9 de agosto de 2016 00:00

Ciudadanos extranjeros están detrás de ataques en Sucumbíos

El 4 de agosto, militares de Fuerzas Especiales realizaban un operativo de control de armas en el centro de Lago Agrio. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

El 4 de agosto, militares de Fuerzas Especiales realizaban un operativo de control de armas en el centro de Lago Agrio. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Fernando Medina

Estuvo secuestrado en la selva ecuatoriana por 20 días. Sus captores se presentaron como miembros de la denominada “guerrilla ecuatoriana”, una agrupación que desde hace un mes atemoriza a las comunidades fronterizas de Sucumbíos.

Víctor M. tiene 66 años y desde que fue liberado no ha regresado a su finca que está asentada en las orillas del río San Miguel. Vive en esa propiedad desde 1980. Desde allí ha visto por años cómo guerrilleros de las FARC cruzan el San Miguel para descansar en suelo ecuatoriano.

Estos armados han pasado por sus tierras, pero dice que nunca le han hecho nada.

Por eso, cuando lo secuestraron, el pasado 30 de junio, sabía que no se trataba de gente de la guerrilla colombiana.

El miércoles accedió a contar a EL COMERCIO cómo vivió los días que estuvo en cautiverio. En la sala de una pequeña casa, en la que ahora está, recordó que eran las 16:30 cuando tres hombres llegaron a su vivienda y le dijeron que querían comprarle ganado.
Luego de hablar unos 35 minutos pactaron que regresarían al día siguiente con el dinero. Así sucedió. Los hombres llegaron con una mujer a la que le decían “la patrona”.

Ella supuestamente le iba a entregar la plata, pero en ese momento sacaron dos pistolas y le gritaron: “usted está secuestrado y tiene que venir con nosotros”. Esto sucedía mientras le apuntaron con las armas en el cuello y estómago.

El caso de Víctor es conocido en Lago Agrio, pues tras su liberación la Policía detuvo a nueve hombres. De ellos, siete son colombianos y dos ecuatorianos. Los agentes saben que los sospechosos eran parte de una banda delictiva y no de un grupo guerrillero como se autodenominaban cuando pedían USD 1 millón por el rescate.

Inteligencia militar de Sucumbíos también corroboró esa información, pero advirtió que “las bandas intentan organizarse y posicionarse con ataques violentos”.

Los investigadores incluso advierten que los grupos están conformados por disidentes de las FARC, quienes tienen doctrina en ataques violentos y manejo de explosivos.

De allí que en las últimas tres semanas se han registrado tres ataques con bombas en la provincia. Uno ocurrió en Lago Agrio. Desconocidos pusieron un explosivo en un carro.

Mientras que en la localidad de Puerto El Carmen colocaron dos bombas en los locales comerciales de la zona. En estos dos hechos también se detuvo a dos personas. Una era de Colombia y otra de Ecuador.

En esa detención, los militares hallaron una granada y municiones que se presume eran de grupos irregulares. De hecho, en lo que va del 2016, el Ejército ha decomisado en Sucumbíos 30 armas, 473 municiones y más de 63 tipos de explosivos.

El grupo que mantenía secuestrado a Víctor también usaba armas de fuego. En los días que durmió en la selva vio que todos los que lo vigilaban portaban pistolas y escopetas.

Por eso existe preocupación en las autoridades, quienes anunciaron que el 10 de agosto se realizará una reunión en Puerto El Carmen para tratar el tema de la seguridad. También se analizará información de la Armada, respecto a que las bandas estarían extorsionando en unas 40 poblaciones con las denominadas “vacunas”.

Ese mecanismo no es más que un pago extorsivo que se exige a los campesinos por supuestamente darles seguridad.

Este fenómeno, que en un principio era usual de las FARC, ha sido adoptado por estas bandas que reciben los pagos en suelo colombiano o nombran a un recaudador.

Esos detalles también los conoció Víctor M. durante el tiempo que estuvo raptado. Lo que más recuerda son las conversaciones de los supuestos guerrilleros, pues “siempre hablaban de las vacunas”.

Incluso dice que mientras comían arroz con sardina, los sospechosos pronunciaban los nombres de las personas que serían los próximos secuestrados. “Tenían una lista”. La Policía asegura que no hay denuncias de nuevos secuestros y Defensa aseguró que los ataques son investigados.

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