2 de noviembre del 2016 00:00

267 millones al año mueve el negocio alrededor de los difuntos

Myriam Estrella abastece su local con rosas y claveles comprados en Cayambe. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Myriam Estrella abastece su local con rosas y claveles comprados en Cayambe. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Sofía Ramírez
Redactora (I)
sramirez@elcomercio.com

Jardineros, pintores, vendedores de arreglos florales, constructores de lápidas e incluso músicos forman parte del negocio alrededor de la muerte.

Ayer, 1 de noviembre del 2016, el sonido del acordeón acompañaba a los visitantes que a esa hora llegaban a las tumbas de sus familiares en el cementerio privado de San Diego. Entre los nichos y mausoleos de este camposanto -de 7 hectáreas- ubicado en el Centro de Quito, Luis Alberto Caisaguano interpreta “canciones para los muertos”.

Desde 1995, combina su trabajo habitual como profesor de música en el Colegio Aída Gallegos de Moncayo (sur de Quito) con lo que él llama “serenatas a los difuntos”.

Caisaguano, de 50 años, indica que la primera vez que le pidieron dar una serenata en Quito no sabía que era para una difunta, y cuando le dijeron que el homenaje era en el cementerio se negó y dijo: “Yo canto a los vivos”.

Pero lo convencieron y desde entonces ofrece su música a los deudos que quieren honrar a sus difuntos. Lo acompañan sus hijos Stiven y Jairo, de 17 y 10 años, respectivamente.

El género más solicitado es el yaraví y las canciones como Vasija de barro o Collar de lágrimas. El músico cobra USD 5 por cuatro canciones.

En Ecuador, el negocio funerario: fabricación de ataúdes y urnas, sepultura, cremación, venta de tumbas o mausoleos y ventas de flores y arreglos genera USD 267 millones al año, según últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, con corte al 2014.

En total, 8 974 personas están vinculadas a esos negocios, de acuerdo con esas cifras.

Pero la actividad también se vio afectada por la crisis.
Caisaguano recuerda que hace dos años unas 30 personas le contrataban por día, lo cual le generaba un ingreso USD 150 diarios. Pero desde el año pasado la demanda bajó a la mitad, porque existe más competencia.

Germán Guaña trabaja en marmolería hace 10 años, en el centro de Quito. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Germán Guaña trabaja en marmolería hace 10 años, en el centro de Quito. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

El músico cree que la crisis ha llevado a más gente a buscar otras alternativas de ingresos.

Bolívar Guachamín, auxiliar del cementerio de San Diego, comentó que el Día de Difuntos genera trabajos informales para unas 300 personas; entre ellos: pintores, gente que alquila escaleras y canecas plásticas, vendedores de frascos para poner flores, entre otros.

Este auxiliar contratado por la Sociedad Funeraria Nacional -empresa que maneja el cementerio de San Diego- trabaja en el camposanto hace 25 años.

Guachamín fue contratado para construir nichos, pero ahora se dedica a la jardinería.

Dijo que la Sociedad Funeraria Nacional contrata en julio de cada año a por lo menos 30 personas para pintar el lugar. Es la única fecha en la que se emplea personal extra para arreglar el cementerio, de cara al Día de Difuntos, comentó.

Guachamín reconoce que su trabajo no es fácil. “He visto a excompañeros que se trastornaron, lloraban en cada entierro e incluso se dedicaron a tomar alcohol. En este trabajo hay que tener carácter fuerte”.

Daniel Dávalos, gerente de la firma Selecta, mencionó que para estas actividades se necesita personal que sepa manejar sus emociones. Recomienda a las firmas dedicadas a este tipo de actividades que realicen exámenes psicológicos al personal que van a contratar.

En un recorrido realizado ayer por este Diario a varios negocios ubicados en el centro y norte de la capital, comerciantes mencionaron que debido al bajón de la economía las ventas se redujeron.

Myriam Estrella tiene un local de arreglos florales, desde hace 30 años, en los exteriores del cementerio de San Diego.

En este feriado invirtió solo USD 2 000 para abastecer su local, porque las ventas se proyectan bajas. En el 2014 y el 2013 la vendedora había invertido un promedio de USD 4 000. La venta informal y el menor poder adquisitivo de los ecuatorianos afectaron, dice.

El negocio de la construcción de lápidas arranca desde octubre. Germán Guaña, propietario de Marmolería Nacional, ubicada en el centro de Quito, dijo que sus ventas cayeron este año un 20%, comparadas con la temporada del año pasado. En octubre pasado facturó USD 6 000 y espera mantener esa cifra para este mes.

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