EE.UU.

20 de agosto de 2015 00:00

Familiares de los ejecutados por los yihadistas buscan evitar más víctimas

John y Diane Foley, padres de James Foley.

John y Diane Foley, padres de James Foley, en una foto de agosto del 2014. El periodista fue ejecutado hace un año por el Estado Islámico. FOTO: DOMINICK REUTER / AFP

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Washington

Un año después del asesinato de James Foley por sus secuestradores del grupo Estado Islámico (EI) , la familia del periodista estadounidense lucha por evitar que futuros rehenes corran la misma suerte.

Tras su muerte, los padres de James Foley unieron sus fuerzas a las de organismos de defensa de la libertad de prensa y de las familias de otros rehenes para intentar convencer al Gobierno estadounidense de que modifique su estrategia ante los secuestros en el extranjero.

Gracias al apoyo de una opinión pública sacudida por las imágenes de la decapitación de James Foley, cuidadosamente escenificada por sus verdugos, hubo algunos avances.

El presidente Barack Obama cambió en junio los procedimientos relacionados con la toma de rehenes en el extranjero. Las familias de estadounidenses secuestrados tienen a partir de ahora un interlocutor único: una “célula fusionada”, según la nueva jerga oficial, que contará con especialistas del FBI (la Policía Federal), de la central de inteligencia, CIA, y del departamento de Estado, entre otros organismos.

El presidente ha hecho otra concesión: las familias que paguen un rescate para obtener la liberación de un pariente no correrán el riesgo de ser demandadas ante la justicia.

Barack Obama sigue siendo, sin embargo, un defensor del principio general que prevalece desde hace décadas en la administración estadounidense: “no negociamos con terroristas”.

30 estadounidenses retenidos en el extranjero


“Agradecemos a los Foley, a las otras familias y a los otros rehenes por su valentía y su generosidad, por su compromiso y la ayuda que aportaron para revisar nuestra política hacia los rehenes. Nos comprometemos a poner en práctica esas reformas”, declaró Peter Boogaard, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

La madre de James Foley, Diane, y las organizaciones que apoyan su lucha reconocen y saludan las avances realizados, pero con un importante matiz: recuerdan que 30 estadounidenses siguen retenidos en el extranjero.

“Tenemos esperanzas razonables, pero ningún estadounidense ha vuelto por el momento a casa”, declaró, y agradeció a la Casa Blanca por sus iniciativas.

James Foley fue ejecutado el 19 de agosto de 2014. Dos semanas más tarde, Steven Sotloff otro periodista estadounidense, fue asesinado con la misma coreografía macabra y por el mismo verdugo con acento británico.

Esas ejecuciones suscitaron una ola de indignación y arrojaron una cruda luz sobre el EI. También revelaron las diferencias de métodos -y de resultados- entre países cuyos ciudadanos fueron secuestrados por el grupo EI.

De un lado, los rehenes franceses y españoles, maltratados durante su detención pero liberados tras el pago de elevados rescates, según informaciones de prensa, y del otro, los de Estados Unidos y Reino Unido, que se niegan a pagar.

David Haines y Alan Henning, dos trabajadores humanitarios británicos también fueron asesinados pocas semanas después de Foley y Sotloff.



“Que su sacrificio no haya sido en vano”

La familia de James Foley se queja de que fue amenazada con demandas judiciales por altos funcionarios estadounidenses si pagaba un rescate para liberar al periodista.

El último año han cambiado muchas cosas en la manera en que el Gobierno estadounidense gestiona los casos de secuestro de estadounidenses. Había mucho para hacer”, destacó Delphine Halgand, directora para Estados Unidos de Reporteros sin Fronteras.

Las organizaciones involucradas, al igual que las familias, quieren resultados, como por ejemplo en el caso de Austin Tice, otro periodista capturado en Siria hace tres años.

Las nuevas informaciones sobre la terrible suerte de una joven trabajadora humanitaria, Kayla Mueller, esclavizada y violada por el jefe del EI antes de matarla, le dieron un poco más de urgencia al debate en curso.

Los padres de Kayla se quejaron amargamente de que el gobierno estadounidense pusiera sus principios por encima de la vida de su hija.

“El verdadero avance ocurrirá cuando un prisionero estadounidense vuelva a casa, y con ese fin trabajamos todos los días, para que Austin Tice vuelva sano y salvo”, afirmó Delphine Halgand.

“Tengo la esperanza de que las vidas de Jim y Steven, y de otros, no hayan sido sacrificadas en vano”, complementa Diane Foley.

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