20 de septiembre de 2014 20:49

El poder no es la cura para todos los males

Expresidentes del Ecuador: Osvaldo Hurtado, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén y Jamil Mahuad.

Expresidentes del Ecuador: Osvaldo Hurtado, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén y Jamil Mahuad.

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Arturo Torres y Paúl Zamora

Las enfermedades de los mandatarios no solo se presentan como sucesos imprevistos. También son el precio personal que deben pagar por la extenuante labor en entornos difíciles, de gran complejidad.

¿Cómo afrontaron esas circunstancias cinco de ellos?

El expresidente Abdalá Bucaram no pierde el sentido del humor. Incluso en las circunstancias más adversas.

“Yo estoy bastante bien, muy fuerte, con todas las facultades”, comenta vía telefónica, a pocas semanas de haberse sometido a una operación del corazón por una arritmia, en un hospital de Houston, EE.UU.

El exmandatario padece una miocarditis que lo ha llevado al quirófano tres veces. “Diría que estoy mejor de lo que mis enemigos desearían… Ayer jugué un partido de fútbol de 90 minutos. Estoy comiendo chancho, carne apanada, guatita”, comenta mientras advierte que deberá someterse a una última intervención quirúrgica.

La vida del expresidente ha estado marcada por la informalidad. Durante su fugaz paso por la Presidencia (seis meses) recuerda que se rompió los meñiscos jugando fútbol.

¿Qué hace para cuidar su salud? “Hago deporte para mantener baja la glucosa y sexo porque me encanta; leo porque soy un enfermo de la lectura y toco guitarra, me fascina la música”.

La informalidad de Bucaram contrasta con las rutinas más disciplinadas y cautas de otros expresidentes. Uno de ellos es Osvaldo Hurtado, quien mientras fue presidente (1981-1984) era cuidadoso con la alimentación y jugaba tenis dos veces a la semana. “Nunca tuve problemas serios de salud, excepto los últimos días de mi mandato, cuando me dio una parálisis en todo el cuerpo”. Inmediatamente, lo llevaron en ambulancia al Hospital Militar, donde le diagnosticaron una contractura muscular por la tensión acumulada. Durante dos semanas recibió terapia.

“Nunca he bebido ni fumado, como poco. En la Presidencia, incluso, suprimí un plato porque había una entrada, una sopa, un plato fuerte y un postre”.

Hurtado asegura que la Presidencia nunca lo obsesionó. “No eché de menos ningún privilegio, fue un alivio dejar toda la parafernalia, los honores”.

Tan deseoso estaba de terminar su mandato que el último día, mientras salía del Congreso luego de entregar el mando, se tocó un fragmento del himno de la Alegría de Beethoven.

Tras dejar la Presidencia, en 1984, Hurtado en general ha mantenido una buena salud, aunque ha sufrido de una hernia inguinal, por cargar maletas durante sus múltiples viajes, y el 2000 sufrió un grave accidente de tránsito, que le ocasionó golpes en la parte derecha de la cabeza, de los cuales también se recuperó.

Orgulloso, Hurtado cuenta que su oficio favorito para mantenerse en forma es la jardinería. Todos los fines de semana acude a una chacra que tiene en Guayllabamba y trabaja para mantener los jardines, cargando tierra y piedras en carretilla, colocando abono y cuidando sus plantas y flores. “La jornada en el campo es muy dura, pero me gusta trabajar con las manos”.

Borja y su golosina 

Apenas dejó el poder, el expresidente Rodrigo Borja se ocupó de lleno (12 horas diarias) en redactar su Enciclopedia de la Política , con lo cual ahuyentó los fantasmas de la melancolía y la añoranza del poder. Así mantenía ocupada su mente, alejada de cualquier preocupación. “Sustituí la pasión política por la pasión por escribir, eso me engolosina”.

