17 de junio de 2016 00:00

Exmilitantes y exaliados de AP apuestan por planes propios

Foto: Archivo / EL COMERCIO

El presidente Rafael Correa señaló que al interno hay espacio para el diálogo, pero que tienen que ser orgánico, de lo contrario -comentó- deben atenerse al código ético. Foto: EL COMERCIO

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Redacción Política

En los últimos 12 meses Alianza País ha perdido al menos ocho autoridades de elección popular y una veintena de adherentes permanentes. Bajo el argumento de que la filiación política de los ciudadanos es privada, el Consejo Nacional Electoral (CNE) no ha permitido acceder a las cifras totales de desafiliaciones en cada agrupación política nacional.

Las disidencias que se conocen se dieron en Pichincha, Azuay, Cotopaxi, Galápagos y Santo Domingo. Estos hechos públicos tuvieron un factor común: el descontento de los adherentes por la imposibilidad de diálogo interno y por la falta de atención a las provincias.

Esto no solo sucede adentro de las filas del movimiento. El frente Unidos, que conformó el oficialismo con otras 14 organizaciones sociales y políticas, también ha sufrido sus golpes políticos. El más grande fue la salida de Avanza, cuyo líder forma parte ahora de la Unidad de oposición con el PSC, SUMA y Podemos. Y ahora la relación con el Centro Democrático Nacional (CDN), liderado por el prefecto Jimmy Jairala, tampoco está en su mejor momento.

Mario Maldonado, director provincial de Pichincha de CDN, cuenta que aunque siguen siendo parte del frente en las elecciones irán solos, porque ahí aprendieron que “tenemos que tener voz y voto”, porque en ese círculo (AP) sus propuestas no han tenido cabida. Esto no cierra las puertas a posibles alianzas, advierte, pero serán con movimientos locales. Los adherentes del movimiento quieren que Jairala tercie para la Presidencia.

En la Asamblea, en cambio, la primera baja interna de los últimos 12 meses se dio en junio de 2015 con Ángel Vilema, legislador por Galápagos. La ruptura se dio tras la aprobación de la Ley de Galápagos. Eso lo puso en una situación difícil con sus coterráneos y decidió separarse.

El escenario en el territorio ahora es distinto, explica Vilema, porque la gente está decepcionada. Según sus cálculos, en 2017 el oficialismo no conseguirá curules desde las Islas. Cree que en 2019 tampoco tendrán autoridades.

Aunque la densidad poblacional es baja en Galápagos, en 2014 hubo 18 485 electores, Vilema cuenta que los líderes provinciales se están organizando de frente a los siguientes comicios y que incluso ahora otros movimientos nacionales tienen más peso político.

Las salidas más recientes fueron las del 27 de enero, con Fernando Bustamante y Oswaldo Larriva, legisladores por Pichincha y Azuay.
En el caso de Bustamante dice que fue por la “presión y el acoso político” por parte de sus excompañeros de bancada; en el de Larriva, en cambio, las discrepancias con la dirección provincial por temas de fiscalización.

Bustamante no quiso hablar de su futuro político, pero desde que dejó AP ha respaldado propuestas de los bloques de oposición, como las cartas enviadas a la OEA para pedir la intervención del organismo en el proceso electoral. Él firmó la carta que se entregó al secrettario Luis Almagro.

Larriva coincide en que el escenario político en el Austro ha cambiado y que ya no es uno de los espacios más fuertes de AP. Al igual que Vilema, asegura que la evidencia se verá en las urnas, en febrero.

También se trata de ofrecimientos no cumplidos, en especial en vialidad y educación, y la falta de transparencia, que según comenta han cansado a sus coterráneos.

En Santo Domingo, en cambio, en diciembre AP perdió cinco concejales en el Municipio de la capital provincial. Y las primeras de enero, en Cotopaxi, donde un grupo de líderes locales y adherentes se desafilió en grupo.

En ese entonces, Óscar Bonilla, director de Acción Política de AP, le quitó importancia afirmando que fueron 23 desafiliaciones, cuando en Cotopaxi cuentan con alrededor de 6 600 adherentes.

El mismo presidente Rafael Correa señaló que al interno hay espacio para el diálogo, pero que tienen que ser orgánico, de lo contrario -comentó- deben atenerse al código ético. Lo dijo en diciembre del 2015, cuando se alejó Bustamente.

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