14 de December de 2009 00:00

El estrés opaca festejos de Navidad

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Redacción Guayaquil
guayaquil@elcomercio.com

Más  trabajo, más responsabilidades, los compromisos  familiares, el cierre o inicio  de proyectos... Todas son  situaciones comunes en la ajetreada vida moderna.  Pero la tensión suele multiplicarse  en las últimas semanas del año.

En diciembre, la agenda de Federico Guevara estalla. “Es un mes de sobrecarga. Hay que cerrar negocios, los balances y estar con los cinco sentidos, estoy casi en  mi tope”, cuenta el ejecutivo.  Por la  presión   de fin de año, en los últimos días él  ha comenzado a sentir efectos en su salud.

No logra dormir bien, sufre de  dolores de cabeza y está perdiendo el apetito. “Creo que es  estrés, trato de controlarme”.

El neuropsiquiatra Pedro Posligua explica que el estrés se ha convertido en el mal del  siglo. “La  sobrecarga de estímulos negativos deteriora  la salud.   La única solución es autocontrolarse”.

El  trabajo es uno de los entornos más propicios para desarrollar cuadros de estrés.

En ese ámbito,   Posligua define tres tipos de personalidades:  la A equivale a los competitivos, llevan trabajo a casa para  sobresalir.   Aquellos que no se apuran, pese a la presión,  son  del grupo B.  Y en el C  están   los  callados,   pueden trabajar bajo  presión sin quejarse ni expresar  emociones.

Todos los casos están expuestos a graves consecuencias. Con una escala, el especialista define cómo el estrés puede deteriorar la calidad de vida.  

En una primera etapa -dice-  se da un período de equilibrio. Pero solo por  corto tiempo, porque en el  segundo peldaño se inician  los  síntomas psicosomáticos como náuseas,   diarreas, trastornos musculares y cefáleas.

El último escalón da paso a la etapa crónica. Las enfermedades psicofisiológicas, como  el principio de infarto, la gastritis, la hipertensión, el colon irritable, etc., son  el detonante. Hay un factor común en  estos casos: el cortisol o la   hormona del estrés. El psiquiatra Alfonso Ricardi  dice  que ante  emergencias,  el organismo lo produce   para defenderse.     Si la   situación de estrés es constante, el hecho se agrava.

Para evitar los extremos, más en fin de año, hay  amortiguadores. Ricardi recomienda hacer ejercicios, practicar bicicleta o caminar dos  horas al día. “Así se soporta   mejor   las cargas de trabajo, físicas  y  mentales”. 

La relajación es otra de las alternativas. El especialista aconseja encontrar un tiempo al final del día para descansar y disfrutar en familia de las festividades.

Pero hay quienes  sucumben ante el estrés en medio del alboroto de las calles céntricas de Guayaquil, algo típico en esta época del año. Verónica Argudo buscaba el pasado viernes los regalos de Navidad para sus hijos.

“Trato de conseguir lo más económico, pero todo está caro. Me desespero. Comprar los regalos, preparar la  cena de Nochebuena, conseguir la  ropa nueva...”.   

En este caso intervienen  factores externos.  El peso de la publicidad  y la etiqueta comercial que envuelve a las  fiestas de  Navidad y  fin de año trastoca todo, según   el  psicólogo Luis Rodríguez.  

“Hay  muchas  demandas socioculturales, pero los   recursos económicos  no están al nivel. Lo recomendable  es reconceptualizar el concepto de las festividades, que apuntan a compartir”.
 
Rodríguez recomienda administrar bien el tiempo y los recursos, y no actuar explosivamente. “Muchos  tratan de alcanzar la  felicidad en uno o dos días  del año, pero eso   trae  consecuencias”.

En ese punto, el especialista se refiere a la    ‘tarjetamanía’. Ante la falta de dinero se usan  tarjetas de crédito para  las compras de fin de año. Pero la deuda desmedida puede terminar en depresión.
 
Lo aconsejable, según la psicóloga Carla Moncayo,  es definir necesidades y prioridades. Por ejemplo, organizar las compras   a lo largo de año para  evitar acumulaciones en   diciembre.

Los recuerdos   por pérdidas  familiares y los hechos traumáticos de la infancia también suelen detonar en esta época.  “Desde el 1 de diciembre muchos sienten el estrés de que llegará el 31 y estarán solos o se comienzan a recordar los traumas de la niñez, se llenan de pensamientos negativos”, dice  Moncayo.

La depresión se agudiza   tanto que en algunos casos puede desembocar en el suicidio.   Frente a situaciones extremas, la psicóloga pide  hacer  una pequeña terapia:   sentarse,  respirar profundo y buscar ayuda profesional.

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