8 de marzo de 2018 00:00

Extranjeros vinculados con drogas frecuentan pueblos fronterizos de Esmeraldas

Lanchas en mal estado permanecen estacionadas en la playa de Rocafuerte. La Policía ha identificado cargamentos en terrenos cercanos. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Lanchas en mal estado permanecen estacionadas en la playa de Rocafuerte. La Policía ha identificado cargamentos en terrenos cercanos. Foto: EL COMERCIO

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Redacción El Comercio

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Son camionetas 4x4, último modelo. Tienen vidrios oscuros y sus ocupantes no son identificados. Estos automotores transitan a diario por las calles de Borbón, Rocafuerte y Palestina, poblados de Esmeraldas.

Los vehículos se estacionan frente a los muelles, hoteles, fincas, tiendas y licorerías.

En esos lugares conversan con pescadores, campesinos y comerciantes. Luego se retiran.Quienes los han visto afirman que son hombres que llegaron de México y de Colombia. Visten camisas, usan gafas, cadenas y relojes grandes de plata y de oro.

Infunden miedo en los pobladores, pues ellos creen que son parte de redes de narcotráfico que operan en el perfil costanero de Esmeraldas.

Este Diario cruzó esa información con la Policía y altos oficiales confirmaron los datos entregados por los pobladores. Según los investigadores, se trata de emisarios que se encargan de gestionar el traslado y el acopio de la droga que llega desde Colombia.

Los uniformados revelan que las mafias tienen rutas fluviales y terrestres para llevar los cargamentos desde San Lorenzo (Esmeraldas) hasta las costas de Manabí, de donde salen a EE.UU. y a Centroamérica. EL COMERCIO ingresó a las poblaciones del norte de Esmeraldas. En todas, los residentes dicen conocer a los extranjeros y a sus escoltas.

La Policía advierte que Borbón, una localidad ubicada a 40 minutos de la frontera con Colombia, es un punto de abastecimiento de productos y de descanso de los narcos extranjeros. A lo largo de esta población hay locales que ofertan licores de hasta USD 180. Venden cervezas americanas y mexicanas. También hay almacenes que venden joyas cuyo costo sobrepasa los USD 1 400. Los anillos y cadenas tienen relieves de caballos, herraduras y tréboles. El dueño de un local asegura que tiene joyas únicamente para hombres y que solo acepta efectivo.

Estos detalles llamaron la atención de los uniformados y esos negocios son investigados por posible lavado.

En las vías que conectan a Borbón con otras poblaciones fronterizas se han detectado cargamentos de droga.

Desde enero, la Policía se ha incautado de cerca de una tonelada en zonas del norte de Esmeraldas. Uno de los últimos hallazgos se produjo el pasado 23 de febrero. En el sector de las Peñas, los agentes interceptaron a un camión con 420 paquetes de droga. El alcaloide estaba camuflado en un doble fondo. Los sospechosos transitaban por la carretera a la 01:00.

Los uniformados que participaron en ese operativo no descartan que el alcaloide haya salido de la Tola o de Olmedo, otros dos poblados que están cerca a las Peñas. Para llegar a esas localidades se debe atravesar una carretera rodeada de extensa vegetación.

En la Tola, la gente escucha vallenatos y toma cerveza. En el muelle, otros esperan a los pescadores que llegan con la faena de la mañana. Allí los dirigentes, religiosos, pescadores y comerciantes temen hablar de los mexicanos y colombianos que apoyan a las mafias del narcotráfico.

Una mujer apenas cuenta en voz baja que los extranjeros pagan a la gente para que les proporcione gasolina y que vigile la droga ocultada en manglares y playas de la zona.

Esos ofrecimientos también han llegado a los pobladores de Olmedo. El recinto está ubicado a cinco minutos de la Tola. En esa localidad, la mayoría de casas son de madera.

Detrás del caserío, hay una playa abandonada. En ese lugar, el pasado 27 de febrero, estaban escondidas 10 canecas de plástico. Todas con olor a combustible. Dos hombres custodiaban los recipientes desde unos matorrales.

La Policía dice que los narcos operan con redes de colaboradores. Eso ocurre precisamente en Rocafuerte y Palestina.

Personas infiltradas acompañan a los emisarios para alquilar los terrenos en donde se oculta el narcótico. Esas propiedades generalmente están a orillas del mar.

Los dueños de fincas comentan que los extranjeros llegan armados y les ofrecen hasta USD 15 000, para que la gente acepte cuidar la carga ilegal.

Si el acuerdo se concreta, a los dos días llegan con los cargamentos y el dinero que es escondido en caletas. Caso contrario son amenazados e intimidados permanentemente.

Los agentes aseguran tener datos de este y otros hechos en los que intervienen los mexicanos y sus ayudantes.

Algunas evidencias las consiguieron el año pasado tras una fiesta. Al siguiente día de ese encuentro, los uniformados hallaron en las calles 150 botellas vacías de licor que costaba entre USD 180 y 200.
Los policías comunicaron a sus superiores, que “no era normal”, que en una población pesquera “se ingiriera este tipo de licor”. Ese informe fue remitido al comando policial.

Por ahora, el Estado Mayor Conjunto, conformado por FF.AA. y Policía, levanta información de qué actividades ilegales se perpetran en la provincia de Esmeraldas y quiénes están detrás de esos hechos.

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