10 de julio de 2014 00:00

Las empleadas son engañadas por bandas que roban viviendas

Las asistentes domésticas son engañadas por delincuentes. Foto: Archivo EL COMERCIO

Las asistentes domésticas son engañadas por delincuentes. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Sara Ortiz.  Redactora 
ortizs@elcomercio.com

La mujer explicó al juez que su única intención fue “ayudar a los jefes”. Yadira Y., de 32 años, contó que un desconocido llamó a la casa en la que trabajaba y le dijo que su jefe se encontraba detenido por deudas e iban a embargar todos sus bienes.

“Me explicó que para evitar que la Policía se lleve las cosas, debía poner en una maleta los objetos de valor y entregárselos en 15 minutos, cuando pasara por la esquina de la casa”, explicó la mujer, en una audiencia de flagrancia. Siguió esas instrucciones y se convirtió en víctima de este tipo de estafa.

Entonces, la violencia no es lo único que usan las bandas delictivas para robar casas. Una modalidad consiste en engañar a las empleadas para que ellas entreguen joyas, equipos electrónicos, dinero, títulos de propiedades y otros bienes.

De la forma más tranquila se llevaron cerca de USD 16 000, entre joyas, dinero y equipos electrónicos del departamento de Sofía C. (nombre protegido), otra afectada. Fue el 24 de junio pasado.

Recuerda que se encontraba mirando un partido de fútbol en el trabajo cuando recibió la llamada de su empleada, quien le dijo que se alegraba que ya esté libre.

La mujer le preguntó qué sucedía y la trabajadora le contó que entregó todos los bienes a unas personas que le dijeron que estaba arrestada y que necesitaban dinero para liberarla.

Sofía C. denunció su caso en la Fiscalía y ahora se encuentra en investigación. A partir de este hecho, ella supo que no es la única perjudicada.

En el 2013, en la Fiscalía de Patrimonio Ciudadano, en Quito, se abrieron 43 investigaciones por robos similares. Un fiscal que investiga estos hechos indica que esta modalidad es una estafa que se basa, sobre todo, “en la confianza”. “Si en la tercera llamada la empleada no se ‘come el cuento’, el ladrón busca otra víctima”, asegura el funcionario, que prefiere que su nombre no sea publicado.

Una segunda característica de estas bandas son los trabajos de Inteligencia que previamente realizan a posibles víctimas.
Los agentes saben que no las escogen por casualidad.

Preguntan a guardias de condominios o vecinos sobre los nombres de personas que habitan la casa que planean asaltar.

“Me espeluznó saber que los delincuentes conocían que yo vivía solo con mi madre enferma”, contó Sofía C.

A Yadira Y., en cambio, le indicaron el lugar de trabajo de su empleador, le dijeron que conocían a las hijas casadas de su jefe y le dieron los nombres de los miembros de la familia.

También le indicaron un lugar en donde debía llevar una maleta con las pertenencias.

El 8 de diciembre pasado, Yadira entregó USD 40 000 en joyas, dinero en efectivo, cámaras y computadoras portátiles.

En la Unidad para Descubrir Autores, Cómplices y Encubridores de la Fiscalía (DACE), hay 47 denuncias en este año, cuatro más de las que se reportaron en el 2013. En todos los casos, los afectados señalan las misma modalidad delictiva.

Los agentes de la Policía Judicial creen que detrás de los atracos está una banda, posiblemente integrada por al menos 10 personas.

Una tercera característica de estas agrupaciones es que siempre hay una mujer. La empleada de Sofía recordó haber visto a una chica alta y rubia que se llevó la maleta en un auto. Yadira también mencionó a una mujer que le presentó un carné en el que decía ser la abogada de su empleador.

A través de las denuncias reportadas, la Fiscalía ha establecido los lugares en donde operan. En la capital, estos robos han ocurrido en los sectores de El Condado, El Bosque, Quito Tenis, Cumbayá y Tumbaco.

En Guayaquil, Cuenca, Ambato, Ibarra y Loja, hay reportes de esta modalidad de robo en barrios en donde viven personas con poder adquisitivo.

A Geovani S. de 34 años le ocurrió algo similar. En su caso no fue a la empleada doméstica sino a su suegra, pues era la que se quedaba en casa y le ayudaba en el cuidado de sus hijos.

Ocurrió hace unos tres meses cuando él y su esposa se encontraban en sus trabajos. La mujer que le robó incluso habló con él a través del teléfono. “Me llamó mi suegra a decirme que había una amiga de mi esposa y que necesitaba que le entregue unos productos de belleza. Le pedí a ella que me dejara hablar con esa persona y yo mismo le comenté que mejor regrese en la noche y hable directamente con mi esposa”.

El único error que cometió Geovani fue colgar la llamada tras hablar con la desconocida. Ese detalle aprovechó la mujer para cambiar la versión.

La sospechosa le aseguró a la suegra de Geovani que él autorizó llevar USD  3 500 en productos. “Como esa mujer no tenía en qué llevar las cosas, mi suegra le dio mi maleta”. Este caso también se investiga, al igual que a Yadira Y. Ella explicó en la audiencia que nunca violaría la confianza del dueño de la casa. A pesar de sus argumentos, un juez ordenó su prisión preventiva por un presunto abuso de confianza.

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