15 de December de 2009 00:00

Ernesto Kruger puso a la tecnología en movimiento

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Un teléfono celular y un maletín fueron las primeras herramientas que hace 16 años, de la mano de Ernesto Kruger, dieron vida a una empresa ecuatoriana (Kruger Corp.), y que ha acumulado más de 400 clientes en Ecuador, Colombia, Panamá, Argentina, Chile, Perú, Costa Rica y Estados Unidos.

Esta empresa desarrolla soluciones tecnológicas (software propio de gestión empresarial y gobierno electrónico) y desde hace dos años su trabajo se orienta en aplicar una ‘arquitectura empresarial’. Es decir, se trata de establecer un alineamiento entre las estrategias de una compañía, sus procesos y sus tecnologías; lo que ha permitido que cadenas de supermercados, de alimentos, una flota petrolera, una embotelladora, bancos de inversión  y entidades del Estado utilicen sus servicios con resultados exitosos.

Ernesto Kruger es un ingeniero electrónico cuya pasión es innovar y que ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales, como la distinción Gobernador Enrique Tomás Cresto en Argentina, como Líder para el Desarrollo por su aporte tecnológico. Por Kruger Corp. han pasado más de 400 profesionales y cuyas iniciativas han permitido crear unas nueve empresas vinculadas con la tecnología.

Entrevista a Santiago Roldós. Articulista, actor y director de teatro

‘La ley no se debió manejar de forma partidocrática’

Redacción Guayaquil

Como articulista de un medio de comunicación, muchos textos hacen referencia a escenarios que se pueden dar, lo que haría difícil su verificación. Con la actual propuesta de Ley de Comunicación, eso último haría impublicable sus artículos?

Claro, es una cuestión subjetiva. Pero al hablar de la Ley de Comunicación, lo interesante sería ampliar los límites del debate. Y habría que preguntarse, en primer lugar, por qué en la jerarquización de las prioridades del Gobierno, la Ley de Comunicación, que se discute, ocupa el puesto tan preponderante que ocupa. Para mí, esto es llamativo cuando hay muchas cuestiones que podían ser opinables en cuanto a esas prioridades.

¿Cuáles prioridades?

Una reforma del aparato productivo. Algo que a mucha gente, incluso a algunos periodistas, les parece absurdo como la discusión de una economía pospetrolera o no petrolera. Creo que en ese marco, la respuesta sería doble. Por un lado, este Gobierno ha puesto sobre la mesa debates necesarios, pero lo ha hecho con razones equivocadas y con argumentos a veces atrabiliarios. También, el Gobierno ha hecho una serie de cosas para garantizar su continuidad.

¿Una gobernabilidad que requiere una Ley de Comunicación como la que está en la Asamblea?  

Por eso, es la preminencia de este debate. Más allá de lo que pueda decir el discurso oficial de la prensa privada, por así decirlo, más allá de lo que se dice,  creo que es verdad que el propósito del Gobierno tiene mucho más que ver con un interés propio de garantizar el control del poder que con una profundización de la democracia o socialización de la comunicación.

¿Por qué está aquí?
Su experiencia. Guayaquileño. Articulista de la revista Vistazo. Colaboró inicialmente en las páginas de opinión de diario El Telégrafo, cuando pasó a poder del Estado. Tiene estudios de teatro en México. Es actor y director del grupo Muégano. Es hijo del ex presidente Jaime Roldós Aguilera.

Tomando en cuenta que hay un texto que no fue fruto de un debate que, inicialmente, fue anunciado.

Más allá de los actores que estén o no estén, si uno ve la página web de la Asamblea parecería que hay participación de muchos sectores, como el Sayce, que hace que se llegue a una medida que, en teoría, no se puede oponer, como el respeto a la producción nacional. Pero en los hechos se topa otra realidad. Por un lado, qué pasa con las radios que no transmiten música  y, por el otro, la crítica y autocrítica de los procesos de producción, de los contenidos nacionales que se producen. Podría decir, el típico ejemplo de los canales incautados.

¿A qué se refiere?

Más allá de la anécdota de Laura de América y demás, este Gobierno ha tenido mucho tiempo para cuestionar contenidos que afectan directamente a la comunicación social, que afectaban en la época cuando los Isaías lo manejaban y que siguen afectando ahora  y que el Gobierno eso parece ahora no cuestionarse. Quiero decir que, para mí, el problema sigue siendo que todo gira en torno a la política y la política entendida como rivalidad, como confrontación de espacios de poder. No a la política como el arte de lo posible, donde  evidentemente tendría que entrar un debate sobre educación, comunicación.

¿La expresión de eso está en el hecho que hay dos o tres versiones de una ley?

No debió manejarse de una manera partidocrática porque política lo es. El debate ha tomado tal beligerancia porque se le tiene miedo a la prensa.

Miedo, ¿por qué?

Porque el Presidente, en gran medida, es una construcción mediática. El increíble crecimiento de Rafael Correa en tan poco tiempo se debe a que Carlos Vera, Alfredo Pinoargote y Jorge Vivanco lo impulsaron. Ellos fueron sus principales valedores en el momento del nacimiento de su vida política. Además, los hermanos Alvarado, colaboradores del gobierno de   Bucaram, saben que la prensa jugó un papel protagónico en la caída de los gobiernos de Bucaram y de Gutiérrez.

Entonces, ¿será difícil pensar que se puede alcanzar un texto o un debate más consensuados?

Soy bastante pesimista al respecto. Creo que desgraciadamente, estos sectores que llamo los más coherentes con su discurso de siempre de Alianza País, ultimadamente han puesto un freno, temporalmente, solamente por un cálculo electoral. Creo que, desgraciadamente, no se está diciendo vamos reconsiderar porque filosóficamente se quiere hacer algo coherente. Lo que hacen es el cálculo de decir: Correa no será eterno y cuidado me enemisto con la prensa más allá de lo que tendría que enemistarme por mi futuro político.

Retomo la cuestión de que el articulista hace muchas veces proyecciones que pueden o no ser verificadas.

Hay una tendencia a creer que, por ejemplo, se pueda crear el rigor. Hacer una ley que obligue a los articulistas a ser rigurosos. Entonces, uno tiene que remitirse a ejemplos de otras realidades. No hay manera de controlar eso. También se tiende a una prensa ‘light’, deslavada. Un artículo de opinión debe ser provocador.

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