5 de December de 2009 00:00

El trabajo en equipo es menos frecuente

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Redacción Quito

¿Qué significa para usted  ser un buen  ciudadano?  Para José Pardo,  morador de la Loma Grande, en el Centro Histórico, la respuesta fue simple: mantener aseado el lugar donde vive y ser solidario con sus vecinos.  
 
Él vive en la Rocafuerte desde hace 25 años y afirma que cada tres días limpia  el frente de su vivienda. Dice que antes se tenía  la  costumbre de realizar  mingas los   domingos, antes o después de ir a misa.  “Ahora hay menos colaboración para limpiar la ciudad”.



La normativa
La Ordenanza  Municipal 213  establece que se debe cobrar una multa de USD 109 a quienes boten la basura en la vía. Según el Municipio, el plan para evitar este problema arrancará en 2010.
La recolección  de la basura está a cargo de la Empresa Metropolitana de Aseo (Emaseo) y del Consorcio Quito Limpio.
Emaseo cuenta  con 99 carros recolectores de desechos y recoge la basura del norte y las 33 parroquias. Quito Limpio recoge los desperdicios del sur y tiene 14 vehículos.
Cerca de 342  barrenderos limpian las calles de la ciudad, recolectando más de media tonelada de basura diariamente.

Esa falta de solidaridad es lo que también desmotiva a Julia López, quien vive en el sector de Las Casas, en el noroccidente. Ella  reside allí desde hace 15  años,  pero afirma que nunca ha participado en  una minga para adecentar su barrio. “La gente ha perdido el sentimiento de comunidad. Pero eso todavía no se pierde en el sur de la ciudad. Allí parece que hay más unidad”. 

La afirmación de López se evidenció en la minga convocada por el Municipio en octubre pasado. En esa ocasión hubo poca acogida por parte de la ciudadanía. Pero,  según las cifras oficiales, hubo 250 000 personas ayudando a limpiar la ciudad. La zona que mejor trabajo realizó fue  la Administración Sur Eloy Alfaro, donde participaron 150 000 vecinos. Otro barrio que colaboró  masivamente fue La Tola.

 Pero para  Kléver Freire, colaborar en las mingas y  limpiar el frente de las casas no es suficiente para ser un buen ciudadano. Él trabaja como guardia de seguridad en un edificio,  en la av. De los Shyris, en el norte. Él reclama que los jóvenes han convertido este lugar en una cantina y en un urinario. Para Freire, los valores ciudadanos de respeto a los espacios públicos ya no existen.
   
Jorge V., quien visita con frecuencia este lugar los fines de semana, acepta que no tiene empacho en dejar  las botellas vacías en la calle e incluso orinar en los postes durante las farras del fin de semana.  El problema -dice con ironía- es que no hay suficientes baños públicos.

Paola Ortega ha sido testigo de los atropellos a los bienes públicos. Ella vende caramelos frente a la tribuna De los Shyris desde hace cinco años. “Los jóvenes beben desmedidamente y no cuidan su ciudad, la ensucian”.
 
Pero esto no es una justificación para Elizabeth Sosa, estudiante de la Universidad Central. Para ella, el problema es que la gente es muy descuidada. “Todos respiramos el mismo aire, pero a  nadie le importa cuidarlo”.
 
Los fines de semana, feriados, fiestas de Quito y Navidad, la basura tiene mayor presencia en los parques y lugares de concentración masiva. Según la Empresa Metropolitana de Aseo, en 2008 se recolectaron 283 690 toneladas de basura. El promedio mensual de residuos producidos es de 46 000 toneladas. La cifra aumenta en diciembre, cuando se llega hasta las 49 000 toneladas.
  
A criterio de Susana Albán, moradora de Solanda, la mejor manera de ser buen ciudadano es ensuciar menos el entorno y cuidar los bienes públicos.

‘Ya no hay sentido de solidaridad’

Punto de vista Karen Enríquez/ Estudiante de Sociología

Cuando  escuchábamos las historias que nos contaban nuestros abuelos  siempre  idealizábamos al vecino, al panadero, al tendero, al señor que vendía la leche. Se  relataban los logros que conseguían para el barrio con el trabajo en equipo, con el esfuerzo conjunto entre vecinos. 

Lastimosamente, los relatos que nuestra generación cuenten a la siguiente no estarán cargados de esos componentes de colaboración y solidaridad. Ahora vivimos la época de la modernidad y con ella ha venido un nuevo paradigma: el individualismo. La búsqueda del bienestar propio y la falta de sensibilidad hacia los otros, hacia la comunidad. 

Las nuevas generaciones ya no se interesan por ayudar al vecino, ni saber qué necesidades pueda tener el panadero. Ahora solo nos interesa nuestro propio bienestar. Y, sí, no miramos más allá de nuestra propia conveniencia. Ahora es muy difícil encontrar gente reunida para hablar sobre los problemas que aquejan a los barrios. A esto se suma  el irrespeto a los bienes comunes como parques, veredas, teatros, cines... Hace falta recordar las historias de nuestros abuelos y por qué no también  recuperar  sus valores.

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