14 de February de 2010 00:00

La familia se muda a la playa en la temporada

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Redacción Guayaquil

Las    huellas  que   Rosa Badaraco y su hija Lourdes dejan en la arena se pierden. El vaivén de las olas que revientan con suavidad en la orilla no las incomoda.

Ambas siguen su paso entre las conchillas que se mezclan con la arena. De vez en cuando, juguetean con su perro Billy o simplemente desvían su mirada hacia el malecón, por donde camina su esposo y  padre, Carlos Quimí.



El día a día  en la playa 

En la playa se puede alquilar una moto acuática o dar un paseo en yate.

Los restaurantes al pie del malecón y en el mercado de mariscos ofrecen todo tipo de platos a la carta, almuerzos y meriendas.  Los circos también son una opción para divertir a los niños.

La gente acude a observar   la caída del sol en Punta Carnero, visita  los museos de Santa Elena o simplemente va  a los parques de diversión que se instalan en los balnearios.

En la noche los jóvenes  se  van a farrear en casas de amigos o a un bar.Los tres están en Salinas desde hace dos semanas  y permanecerán en ese cantón de Santa Elena hasta después del feriado de Semana Santa (2 de abril).

Su casa está a siete cuadras de la playa, llegan ahí cada temporada  vacacional en los últimos 20 años.

La vivienda la compraron los esposos Quimí Badaraco cuando regresaron de Estados Unidos, después de trabajar allá   20 años.

“Venimos para huir del calor que  hace en Guayaquil en esta época”, dice Rosa mientras descansa   luego de la larga caminata.

Todas las mañanas tienen la misma rutina: salen a las 07:30, toman jugo  o batido y recorren  el malecón durante dos horas. Después a descansar en el portal de la casa, en las hamacas,   contando  buenas historias.

A las 09:30 de un jueves, la vereda adoquinada que bordea la playa de Salinas tiene actividad, aunque no sea un fin de semana o un día feriado.

Las chicas en short, faldas o vestidos hacen su caminata matutina. Parece un desfile en  traje de baño, en el que se exhiben cuerpos bronceados y unos cuantos músculos. Algunos prefieren trotar  o montar  bicicleta mientras el sol pega fuerte.

La ciudad se despierta

Las tiendas de ropa y los restaurantes de mariscos abren sus puertas desde temprano, la actividad comercial también sube con las  vacaciones en la Costa.

Hay unas 80 000 personas que viven  y trabajan permanentemente en el balneario.  Pero, según el Municipio, entre 100 000 y 200 000 constituye  población flotante, es decir, que llega al cantón de forma itinerante,  ya sea en el invierno (de enero a abril) o en verano (de julio a septiembre).

Esas dos temporadas marcan el ritmo del centro comercial Paseo Shopping, en la península de Santa Elena.

Los ejecutivos de la Corporación El Rosado aseguran que desde el 20 de diciembre aumentan las visitas y compradores. Al mes, unos 800 000 colonos y guayasenses recorren los pasillos, donde hay tiendas de ropa,  accesorios de playa, restaurantes, cines y el  comisariato. Ese flujo representa hasta un 30% más de lo que se registra en los meses bajos.

Antes del almuerzo es una buena hora para hacer compras  en el mercado, donde se consiguen mariscos y  frutas frescas. O en el supermercado como lo hace Milena de Peña y sus hijos Julio y Rafaela quienes acuden al Supermaxi, de la vía Salinas - La Libertad.

En su carrito no faltan las golosinas y ‘snacks’ que consumen cuando ven TV; también hay bloqueador solar, repelente para insectos, leche y algunas frutas.

Los niños tienen clases de natación durante las mañanas en el Yatch Club de Salinas. En las tardes van a correr olas; la noche en cambio es para pasear, ver películas o jugar play station. 

Aunque Estefanía Tamariz y su hijo Francisco viven en La Libertad reconocen que solo en temporada viven a plenitud la playa. “Cuando llega la familia de Guayaquil salimos y disfrutamos”.

Debajo de los parasoles o carpas a lo largo de la playa de Chipipe y San Lorenzo hay hileras de bañistas. Dos de ellas son María Gabriela Paredes y Andrea Sotomayor, quienes colocan sobre una mesita plástica los parlantes del iPod y  una hielera.  

Pero para Sonni Valverde la mejor forma de terminar el día es meditando frente al mar en silencio. Ella tiene un spa en Puerto Lucía Yatch Club; el lugar  acelera su ritmo durante toda la temporada. “Que mejor forma de relajarse que cerca de la naturaleza”.

Y así miles de historias. Es un hecho, la temporada llegó y con ella quienes temporalmente instalan su casa junto al mar.

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