31 de March de 2010 00:00

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Manuel Terán

El lunes anterior en  la edición de la Revista Líderes, que circula con este diario, aparece una interesante entrevista al Superintendente de Compañías en la que realiza algunas afirmaciones que, por la importancia del Funcionario, adquieren relevancia.  Teniendo como base los datos de esa institución, que en otras ocasiones han sido citados en esta columna, y que constituyen una importante herramienta para conocer el pulso societario del país, nos comenta que los ingresos de las compañías activas alcanzaban en el año 2000 a USD17 500 millones y que el 2008 ascendieron a USD 66 000 millones, creciendo 3,5 veces.  Que los activos de las empresas en el mismo período se incrementaron 2,5 veces y las utilidades saltaron de 185 a 4 300 millones.  En sus palabras “un crecimiento sorprendente del 2 200% en la década”.  Ante la pregunta de a qué atribuye ese crecimiento responde:  “a la dolarización, a una mayor demanda de bienes y servicios (…) entre otros factores”.  Con sus respuestas el funcionario confirma lo que han repetido hasta la saciedad innumerables personas: la dolarización, más allá de las críticas, ha influido notablemente en la economía de la primera década del siglo XXI y ha permitido que el país en general experimente un crecimiento antes desconocido.

Esta etapa, en la segunda mitad de la década, se ha visto beneficiada por los grandes precios del principal producto de exportación ecuatoriano.  Sin embargo, desde antes que repunte el precio del crudo, las empresas se sentían más cómodas con un sistema en el que no había devaluaciones permanentes ni perdían valor sus activos.  Anteriormente no existía certeza para otorgar créditos a los clientes, pues la depreciación de la moneda no lo permitía.  A esto hay que sumar que en este período los trabajadores permanentemente han incrementado el valor real de sus salarios. 

El sistema trabajó adecuadamente.  Pero no todo es perfecto.  Pese a que el Titular del organismo de control  comenta que en  2008  la inversión  total fue de USD
1 417 millones,  el empleo no crece. Según las cifras oficiales se habrían perdido puestos de trabajo.  El problema del empleo no está en el modelo monetario, sino en otras razones tales como el clima adverso a la iniciativa privada.

Con las cifras planteadas la tarea primordial del Gobierno debería ser afianzar la dolarización por todos los medios, simplemente porque en un período tan corto ningún otro esquema ha arrojado los resultados que nos indica el Superintendente de Compañías.  Al menos en el pasado inmediato, el país no conoció un sistema que le haya permitido avanzar tan rápidamente.  Si se atrajera más inversión y se dejase de hostigar a los emprendedores,  el modelo sería eficaz para la generación de empleo.  Lo que nos confirma en cifras el Superintendente lo intuye el ciudadano común y  apoya  el sistema monetario imperante.

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