crisis

14 de agosto de 2015 00:00

La escasez de alimentos se siente con más fuerza en el interior de Venezuela

Un grupo de personas hace fila en Valencia, 180 km al oeste de Caracas.

Un grupo de personas hace fila en Valencia, 180 km al oeste de Caracas. FOTO: FEDERICO PARRA / AFP

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Valencia, Venezuela

La indignación se apodera de una mujer que parte con las manos vacías tras esperar cinco horas frente a un supermercado para comprar pollo sin conseguirlo. La escasez, que agobia a los venezolanos desde hace más de un año, se acentúa en el interior del país.

Café, aceite, harina de maíz, jabón, detergente... En Valencia, una ciudad industrial al oeste de Caracas, tienen plantas de producción importantes empresas de alimentos y otros bienes, pero la lista de los productos más escasos y codiciados es larga.

El pollo es una de las joyas de la corona desde hace varios meses. Por eso es mayor la frustración de Lileana Díaz, recepcionista de la emergencia del hospital de Valencia, de 49 años.

“Llegué a las cinco y media de la mañana y no he podido comprar nada. ¡No puede ser que uno tenga que trabajar y, además, ponerse a hacer estas colas (filas) para volver con las manos vacías!”, exclama Díaz.

Las mujeres como Lileana son mayoría. Una de ellas cuenta que la semana pasada hubo personas que saltaron una verja para adelantarse y no respetar el orden. Dice que la Policía tuvo que reprimir para controlar el “zaperoco”. Otra muestra un moretón en su pierna derecha y detalla que se lo hizo en la “lucha” por unos pañales desechables.

En las últimas semanas, las “colas” se han vuelto más largas y tumultuosas, especialmente en ciudades del interior como Maracaibo, Puerto Ordaz y Cumaná.

La prensa nacional ha reseñado situaciones de tensión y conatos de saqueo en las afueras de los comercios. El pasado 31 de enero se registró un saqueo de dos negocios en San Félix (Bolívar), que dejó un muerto y decenas de detenidos.

El economista Pedro Palma señala que históricamente los gobiernos procuran “minimizar” en la capital “los problemas que están esparcidos por el territorio nacional”.

“Conviene evitar situaciones críticas en Caracas para no llegar a un estallido social con consecuencias realmente dramáticas”, dice Palma.

 “Las colas de la esperanza”

En la entrada de otro supermercado valenciano nace una fila que mide unos 50 metros. “A estas las hemos bautizado como 'las colas de la esperanza' porque adentro, en los anaqueles, no hay nada”, afirma Oscar Oroste.

Oroste, cocinero de 53 años, comenta que en el pasado reciente se hacían filas conociendo el producto que podía comprarse. “Ahora la gente está en cola pero no sabe qué venderán”.

Los venezolanos recorren supermercados y tiendas para abastecerse de productos básicos, cuyo precio está regulado por el gobierno. Sin embargo, algunos lo hacen para revenderlos en el mercado informal a un precio muy superior: un negocio ilegal conocido popularmente como “bachaqueo” y que según los economistas es otra de las causas de la escasez.

Egné Casano, ama de casa de 28 años que está de última en la cola, dice que en Caracas la situación es “un poquito mejor” : “Hace poco fui y vi que hay más oferta”.

Pero nadie sabe con exactitud la magnitud del drama. El Banco Central de Venezuela no presenta cifras de escasez desde marzo de 2014, cuando era de 29,4%.

Algunas firmas privadas advierten que el problema, exacerbado por la abrupta caída de los ingresos a raíz del desplome del precio del petróleo, ha aumentado considerablemente desde entonces.

"Un día de suerte"


El humor, la resignación y la rabia conviven en la cola de otro supermercado de Valencia, donde más de 600 personas aguardan bajo un sol inclemente para comprar un kilo de leche en polvo.

Una mujer jubilada, Graciela Durán, consiguió leche tras cuatro horas de espera: “Hoy tuve un día de suerte. A veces vengo y no llega nada”.

“Hacer colas inmensas es el pan nuestro de cada día”, declara Durán, protegiéndose del sol con una sombrilla y sujetando su pequeña compra con la otra mano.

Una decena de guardias nacionales se distribuye por la entrada y el estacionamiento en el que se mueve el gusanillo de gente, que se divide en grupos de 50 una vez que se anotan en listas sobre un cartón improvisado.

Un camión pasa, su conductor mira a la multitud y entona con sarcasmo entre carcajadas: “¡Patria, patria, patria querida!”, la canción que cantaba el fallecido presidente socialista Hugo Chávez y que suena con insistencia en canales gubernamentales y actos oficiales.

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