4 de diciembre de 2016 00:00

Esposas de candidatos entran en campaña

Martha Miño fue con Paco Moncayo a la Concha Acústica de la Villa Flora, el 26 de noviembre, para un acto. Foto: Ana María Carvajal / EL COMERCIO

Martha Miño fue con Paco Moncayo a la Concha Acústica de la Villa Flora, el 26 de noviembre, para un acto. Foto: Ana María Carvajal / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal y Jorge González (I)

En las calles, auditorios y plazas, cada vez es más frecuente verlos juntos. Los candidatos y sus esposas caminan tomados de la mano, sonrientes.

A Martha Miño, la esposa del presidenciable Paco Moncayo (Acuerdo Nacional por el Cambio) se la vio en un lugar simbólico para ambos, el 26 de noviembre: la Concha Acústica de la Villa Flora, en Quito. 
Fue en ese barrio del sur donde crecieron y empezó su romance.

En marzo cumplirán 49 años de casados. Durante ocho lo acompañó como presidenta del Patronato Municipal San José, mientras él ejercía su cargo como alcalde de Quito durante dos períodos.


Es importante ser un apoyo para su esposo en la época preelectoral, reconoce Miño. “Sobre todo cuando hay agresiones desde sectores que apoyan a otros postulantes. La vida política es muy dura”.


Para Miño, en la campaña no solo es clave el apoyo de la pareja sino el de toda la familia que termina por involucrarse. 
La participación de las esposas en campaña puede mostrar la importancia de la familia para los candidatos y la prioridad que ellos dan a los valores familiares, de cara a los electores. “Los humaniza”, dice la especialista en comunicación política, Sofía Guerrero.


Ella cita el caso de Gabriela Pazmiño, esposa de Abdalá ‘Dalo’ Bucaram (Fuerza Ecuador). Es una figura pública debido a su trabajo en medios de comunicación. 
Desde esa posición -explica- Pazmiño ayuda a construir la imagen de su pareja como un hombre que prioriza la unión familiar e incluso que exhibe sus creencias religiosas ante el electorado.

Pazmiño ya ha estado en campañas políticas con su esposo. Ambos fueron legisladores. Bucaram ganó para los períodos 2009-2013 y 2013-2017, pero renunció antes de terminar el último, hace dos años. Pazmiño en el 2007 y 2009-2013.
Verónica Alchundia, esposa de Iván Espinel (Fuerza Compromiso Social), da sus primeros pasos en la política, junto a su compañero de vida.


Para ella, el mundo lleno de cámaras, entrevistas y simpatizantes pidiendo fotografías con su esposo es nuevo. Dice que le gusta acompañarlo en sus recorridos, siempre y cuando sean cerca de Guayaquil, donde reside. 
Prefiere no descuidar los estudios y actividades de sus hijos de 8 y 2 años. “Creo que a todas las personas los motiva ver una familia unida, que estemos en planes de progreso”.

En los recorridos a los que acude, agrega, escucha las preocupaciones de los electores.
 La aparición de las esposas en una campaña electoral, explica el catedrático Sebastián Mantilla Baca, depende del objetivo que tenga el candidato y del deseo que tenga ella de vincularse o no. Por ello es respetable que una pareja decida evitar la exposición.


Ha sido el caso de las esposas de los presidenciables Patricio Zuquilanda (PSP), Washington Pesántez (UE), a quienes no se les ha visto en actos proselitistas. 
Mantilla Baca explica que toda campaña tiene, al menos, tres ejes: propuesta, mensaje e imagen. Y es en esta última parte es donde interviene la esposa. Pueden suavizar la figura de su esposo. 
Su aparición no es mandatoria. En ninguna ley se estipula que, de ganar, la esposa tenga que ocupar algún cargo en especial. Más bien se trata de una “figura tradicional”.


En los casi 10 años que lleva el presidente Rafael Correa a cargo del país, el rol de la primera dama dejó de ser protagónico. Incluso, el Instituto Nacional de la Niñez y la Familia, tradicionalmente a cargo de la primera dama, desapareció. Y ese espacio en el área social es al que apunta María de Lourdes Alcívar, esposa de Guillermo Lasso (Creo-SUMA).

La candidatura de Lasso apela a la figura familiar como una prioridad.
Alcívar comenta que le ha costado mucho acostumbrarse a la vida pública, pero ahora la aprecia, porque le permitió conocer más el Ecuador. Le preocupan temas como el desempleo y los embarazos adolescentes.

Si su esposo gana, quiere ocuparse de estas y otras temáticas sociales. Ella quiere recuperar la figura de la primera dama. 
A Rocío González, esposa de Lenín Moreno (Alianza País), también se la ha visto en actos públicos. Le acompañó, por ejemplo, en la inscripción de su candidatura y cuando fue a EE.UU. para entregar un informe sobre su misión como delegado de la ONU en Ginebra.

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