14 de February de 2010 00:00

‘Estar enamorado es como estar drogado’

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Ivonne Guzmán,
Editora de  Siete Días

Allá por el año 92 se bajó de un avión con la novedad de que el amor romántico no era más que una conexión neuronal alimentada por diferentes sustancias químicas; y que dura una insignificancia: tres años. 



Para Pablo Cuvi  es difícil definir su profesión, porque aunque se graduó de sociólogo, tiene varias ocupaciones: editor de libros, escritor, periodista, fotógrafo... Va por su tercer matrimonio, aunque jura que no  cree en dicha institución.

Un jarro  decorado con corazones reposa sobre su escritorio y lo pone algo incómodo... lo mismo que cuando se le pregunta si finalmente cree en el amor.“Yo venía de Nueva York y me encontré con una Time cuya portada hablaba de la química del amor; como trabajaba en La Televisión, salí a la calle a preguntar a la gente qué opinaba de que el amor sea pura química y  dure tan poco… La sorpresa para mí fue que la gente coincidía plenamente con ese planteamiento”, dice Pablo Cuvi, quien es frecuentemente acusado de no ser romántico, es más, de ser “demasiado frío”, y quien entusiasmadísimo quiere empezar esta entrevista contando su más reciente teoría sobre el amor y la política…
 
A ver, ¿cuál es su teoría?

Que la clase media quiteña se enamoró de Rafael Correa; perdió la cabeza.

Eso es evidente…

La desgracia es que la clase media quiteña perdió la cabeza por alguien que no la quiere. Y si recordamos que los estudios de la Time decían que el amor dura tres años, podemos ver que justo al cumplir tres años de Gobierno esta clase media, de acuerdo a las encuestas, está empezando a perder el amor por Rafael Correa.

¿Por qué la clase media quiteña se enamoró perdidamente de Correa?

Está más enamorada que ninguna otra clase media del país. Un estudio de la Flacso que evidencia que la clase media guayaquileña sí tiene motivos para identificarse con Correa, pero que los quiteños no,  concluye que los quiteños se odian a sí mismos y esa sería la razón del enamoramiento...

¿Igual que cuando nos enamoramos de alguien que nos trata mal?

Claro, uno va y se enamora del que no le conviene.

Dejemos la política y ahora cuénteme ¿por qué cree que nos inventamos el amor?

Hay dos instintos básicos que debemos satisfacer como sea: el de supervivencia y el de reproducción. Y como somos animales simbólicos, cargamos de símbolo y de lenguaje todo. Por eso no solo arrancamos un pedazo de carne y listo, sino que creamos la gastronomía. Con el amor es lo mismo, y nos inventamos toda esta historia, cuya última manifestación es el Día de San Valentín,  cortesía de los centros comerciales.

¿La sociedad de consumo ha reinventado el amor?

El amor es una larga invención;  más que nada un sistema de regulación de las relaciones sexuales.

¿El amor vendría a ser una especie de metáfora?

Sí, de nuestra forma de vivir, de esa necesidad básica de reproducirnos, pero que se expresa de distintas maneras.

Entonces,  ¿el amor sí es una invención?

A ver, el amor basado en el instinto es muy real, las formas de expresarse sí son invenciones culturales, que van variando.

¿Se puede comprobar que se trata de una entelequia?

Si nos referimos a la base química sí, aunque eso es muy reduccionista. A una alumna le mandé a preguntar a un neurólogo cómo funciona la química del amor y él le respondió:  “Dile al Pablo que no sea tan pendejo”. No es que yo crea solo en la dopamina o la feniletinamina, pero sí es cierto que cuando estas sustancias funcionan  perdemos la cabeza.

Nos sacan de la realidad...

Claro, creo que Ortega y Gasset dijo que el amor es un estado de estupidez temporal. Se puede decir que la gente enamorada está como drogada.

¿Cuál sería el antídoto?

No hay antídoto.

Hay quienes dicen que es el matrimonio...

(Risas) Bueno, claro... y ahí sale otra cosa: el lenguaje del amor es el  de la mentira, del engaño y el autoengaño, como lo es el lenguaje de la política y del poder.

¿Por qué?

Lo explico respondiendo a la pregunta del antídoto, que no es más que la realidad. Cuando se aterriza en la realidad, el amor como droga no va más... porque al principio vives un engaño –y lo mismo pasa entre las masas y el líder–. El matrimonio es el lenguaje de la verdad, el lenguaje del día a día; y ahí comienza una fase  heroica, porque ya no estás drogado.

Se acepta el desengaño...

Exacto,  y ahí ya pasas a algo que puede ser la amistad, que es mucho más difícil que el amor, porque es un proceso de años. Es un juego mucho más fino y largo.

Para terminar, dígame lo primero que se le venga a la cabeza al escuchar las siguientes frases, como esta de Napoleón: “El amor es una tontería hecha por dos”.

Napoleón estuvo enamorado a muerte de su Josefina y ella lo despreciaba. Las cartas de amor que él le enviaba, ella las leía en el lomo de sus amantes; así que ninguna tontería.

Probemos con una de Jean B. A. Karr: “Estar enamorado significa exagerar desmesuradamente la diferencia entre una mujer y otra”.

Sí, es el efecto de la droga.

La última, de John Donne: “Pueden amar los pobres, los locos y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados”, ¿a quién le recuerda?

(Largas risas) Los hombres ocupados se aman a sí mismos; corrígele la frase a John Donne.

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