17 de diciembre de 2015 22:13

Empresario da la sorpresa en la campaña presidencial de Perú

César Acuña es propietario de tres universidades en Perú. Foto: Wikicommons

César Acuña es propietario de tres universidades en Perú. Foto: Wikicommons

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Agencia AFP

El rico empresario César Acuña está siendo la sorpresa de la campaña presidencial de Perú, al encaramarse al tercer puesto en los sondeos, pese a los cuestionamientos sobre el origen de su fortuna.

Poco conocido a nivel nacional hace escasos meses, Acuña, de 63 años, está capitalizando según muchos analistas, el hartazgo de la población con la clase política tradicional impregnada de corrupción.

Según un reciente sondeo de Ipsos, Acuña, que tiene un 13% de preferencias ha dejado atrás al viejo zorro de la política peruana, Alan García, quien aspira a su tercer mandato.

Por delante tiene todavía que superar al 33% de las preferencias de la favorita Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, preso por corrupción y crímenes contra los derechos humanos, y al economista de derecha Pedro Pablo Kuczynski, con 16%, ambos estancados desde inicios de año.

Acuña tiene todavía mucho espacio para crecer, según consultora de riesgo político, Eurasia Group. "Sus credenciales de empresario pueden hacerle ganar votos en la clase media urbana", vaticina en un informe.

Originario de Cajamarca, en los Andes peruanos, Acuña a quien le cuesta leer de corrido, es propietario de tres universidades, ingeniero químico y tiene un doctorado en Educación de la Complutense de Madrid.

Recientemente, ha reclutado al estratega argentino-brasileño Luis Favre, quien ya asesoró las campañas ganadoras de Lula y Rousseff en Brasil y de Ollanta Humala en Perú.

"Un hombre de éxito que quiere ser político, no comete un delito", dijo el jueves Luis Iberico, presidente del Congreso y miembro de Alianza para el Progreso (APP), agrupación que Acuña fundó en 2001 y actualmente preside.

Acusaciones serias

Su carrera política ha ido en ascenso desde que ingresó al Congreso en el 2000. Fue alcalde de la ciudad de Trujillo, arrebatándole esa cantera al Apra de Alan García, y luego presidente de la región La Libertad, cargo que dejó en enero para aspirar a la presidencia de Perú en las elecciones del 10 de abril próximo.

En videos difundidos en Youtube de cuando era alcalde aseguraba que habría "plata como cancha" (dinero a raudales) para sus colaboradores, una frase que ahora usa para decir que destinará "plata como cancha para educación" pues, de llegar a ser presidente, invertirá el 6% del PIB en ese sector.

Acuña ha empapelado la ciudad con su rostro y dice pertenecer, según una campaña de TV, a una "raza distinta" que busca superación. En el plano personal, su exesposa lo acusa de violencia familiar, pero él lo niega.

Según una reciente denuncia del diario El Comercio, donantes fantasma, bajo nombres de trabajadores de sus universidades, habrían aportado fondos para su campaña. "El presidente del partido no está pendiente de quién aporta y quien no aporta", sostuvo Acuña, aunque asegura que todos los aportes que recibe, son lícitos.

Sus rivales exigen que se investigue su fortuna. "Hay unos paneles enormes en todo el Perú (con el rostro de Acuña). ¿Quién gana tanta plata? ¿Tan grande es el negocio de la educación?", dijo el expresidente Alejandro Toledo, quinto en las preferencias para suceder a Ollanta Humala.

Perdón de los pecados

Pero Acuña aparece incólume a las críticas, a diferencia de sus contrincantes. Fujimori arrastra el pasivo del padre, García con una imagen mellada por indultos a narcotraficantes en su segundo gobierno y Toledo es investigado por lavado de activos.

"La insatisfacción con el sistema político que funciona como un agujero negro y atrae indecisos, que en total deben ser los 2/3 de los electores", explica a la AFP el director de la consultora Vox Populi, Luis Benavente. "Todos están estancados y el único que se ve con potencial es Acuña, es el candidato de moda", agregó.

Acuña se ha preocupado en las últimas semanas de reclutar figuras independientes en su partido, lo que amplía su base y logra que hablen de él. "La rabia contra el sistema político puede ser tan fuerte que el electorado podría perdonarle los pecados", sostiene.

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