19 de julio de 2014 00:05

El exceso de licor empaña la fiesta en La Mariscal

exceso de licor en La Mariscal

Escenas como esta, de jóvenes con dificultad para permanecer de pie son comunes por el exceso de consumo de licor en La Mariscal, al norte de Quito. Foto: EL COMERCIO

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Mariela Rosero Ch.
Redactora (I)

Combos de USD 3 por cinco botellas, en locales pequeños, en la Lizardo García. Y USD 2,50 por cerveza se encuentra en esta zona.

Tambalea al caminar. Pero se queda de pie. Y abre bien los ojos, que empezaba a entrecerrar por estar mareado, cuando nota que una mujer, seguida de policías metropolitanos se le acerca. El joven, de unos 23 años, viste camiseta, a las 00:30. Instantáneamente trata de ocultar una cerveza llevándola hacia su espalda. Y corre para que no se la quiten.

Otro, de 21 años, también es pillado en la calle Foch. “¿Por una cerveza me hacen problema? A los ladrones deberían perseguir…”, le responde a la comisaria Violeta Padilla, de la Agencia Metropolitana de Control. Ella le retira la bebida y le indica que está prohibido tomar en la vía pública.

Padilla le pide la cédula, para extenderle una citación por contravenir la Ordenanza 151, vigente desde diciembre del 2011. Esta prohíbe el consumo de cualquier bebida alcohólica en espacios públicos, inclusive al interior de un auto. La multa por no cumplirla es de USD 170, el 50% de un sueldo básico.

A un grupo de extranjeros y a una pareja que disfrutaban de un gran vaso transparente de espumosa cerveza no se les levantó la citación. Solo se les quitó la bebida. Y se les recordó que se vuelven más vulnerables ante los delincuentes al beber en las calles. Ellos agradecieron el consejo, poniendo cara de hijos sermoneados.

En lo que va del año se han extendido solo 46 citaciones en esta zona, en seis operativos semanales. Las nueve comisarías de la Agencia Metropolitana de Control han abierto 642 expedientes en todo el Distrito.

El Concejo Metropolitano aprobó esa normativa como una medida para frenar el consumo de bebidas. Y con ello los accidentes de tránsito.

Cifras
En el 2008, la III Encuesta Nacional sobre consumo de drogas en estudiantes ya mostró que en Quito había un alto número de consumidores de alcohol, cigarrillos, estimulantes y cocaína. En la IV Encuesta, con datos del 2012, la capital también aparece con mayor porcentaje que la media nacional.

En abril del 2012, los ediles aprobaron otra Ordenanza, la 236, más estricta. Incrementa la multa a USD 1 020, si el infractor es encontrado en zonas turísticas: La Mariscal y el Centro Histórico. En la plaza Foch se exhibe una gigantografía en la que se advierte: “Chupe en la vía pública y la vaca será de…”.

Pero esta norma no se aplica sino solo la 151. Al existir dos ordenanzas que sancionan una misma conducta, se escoge la que menos afecte al ciudadano, según el Cootad y un principio de derechos humanos. Juan Zapata, secretario de Seguridad, propondrá el análisis del tema.

En todo caso, esas medidas no son tan efectivas, según el exconcejal Fabricio Villamar, quien cree que sería mejor pasar el alcochek en sectores de diversión como La Mariscal.

Reggaetón, pop, electrónica y ritmos como: “Oiga, mire vea...”. De todo se oye al dar una vuelta por el sector. Cervecería Nacional no aceptó proporcionar cifras al respecto. Pero quienes farrean allí los viernes perciben que el consumo de alcohol aumenta en los locales. “Disfruten sanamente, estamos con el sol…”, eso les repite en quichua Marco Gualapura, a quienes asisten a la disco bar indígena Cactus Runa Bar.

Ese mensaje contrasta con uno que percibe Samia Castro, de 23 años, de Chimborazo. Vino a Quito para estudiar en la Universidad Metropolitana. “Aquí, hasta hace dos años se respetaba más la identidad, se ha convertido en una discoteca común. Había chicha, ahora hay más cerveza”, comenta.

El dueño argumenta que el “quiteño es cervecero”. Hace siete años empezó con una cafetería; luego pasó a vender almuerzos, antes de decidirse por un bar, que ofrece papas con cuy, choclo mote, tostado…

En este sitio se venden 50 jabas de cerveza los viernes. Y en locales con aforo para más de cien personas de 60 a 70, según sus propietarios. La unidad cuesta entre USD 2 y 2,50. En otros bares se despachan entre 20 y 25 jabas, ahí le apuntan a los cocteles o vasos de whisky, que están entre los USD 3 y 22.

En Quito, los establecimientos que ofertan alimentos pueden expender alcohol. Es decir restaurantes, cafeterías, fuentes de soda y bares pueden hacerlo si las bebidas acompañan a la comida.
No existe una ley de control de bocas de expendio de licor: un número limitado de permisos para ese negocio, como ocurre en Nueva York o Chile.

Eso es cuestionado por Juan Baquerizo, de ‘Zona Mariscal’, que integra a 40 locales y hostales, que en términos de propiedad inmobiliaria mueven alrededor de USD 25 millones.

Calcula que por la población flotante de La Mariscal
(180 000 personas), máximo debieran permitir que 145 sitios tengan licencias para expender alcohol (no más de 600). Pero eso no pasa en la capital. En la Lizardo García, por ejemplo, en locales pequeños se ofertan ‘combos’: unas cuatro o cinco cervezas por USD 3; algunos de ellos, antes funcionaban cerca de la U. Central.

Por eso, Mao Viteri, de Mayo del 68, que existe desde hace 25 años, apunta que la zona se tugurizó. Ya la gente no busca un lugar con buen ambiente sino dónde comprar cerveza más barata. “Acá se ven muchachos botados en la calle. Los dueños de locales deberían tener un tope de venta”. Por negocio, dijo, me interesa vender más, pero no se puede dejar que beben hasta que queden en la calle.

Eso ocurre desde la 01:30. Hay muchachos recostados en las esquinas, unos con amigos. Desde esa hora, grupos de jóvenes buscan taxis.

En la Lizardo García hay fiestas clandestinas en la llamada Casa Robot, con entradas de USD 5, que incluyen una cerveza, para el ‘underkiteño’, según se promociona vía Internet.

Eso se repite en la Pinto y Diego de Almagro. De la vivienda de la Lizardo García, sin permisos y sin seguridad para un evento así, el viernes 11 salieron unos 200 jóvenes.

Según Alejandro Armijos, de 26 años, buscan música alternativa. Cree que la Alcaldía debiera pensar en espacios para jóvenes, así como los que se proporciona a los adultos mayores.

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