éder Cevallos, director provincial del Miduvi, aseguró que se construirán 12 proyectos habitacionales en Manabí. “En esos proyectos se tomará en cuenta a las personas que no tienen terreno propio”.

Además, la empresa privada y las organizaciones sociales, en coordinación con los municipios y el Gobierno, fabrican casas sismorresistentes. Unas son refugios temporales y otras son para vivir definitivamente.

En las zonas altas de Manta, por ejemplo, se levantan 524 viviendas para los damnificados.

El proyecto Ceibo Renacer es uno de esos. Ahí la fundación Hogar de Cristo y Unilever donaron 55 viviendas, la empresa Adelca contribuyó con 10 más y se construyen otras 100, que fueron donadas por la colonia de chilenos residentes en Ecuador, con apoyo logístico del Colegio Alemán.

Joshelyn Barcia, de 23 años, obtuvo una de esas casas. Ella arrendaba un inmueble en la parroquia Tarqui, de Manta. Con el terremoto, la casa de hormigón se desmoronó. Barcia y sus dos hijos debieron vivir casi por dos meses en el albergue oficial de Manta. “Estaba desesperada, porque perdí todo lo que tenía en mi casa y mis familiares -quienes vivían cerca de aquí- también se quedaron sin nada”.

Ahora tiene una casa propia. Según el vicealcalde de Manta, Eduardo Velásquez, el Municipio urbanizó los terrenos y las casas que se construyen son progresivas, es decir, los propietarios pueden hacerle adecuaciones. “Con el tiempo pueden solicitar el bono o créditos para agrandarla porque ya tienen el terreno y también la base de una casa”.

Estas viviendas tienen una base alta y escaleras para ingresar a la puerta principal. Eso permite que en la parte baja se puedan levantar paredes y de esa forma ampliar el inmueble.

En el caso de Barcia, ella instaló una pequeña tienda en la parte baja. “Cuando limpiaban los escombros, en Tarqui, hubo bloques que quedaron en buen estado. Con esos construí las paredes”.

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