19 de July de 2009 00:00

Los emos se pintan de negro y de fucsia

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Redacción Guayaquil

Un mechón de cabello cubriendo el ojo, yin ajustado, una  camiseta rosada, un pañuelo café en el cuello, zapatos  converse... son algunos  de los estilos que caracterizan a los  jóvenes ‘emo’.



 Un estilo de vida
La música    es uno de los elementos que marca a la cultura emo. El pos hardcore, un género derivado del rock,  pone la  nota en esta comunidad.
Algunos     no se despegan de sus iPod’s.  Los audífonos vibran en sus orejas con los acordes de Fugazi, Silver Einsten, Mineral, My Chemical Romance,   algunos de sus grupos favoritos. 
En Guayaquil,   los emos se  integran en familias. La comunidad Emo es una de las más grandes, con 300 miembros.   También están la  Emotional Hardcore y  la  Black Roses Family. En   el país la cifra de emos llega a los 600. 
El 26 de abril      es el día mundial del derecho emo. En esa fecha  se organizan marchas y conciertos.  Eucla   es una organización formada por las comunidades emos de 46 países en el  mundo.

Don Izra, como se hace llamar uno de los miembros de la comunidad Emo  en Guayaquil, prefiere usar el cabello en punta. Dice que eso es solo parte de su personalidad. “El sentimiento te dice que eres emo. No es solo tener un flequillo o vestirse de negro,  es algo que va más allá de una moda. Es ser original”.
  
Algunos  chicos se peinan  al estilo de dibujos animados  japoneses. Otros resaltan sus ojos con delineadores oscuros. Usan uno, dos, tres y hasta cuatro ‘piercings’ en el  rostro y  una variedad de pulseras. La idea es ser distintos. 

“Esto es algo radical”, dice   Génesis mientras luce su último peinado. Un gran lazo marrón se levanta sobre el cerquillo negro que oculta su frente. “Cuando salgo de la casa mi mamá me pregunta si voy a salir   así.  Yo le digo   que sí, esa es mi forma de ser”.

Pero más allá del atuendo o de los accesorios,  el emo tiene sus convicciones.  “Para ir al trabajo  o al colegio nos escondemos  el flequillo, nos sacamos los  aretes, usamos otra ropa. Pero igual todos saben que  eres   emo”, cuenta Repul, un joven de cabello teñido de rojo, otro de los miembros de la comunidad Emo.   

El nombre emo   viene de  emotional -emocional-. En   varios países, esta cultura  se  relaciona con el suicidio y la depresión.

Para la comunidad Eucla (Emos Unidos Contra Antiemos en  Guayaquil), esas dos características están de más. “Nuestra ideología se resume en tres palabras: sé tu mismo. No queremos matarnos... Los padres y la gente deben informarse bien antes de lanzar un  prejuicio”, dice Cachito,  miembro de la comunidad.

La  falta de conocimiento sobre esta cultura juvenil provoca que los chicos sean blanco de discriminación y críticas. El grupo Eucla, por ejemplo, se reúne   los sábados en el parque de la ciudadela Vernaza Norte de Guayaquil. “Es el sitio de encuentro desde que nos botaron del mall. En todas partes nos ofenden.   Nos insultan cuando vamos por la calle y hasta nos tachan de homosexuales. Simplemente no respondemos porque sabemos que no es así”, comenta Mac Boy,   mientras gira la cadena que cuelga de su pantalón raído.

El rechazo es uno de los temas de los ‘chats’    en Internet. En las redes sociales, entre emoticones y palabras entrecortadas, los emo  se dan apoyo entre sí.

Un ‘click’ los lleva a navegar por  páginas con íconos fucsias y fondos de pantalla negros. ‘Yoo girl’, ‘cool’, ‘purple’, ‘emocósmico’, ‘angel poet’ son algunos de los nicks -sobrenombres- que usan en la web y fuera de ella.    En el Hi5,   en el Faceboock o en My Space  cuelgan sus últimas fotos y sus comentarios sobre los  antiemo.



“Ser emo es para toda la vida. Es algo que
incluso traspasa
el tiempo”.
Repul
Miembro de comunidad Emo   Guayaquil“No nos cortamos, no tenemos huellas en las  manos”, comenta Riss, otro miembro de Eucla Guayaquil. Para demostrarlo, el resto de chicos de la comunidad muestra sus muñecas. No hay cicatrices, solo una   pulsera en común de tonos    negro, blanco  y  fucsia.
Pero el rechazo incluso llega a las aulas. “En los colegios, las orientadoras nos dicen que somos locos. Nos mandan  al psicólogo,  creen que estamos enfermos”, relata  Mafer.

Junto a un grupo de amigos, Karina Medina quiso descubrir más del mundo de los emo   en Guayaquil. “Se decían muchas cosas, que son suicidas, que andan deprimidos y hasta que siguen la ideología de una chica que se mató en Inglaterra. Queríamos saber quiénes eran en realidad”, cuenta la estudiante.

Fue así como surgió   el documental ‘Emos: moda o un estilo de vida’. La comunidad Emo  Guayaquil fue su guía, un grupo de más de 300

“No nos cortamos, no pensamos en el
suicidio.  Solo somos diferentes”
Don Izra
Miembro de la comunidad Emo Guayaquiladolescentes de entre 15 y 21 años. “Descubrimos que la fiebre emo  comenzó en 2005, en la ciudad y que son una gran familia. Pero sobre todo vimos que no piensan en el suicidio, ni se andan cortando”. 

El psicólogo Eduardo Tigua asegura que la clave está en conocerlos.     “Es verdad que la filosofía emo  tiene tendencias  depresivas. Pero eso no se da en el país.  Aquí los chicos  buscan ser diferentes”. Para el especialista,   la  comunicación es el vínculo  que deben trazar los   padres para saber los   que sienten sus hijos.

Punto de vista.  Samuel Merlano/ Psicólogo
‘Hay que saber  de esta cultura’

 La mayoría  de   chicos emo  es adolescente,    una  etapa en    la que  buscan     personalidad e  independencia, ya   no quieren que    los   adultos  conduzcan sus  vidas.
Esto se agudiza cuando los padres  no tienen una comunicación. Solo les dicen que son   rebeldes y los cuestionan: ¿Por qué eres emo?, ¿por qué te vistes así?, ¿por qué usas ese peinado?  

 Pero los padres deben escuchar lo que   sienten sus hijos para  mantener  la vinculación afectiva.   Así el chico    sentirá a sus padres como amigos, porque no lo critican ni lo ofenden, sino que entienden su mundo.

Muchos desconocen   la cultura emo. Cuando ven a un grupo   caminando piensan   que es  una pandilla y lo rechazan.     Esa  es la reacción de la sociedad ante lo que no conoce.    Para romper ese círculo  hay que   conocer cómo es el emo  en realidad.

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