30 de abril de 2015  00:00

Esmeraldas, la provincia más 
afectada por el chikungunya

Los pacientes acuden por atención al hospital Delfina Torres de Concha.
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Bolívar Velasco.  Redactor (I)
bvelasco@elcomercio.com

Dolores Garzón ‘huyó’ de Esmeraldas para no enfermar con el virus de la chikungunya. Hace una semana se estableció en Riobamba porque no quiere ser una paciente más de esta enfermedad que en la ‘Provincia Verde’ ya es catalogada como una epidemia.

Según el Ministerio de Salud, los pacientes infectados con el virus, a la fecha, suman 2 493 y es la provincia con la mayor cantidad de casos frente a las otras 14 donde hay enfermos.
A escala nacional, los reportes de chikungunya ascienden a
3 692.

No obstante, es una cifra que aún dista de los casos de dengue que, en cambio llegan a los 8 982 en todo el país.
Pero en Esmeraldas la situación por el chikungunya es más alarmante, porque los contagiados podrían ser el triple de lo que han identificado los reportes oficiales.

Esto lo saben las autoridades, ya que en sus mediciones epidemiológicas manejan una técnica denominada la ‘punta del iceberg’, que se refiere a los casos que no se reportan formalmente en las áreas de salud. Es por eso que se cree que en Esmeraldas no hay quien no haya padecido la chikungunya.

Para el director del Centro de Investigaciones Biomédicas, Nelson Muela, en cada familia al menos tres personas fueron contagiadas con el virus.

Una de las razones por las que los casos van en aumento es la falta de eliminación oportuna de los criaderos de mosquitos dentro de las viviendas y en los patios, según las autoridades.

Los casos de chikungunya se multiplican en Esmeraldas. Foto: Juan Carlos Pérez/ EL COMERCIO

La directora Distrital de Salud, Nadia Bernal, indica que la falta de colaboración de las personas incide en la expansión del virus. “No es nuestra responsabilidad entrar a las casas y hacerles la minga para destruir los criaderos. Eso le corresponde a cada familia”.

Esta enfermedad produce intensos dolores en los huesos y entumecimientos agudos que llevan a los pacientes a quedar postrados por casi una semana.

Muela afirma que esta es la principal queja que reportan los enfermos durante la consulta de rigor. Además, asegura que los síntomas vuelven y por eso no se descarta que otra vez hayan enfermado.

La dolencia incluso hace que los pacientes deban permanecer en casa, lo que significa que no pueden laborar. A las autoridades les preocupan las tres fases de la enfermedad, por las que deben pasar, debido a que trastoca las actividades de la población.
Solo en las 24 instituciones públicas de la provincia, el 20% del personal tiene o tuvo el virus transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, según el Comité de Operaciones de Emergencia (COE).

La epidemióloga del distrito de Salud Esmeraldas, Diana Ortiz, señala que los enfermos están en la fase aguda, es decir, empezando el primero de los tres niveles del chikungunya. A partir del día 10, contado desde los primeros síntomas, se presenta la etapa subaguda, caracterizada por el retorno de los dolores, que se pueden extender por dos meses.

El período crónico llega cuando el dolor se concentra en una determinada parte del cuerpo y puede durar dos años, agrega Ortiz. En los servicios de salud pública, el costo económico para tratar el chikungunya no causa tanto impacto frente al reposo obligatorio que hacen las personas.

El director del hospital Delfina Torres de Concha, Juan Arce, hace una comparación: el costo del tratamiento de cada paciente representa al Estado USD 0,40, lo cual implica el suministro gratuito de paracetamol y sueros orales.

En cambio, para un jornalero que adquirió el virus y que se gana la vida con USD 10 o 20 diarios, la enfermedad si afecta su economía, ya que no consigue recursos por estar en esas condiciones. A esto se suma el gasto que deben hacer los pacientes mientras convalecen.

Por ejemplo, un frasco de suero oral para hidratarse, en una farmacia particular, cuesta USD 3. Esta bebida es esencial para conseguir la recuperación y los médicos recomiendan tomarla durante 10 días.

A estos problemas no escapan las instituciones públicas. En la Flota Petrolera Ecuatoriana se debieron organizar para cubrir las ausencias de los 60 empleados que enfermaron.

Sus puestos fueron cubiertos con el personal que hizo horas extras. Robert Valencia estuvo fuera de la empresa durante ocho días. Sospechó que estaba infectado cuando sintió un incontenible dolor en las manos y tobillos. “Quedé como pasmado. No me pude mover y mis compañeros me llevaron en brazos al hospital”. En la Dirección de Salud se armó un plan de turnos rotativos para suplir a los funcionarios que tenían que reposar a causa del chikungunya.

Así se evita que colapsen los servicios por falta de personal y es una estrategia que se aplica en otras 24 entidades. Para contrarrestar el avance del virus se hacen fumigaciones en barrios.

En contexto

La Dirección de Salud de Esmeraldas investiga el caso de una mujer que falleció hace dos semanas por posible automedicación. Ella fue considerada como sospechosa de chikungunya, pero, al parecer, no siguió las indicaciones y su condición de salud empeoró.

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