20 de November de 2009 00:00

Saber escuchar

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Enrique Ayala Mora

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La discusión de la Ley de Educación Superior ha despertado gran interés y bastante debate, no solo en medios universitarios, sino en toda la opinión pública. Reformar la Educación Superior es un imperativo nacional. Pero reformarla no quiere decir cambiarla de cualquier manera. Los cambios tienen que ser positivos, porque de lo contrario las cosas podrían ir peor. Y para eso se necesita diálogo de verdad, es decir, auténtica intención de oír al otro.  En una palabra, saber escuchar.

Ya hemos dicho que varias de las reformas que el Gobierno plantea para la Educación Superior son buenas. Pero también hemos advertido que su tendencia general al autoritarismo es del todo inconveniente. Un aspecto crucial del proyecto presentado a nombre del Gobierno por Senplades es que el sistema de Educación Superior quedaría dependiente de un funcionario con amplísimos poderes, nombrado y removido por el Presidente.

Pese a la unánime opinión de que esto está mal, la comisión parlamentaria que estudia el proyecto, no solo ha persistido en consagrar el autoritarismo, sino que lo ha radicalizado. En el proyecto Senplades, el Consejo de Educación Superior tenía una “Presidencia” y una “Secretaría Técnica”, que concentraban todos los poderes. En el informe para primer debate, esa secretaría desapareció, pero se creó una secretaría nacional, en otras palabras un ministerio, que preside el Consejo de Educación Superior, pero tiene atribuciones por separado, que le dan todo el manejo de las instituciones del sistema. Algo abiertamente inconstitucional.

La cosa está peor que antes, aunque justo es reconocerlo, en otros aspectos el informe de la comisión ha dado algunos pasos positivos, presionada por obtener una mayoría interna. Se suprimieron los exámenes de habilitación, se mantuvo al Fopedeupo y se incrementaron los miembros de procedencia universitaria del Consejo de Educación Superior.

Pero este último cambio, por ejemplo, no es relevante. El Consejo tiene pocas atribuciones efectivas, en tanto que el “Secretario de Educación Superior, Ciencia y Tecnología” maneja todo lo importante, al margen del Consejo. Por ejemplo, ese funcionario dictaría todos los reglamentos de la Educación Superior, atribución que en toda democracia tiene un organismo colegiado como el Consejo.

Las universidades hicieron bien al movilizarse pacífica, pero decididamente a favor de la autonomía, que podría ser eliminada al cabo de más de 80 años de vigencia. La Asamblea, con su Presidente a la cabeza, tienen que hacer que la Comisión de Educación oiga más a las universidades, que son sede de la razón, y menos al Senplades, sede de una visión vertical y autoritaria, que no calza en nuestras mejores tradiciones democráticas. Hay que saber escuchar.

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