19 de octubre de 2015 12:52

Tras cuatro años sin violencia, ETA se apaga lentamente en España

ETA

Imagen de archivo del 2011 que muestra a miembros de la organización ETA anunciando un alto al fuego. Foto: Archivo AFP

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Agencia AFP

Cuatro años después de haber renunciado a la violencia, la organización independentista vasca armada ETA languidece sin disolverse y en el País Vasco muchos esperan un cambio de gobierno en Madrid para que se desbloquee la situación y pasar página.

¿Qué queda de ETA (Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y libertad), nacida en 1959 con el objetivo de luchar contra el franquismo y por la independencia del País Vasco y Navarra, acusada de haber matado al menos a 829 personas en nombre de dicho combate?

El 20 de octubre de 2011, tras un llamamiento de los participantes en la conferencia internacional de paz de Aiete, encabezados por el ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, ETA, dividida desde hacía años sobre si parar o continuar con los atentados, renuncia definitivamente a su actividad armada.

Desde entonces reclama, para disolverse, una negociación sobre la situación de sus presos, amnistías o un reagrupamiento en cárceles del País Vasco.

Pero Madrid y París se niegan a cualquier diálogo con la que califican de “banda terrorista”.

Un año difícil

ETA tiene actualmente, según fuentes policiales de ambos lados de la frontera, menos de 30 miembros en libertad. “Fuera de las cárceles no hay ETA”, resume un abogado que ha defendido a varios de sus antiguos miembros.

El año 2015 resultó nefasto para la organización armada independentista vasca, especialmente con la detención en enero de cinco abogados, entre los principales defensores de sus 427 miembros en prisión.

Esa operación policial controvertida asestó un golpe “al mantenimiento de la coordinación y la disciplina” en el seno de ETA, dado que los abogados servían de correa de transmisión, asegura Javier Zaragoza, jefe de la fiscalía antiterrorista.

A finales de mayo, las policías francesa y española hallaron un escondrijo de armas en Biarritz, en el suroeste de Francia, anticipándose, según los especialistas en el tema, a las intenciones de ETA que planeaba organizar una entrega unilateral de armas que la habría devuelto al primer plano.

En septiembre, dos presuntos dirigentes de la organización, Iratxe Sorzabal, de 43 años, y David Pla, de 40 años, fueron detenidos en Francia.

“ETA en estos momentos (...) está en un proceso irreversible de desaparición o de extinción”, afirma Zaragoza.

“ETA sigue existiendo”, responde sin embargo Jonan Fernández, encargado del tema de la paz en el seno del gobierno regional vasco.

“Sigue emitiendo comunicados, sigue habiendo depósitos de armas”, afirma. Y agrega, defendiendo la postura del Partido Nacionalista Vasco (PNV, conservador) en el poder en la región, favorable a dialogar sin necesariamente negociar: “hay que canalizar un final ordenado de ETA, de manera que se garantice que no quedan armas fuera de control, unas siglas fuera de control y una amenaza fuera de control”.

Desarme y DD.HH.

Avanzar parece ser lo que quieren los habitantes del País Vasco. Un 66% de vascos rechaza frontalmente a ETA, según la encuesta de opinión Euskobarometro, pero el 76% desea una negociación entre la organización y el gobierno español.

Sería deseable que durante estos cuatro años ETA “hubieran avanzado más rápidamente en el tema del desarme unilateral” y que “hubiera habido alguna reflexión crítica sobre el pasado de ETA en materia de vulneración de derechos humanos”, lamenta Fernández, denunciando también el “inmovilismo” del gobierno español.

Los partidarios de un diálogo se inspiran en el proceso de paz de Colombia, donde se negocia mientras perdura un conflicto que sigue dejando muertos.

En España, la situación podría evolucionar tras las elecciones legislativas del 20 de diciembre y “habrá que tener muy presente qué terreno de juego dibujan”, señala Pernando Barrena, portavoz del partido independentista de izquierdas Sortu.

Según una fuente conocedora del tema, Francia no se opondría a un traslado de ciertos presos a cárceles del País Vasco.

Los partidarios del diálogo esperan también la salida de la prisión, prevista en abril de 2016, de Arnaldo Otegi, dirigente de Sortu, exmiembro de ETA y líder de consenso en el movimiento independentista. Contrario a la violencia desde 1999, podría impulsar cambios.

Algo seguro, afirma Barrena, es que la organización “quiere llevar el proceso de desarme hasta las últimas consecuencias”. En su último comunicado, subraya, ETA afirmó haber “cumplido con la mayoría de su vida activa”, reconocimiento implícito de que su final podría estar cerca.

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