15 de septiembre de 2017 00:00

Esmeraldeños llevan un mes sin servicio regular de agua potable

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Marcel Bonilla

Las familias de la isla Luis Vargas Torres de Esmeraldas acuden al río para bañarse, lavar la ropa y llevar agua para el servicio higiénico.

La Coordinación Zonal de Educación dispuso que los escolares fueran enviados inmediatamente a sus casas después de rendir los exámenes, para evitar el uso de los baños; al menos en los 56 planteles educativos del cantón no se pueden usar los sanitarios.

Los habitantes de los barrios San Martín de Porres, Tercer Piso y El Bolsillo cerraron las vías y quemaron llantas como protesta. Una turba, que salió con baldes y tanques a las calles, retuvo en cinco ocasiones a los tanqueros que llevaban agua a otros sectores para que les proveyeran a ellos.

Estos son ejemplos de cómo los esmeraldeños viven sin agua potable desde hace casi un mes, cuando se produjo el primero de los dos daños en el sistema de este servicio.

Las fallas fueron arregladas, pero la provisión del líquido es irregular en los cantones Esmeraldas, Atacames y Rioverde, que se abastecen de la planta de San Mateo.

Los dos problemas ocurridos el 20 de agosto y 5 de septiembre del 2017 en la planta de San Mateo son investigados por la Fiscalía, como un presunto sabotaje. La denuncia fue presentada en ese sentido este 12 de septiembre por el alcalde de Esmeraldas, Lenin Lara.

Carmen González es una de las 50 mujeres de la isla Luis Vargas Torres que desde hace un mes acude con más frecuencia a lavar su ropa en el río Esmeraldas. En esta zona viven 5 000 personas.

Ella y sus niños de 3 y 5 años también llevan los platos al río después de almorzar y para bañarse antes de que llegue la noche. Y desde hace un mes dejó de vender pescado frito, porque no tenía agua para lavarlos y ponerlos a curtir con limón. “Enjuagar el pescado con el agua del río no es higiénico”.

Durante seis días compró bidones de agua para limpiar el pescado, que le representaba hasta USD 6 diarios, pero el dinero ya no le alcanza.

Aunque algunos sectores de la Vargas Torres tienen tuberías de agua potable, el líquido no llega a las zonas altas. Eso ocurre en el barrio Vista del Mar, donde vive Jenny Banguera. La mujer, de 36 años, se ganaba la vida lavando ropa ajena, pero desde hace un mes no tiene con qué trabajar.

Para conseguir una poma de agua desciende nueve cuadras por una vía sin asfaltar y con grandes baches. En sus hombros carga hasta 10 pomas cada día. “Este es el esfuerzo de las 30 familias que vivimos aquí para tener agua para tomar, bañarnos y cocinar nuestros alimentos”.

La escasez es tan aguda que en los barrios como Brisas del Mar se reutiliza el agua en todo lo que haga falta. Por ejemplo, Genoveva Fuentes y su familia se abastecen del río Esmeraldas para bañarse y luego la reciclan en los sanitarios.

Así ha sido durante el último mes. Ahora su nieta de 6 años presenta granos en la piel, presumiblemente por utilizar el agua de río para bañarse.

Según el especialista en conservación de recursos naturales, Luis Valverde, las fuentes hídricas como el Esmeraldas y Teaone están contaminadas por las más de 23 descargas de desechos residuales de la ciudad que van hacia el afluente, sin ningún tratamiento.

Hace una semana, la niña fue enviada de la escuela a su casa porque las maestras le dijeron que los granos pudieran ser contagiosos y querían evitar que se propagara hacia el resto de los alumnos.

Edwin Arroyo, médico tratante del Subcentro de Salud Tipo C, del valle de San Rafael de Esmeraldas, comentó que desde hace dos meses atienden diariamente hasta 60 personas que llegan enfermas con problemas gastrointestinales, y niños y adultos con diarreas por el consumo de agua.

Ese número representa el 90% de las consultas diarias de este centro médico en el sur de Esmeraldas, donde viven más de 50 000 habitantes.

Una de las recomendaciones que hicieron los especialistas a los padres de familia en esa unidad médica es que se hirviera el agua antes de beberla.

Pese a las reparaciones, la distribución del agua se hace por horas y no llega a todos los habitantes. En los barrios de la ribera del río Esmeraldas, como El Palmar 1, el miércoles llegó por dos horas.

Williams Ayoví llenó sus tres tanques y empezó a vender canecas a USD 0, 10 cada una. Los cerca de 2 000 habitantes de otros sectores alejados, como Brisas del Mar y Santa Martha 1 y 2, que están junto al río, recorren ocho cuadras en triciclos para comprar hasta 20 canecas que ofrece Ayoví.

Uno de los compradores es José Ferrín, quien produce su propio hielo para ir a pescar a 10 millas de las costas de Esmeraldas. Durante el último mes mes no ha podido producir las 20 fundas de hielo diarias que utiliza para sus faenas y tiene que salir a comprarlas.

Según el presidente de la Unión de Cooperativas Pesqueras de Esmeraldas, Ovidio Quiñónez, en la ciudad funcionan cuatro plantas de hielo que cuentan con reservorios de agua clorada para la producción y que no dejaron de trabajar durante la falta de agua para atender al sector pesquero.

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