3 de December de 2010 00:00

Estados Unidos y Wikileaks

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Heather M. Hodges

El presidente Obama y la secretaria de Estado Clinton han hecho una prioridad de la revigorización de las relaciones de Estados Unidos en todo el mundo. Como Embajadora de Estados Unidos ante Ecuador me siento orgullosa de formar parte de esta iniciativa.

Por supuesto, incluso una relación sólida tendrá sus altas y sus bajas, y podríamos hallar eso cuando se divulguen documentos supuestamente descargados de computadoras de nuestro Departamento de Defensa.

Estados Unidos lamenta profundamente la divulgación de cualquier información que se espera que permanezca confidencial. Lo condenamos. Los diplomáticos deben participar en conversaciones francas con sus colegas, y se les debe garantizar que se mantendrán privadas. El diálogo franco es parte del acuerdo básico de las relaciones internacionales; no podríamos mantener la paz, la seguridad ni la estabilidad internacional sin él. Estoy segura de que los embajadores del Ecuador dirían lo mismo.

Considero que las personas de buena fe reconocen que los informes internos de los diplomáticos no representan la política exterior oficial de un Gobierno. Son un elemento de los muchos que dan forma a políticas, que en última instancia son establecidas por el Presidente y la Secretaria de Estado, y registrados públicamente a través de discursos, hojas informativas y otros documentos .

Las relaciones entre gobiernos no son la única preocupación. Los diplomáticos estadounidenses se reúnen con activistas de derechos humanos, periodistas, líderes religiosos y otros que ofrecen su propio y sincero punto de vista. Estas conversaciones además dependen de la confianza. Si un activista contra la corrupción comparte información sobre conducta gubernamental, o un trabajador social da documentación sobre violencia sexual, el revelar la identidad de esa persona puede tener graves repercusiones: encarcelamiento, tortura e incluso la muerte.

Cualquiera que sea el motivo de Wikileaks para publicar estos documentos, está claro que su publicación representa riesgos reales para personas reales, la mayoría de ciudadanos particulares que han dedicado su vida a proteger a otros. Un acto que pretende provocar a alguien poderoso, puede, en vez de ello, poner en peligro al indefenso. Apoyamos y deseamos tener un debate sincero sobre cuestiones apremiantes de política pública; pero publicar documentos sin cuidado y sin dar importancia a las consecuencias no es la forma de comenzar tal debate.

Por nuestra parte, continuaremos nuestra labor para fortalecer las relaciones con Ecuador y progresar en los asuntos importantes para los dos países. El presidente Obama, la secretaria Clinton y yo seguimos comprometidos en ser socios de confianza mientras buscamos el modo de construir un mundo más próspero para todos.

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