19 de February de 2010 00:00

En Esmeraldas, las lluvias han superado los índices históricos

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Redacción Esmeraldas

“Ahora ya no se sabe cuando es invierno y cuando es verano. El tiempo está loco”. Así reflexiona Felicísimo Guagua, refiriéndose a las intensas lluvias que cayeron la última semana en Esmeraldas. Esto afectó a 1 441 familias y provocó daños en 70 viviendas y en dos puentes, según datos de la Sala Situacional de esta provincia.

La cifra
117,3 mm cayeron el 15 de febrero en Esmeraldas. Ese día fue el que llovió más intensamente durante este año.

El campesino, oriundo de recinto Caimito, cantón Muisne, comenta que antes la época invernal llegaba, puntual, a fines de noviembre. Pero, esta vez el invierno recién se hizo presente a mediados de enero, dice.

Guagua está preocupada pues el desarrollo de sus cultivos de maíz, de fréjol,  de maracuyá, de pimiento... depende de las precipitaciones. “Si no llueve los productos no desarrollan y si llueve mucho, se pudren”, asegura, mirando como la lluvia cae sobre su finca.

Efectivamente, hay una alteración en cuanto a las lluvias. Al menos así lo perciben los técnicos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inhami). Según las estadísticas, para este mes, en la ciudad de Esmeraldas, por ejemplo, se esperaba un promedio de precipitaciones de 181,8 mm. Pero, hasta el día 18 llovió 213.3 mm. Es decir, 17% más de lo esperado.

Aún falta una semana para que concluya el mes, por lo que se teme que los índices rebasarán las estadísticas históricas, comenta Carlos Naranjo, técnico del Inhami. También dice que esta época se caracteriza por el incremento de la temperatura. Efectivamente, el mercurio de los termómetros marca por estos días temperaturas mínimas de 24 grados centígrados y máximas de 32.

De esta manera, las excesivas lluvias han puesto en prueba los deficientes sistemas de drenajes en barios barrios de Esmeraldas, Atacames, Muisne, San Lorenzo, Quinindé y La Concordia, que resultaron anegados. Pero, también la falta de precaución de los habitantes que se asientan en las riveras de los ríos, señala David Granados, coordinador de la Secretaría de Gestión de Riesgos, de Esmeraldas.

Se refiere a los habitantes de las comunidades de San Agustín, Las Cruces, Guapilar, Anchayacu, Papayal, Boca de Icuande y San Francisco que resultaron inundados por la crecida de los ríos Ónzole, Cayapas y Santiago. Granados comenta que la solución definitiva en la mayoría de casos seria la reubicación de los poblados en zonas altas. Sin embargo, los campesinos, como en el caso de Anchayacu, se niegan a salir del pueblo que heredaron de sus padres y abuelos.

Hoy se despacharon las raciones alimenticias para las 20 familias que se encuentran en albergues en Atacames y 54 en Ríoverde. Según los socorristas de la Defensa Civil, a cada familia, de cinco miembros, se le entrega una ración alimenticia para que pueda subsistir durante 15 días. Cada ración contiene 15 alimentos entre: arroz, azúcar, atún, aceite, fréjol seco, lenteja, sal, agua...

Con ello se quiere cubrir las necesidades emergentes de las personas que perdieron sus utensillos y muebles del hogar. Este es el caso de Santos Cherre, morador del barrio Porvenir, de la parroquia Súa, que perdió su casa. Con ansias esperaba hoy que lleguen los alimentos, pues no puede trabajar desde el miércoles, en el que una crecida del río Súa arrastró su frágil vivienda de caña guadúa. Hasta el momento, asegura, no puede trabajar. Es por ello que está vivienda de la ayuda de sus vecinos.

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