23 de junio de 2014 19:53

Expropiaciones pendientes en la Simón Bolívar

Carapungo

En Carapungo, en el momento se nivela la tierra y se trabaja en el relleno de quebradas. Foto: Eduardo Terán/ El Comercio

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Evelyn Jácome. Redactora

Un año y un mes después de empezados los trabajos, la obra aún tiene asuntos pendientes por resolver.

Para construir la extensión de la av. Simón Bolívar, que va desde Carapungo hasta La Marca, y que medirá 21,2 km, será necesario realizar 477 expropiaciones.

325 terrenos están ya ocupados por el Municipio (expropiados o en proceso de expropiación), pero aún hay 152 trámites faltantes.

La mayor parte de Pomasqui y San Antonio de Pichincha por donde pasará la vía, está en la etapa final de la negociación.

Algunos moradores, a regañadientes, admiten que no les ha quedado más que aceptar la oferta del Municipio, por temor a no recibir nada.

Ese es el caso de María Nicolalde, quien vive en Santa Rosa, donde unas 15 viviendas son afectadas.

Cuenta que perderá toda su casa donde vive con sus hermanos. Le pagarán USD 24 por cada m2 de terreno y USD 210 por cada m2 de construcción.

Recibirá USD 142 000 y se dividirán entre cinco herederos.
Martha Rodríguez y Martha Carrera, vecinas desde la infancia, también se sienten perjudicadas.

Ellas heredaron los terrenos de sus padres y aseguran que el dinero que recibirán no les alcanzará para adquirir una nueva vivienda.

Otros habitantes, en cambio, tienen la esperanza de que la nueva administración replantee el trazado de la vía, para que no afecte sus viviendas. Ese es el caso de unas 30 familias de Carcelén Mitad del Mundo, sector que se verá afectado en el tercer tramo de la vía.

Fernando Lugmaña, presidente, aseguró que no han llegado a ningún acuerdo con el Municipio y que van a solicitar una reunión con Patricio Jaramillo, el nuevo gerente de la Epmmop, para plantear su propuesta.

Piden que se mueva el trazado 500 metros hacia la quebrada y que, si eso no es posible, que se pague un precio justo: USD 120 por cada m2 de terreno y USD 400 por cada m2 de construcción.

La prolongación tendrá un costo de USD 108 451 645. De esa suma, USD 21 162 200 (financiados por el Banco del Estado), es exclusivamente para expropiaciones.

USD 80 000 000 los financiará el Exim Bank de China, y USD 7 289 445 de restantes más los USD 10 469 339 del IVA, los asumirá el Municipio.


La Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, Epmmop, explicó que el procedimiento de expropiación se divide en varias fases operativas y judiciales.

Todo depende de la voluntad del afectado. En el momento, los trámites faltantes se deben, en su mayoría, a modificaciones de la expropiación (es decir, los casos en los que se requiere más o menos terreno) y por legalización de predios, por ejemplo hipotecas o posesiones efectivas no inscritas que deben formalizar los afectados antes de iniciar el proceso.

Desde Carapungo es posible ver sobre la montaña un camino cercado por franjas verdes que marcan el sendero por donde cruzará la vía.

Los trabajos se han hecho bajo tierra, explica José Gómez, el encargado del primer tramo de la vía, que va desde Carapungo hasta Maresa y tendrá tres carriles por sentido y 12 km de largo.

Gómez cuenta que empezaron a trabajar en la zona hace cuatro meses.

Han realizado relleno de quebradas, alcantarillas y levantamiento de muros de contención. Allí trabajan cerca de 100 personas entre obreros y maquinistas.

Hay tractores, volquetas y tanqueros. Su jornada empieza a las 07:00 y termina a las 17:30.

Sin embargo, los vecinos de la zona recibieron la noticia de que los trabajos serán las 24 horas, los siete días de la semana.

En todo el trayecto hay alrededor de 17 quebradas, donde se deberán hacer túneles para captación de aguas y luego rellenar el barranco para que pase la vía a nivel. Hasta el momento, en ese primer tramo, se han trabajado en seis.

Aunque en la primera fase la mayor parte de la vía cruza por medio de bosques y áreas verdes de conjuntos habitacionales, también hubo familias afectadas.

María Chiluiza perdió dos tercios de su terreno, donde sembraba maíz, tomate de árbol y limones para su consumo. Ni ella ni su hija, con quien vive, saben leer ni escribir.

Su yerno, quien trabaja de albañil, fue quien negoció. “Ya nos pagaron. Nos dijeron que pagaban lo justo. Ojalá”.

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