En la Presidencia mantuvo un régimen disciplinado de ejercicios para mantenerse saludable. Cuando se mudó a Carondelet llevó consigo su máquina caminadora y un equipo de pesas, que ocupaba religiosamente una hora al día, muy temprano antes de empezar su jornada, a las 08:00.

En su vivienda, en Cumbayá, Borja aún mantiene esos equipos para ejercitarse a diario. Para mostrar su buen estado físico repentinamente levanta la pierna derecha y la coloca sobre la barra de la caminadora y realiza un estiramiento, como en sus mejores tiempos. En esa época, a inicios de los 50, era un deportista consumado: jugaba básquet y fútbol y le encantaba el boxeo.

Precisamente por su afición deportiva durante su mandato debió usar muletas durante dos meses. Mientras estaba en una reunión de presidentes en Costa Rica, Borja conoció al entonces mandatario George Bush (padre), quien le preguntó si practicaba tenis. “A mi mujer le llevo a algunos viajes pero a mi raqueta a todos”, respondió Borja, y arrancó las carcajadas de Bush, quien lo retó a jugar un partido al día siguiente. Durante el juego el expresidente se lesionó la pantorrilla de la pierna derecha por falta de estiramientos.

Un tabaco al día

Todos los días después del almuerzo, Sixto Durán Ballén fuma un tabaco. No obstante, “tengo los pulmones claritos”.
Desde cuando estuvo en la Presidencia (1992), sin embargo, padece dolores en la columna vertebral. Recuerda que a las pocas semanas de asumir el cargo empezó a tener problemas para caminar.

En Washington se sometió a una cirugía y una subsecuente recuperación fallida tuvo efectos a futuro. A las tres semanas de su operación debió afrontar la inundación en La Josefina. La segunda cirugía fue en 1995 y a los pocos días empezó la Guerra del Alto Cenepa. El secreto -subraya- es tomar las cosas con una sonrisa. “No me dejé jamás llevar de lo que pudo haber sido un impulso de autodefensa, de protestar o aclarar ante las críticas”, comenta Durán Ballén, quien hace siete años se colocó un marcapasos.

Las afecciones de Mahuad

Las enfermedades de mandatarios no solo se presentan como sucesos imprevistos, sino también pueden ser parte del precio personal que deben pagar por la extenuante labor en entornos difíciles, susceptibles de provocar a los gobernantes patologías relacionadas con el estrés, sostiene el médico Ricardo Hidalgo Ottolenghi.

Uno de esos casos es el del expresidente Jamil Mahuad. En marzo de 1997, Mahuad, entonces alcalde de Quito, sufrió en Barcelona un infarto cerebral hemorrágico que comprometió gravemente su salud.

Dos años más tarde, ya en la Presidencia, la madrugada del 15 de marzo de 1999, después de un viaje a Brasil, Mahuad fue sometido a una cirugía para tratar una cistitis hemorrágica. Al día siguiente, mientras se reponía del largo viaje y de la intervención, portando una molesta sonda vesical, Quito amaneció convulsionada por el bloqueo de sus calles de unos 15 000 taxistas. “Esa mañana, cuando hablé con su edecán, recuerdo haberle dicho: ‘el señor Presidente no está en condiciones de afrontar el paro’. Pero mi advertencia no sirvió de mucho”, revela Hidalgo, quien era el cardiólogo encargado de velar por su salud.

Afectado gravemente por una enfermedad inesperada -destaca Hidalgo- Mahuad no estaba en sus mejores condiciones físicas y anímicas para enfrentar uno de los períodos más convulsivos de las últimas décadas, que acabó con su abrupta salida del poder.

Mahuad vive asilado en Boston. El Estado pide a EE.UU. su extradición, luego de que fuera sentenciado a 12 años de prisión, como presunto autor de peculado, lo cual es impugnado por su defensa que ha denunciado una serie de violaciones al debido proceso.

Fuentes cercanas al expresidente comentan que está bien de salud. Prefiere alimentarse con frutas y vegetales y practica la meditación.

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