11 de December de 2009 00:00

Las emociones “negativas” sí ayudan

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Generación tras generación, la humanidad ha transmitido a sus sucesores un consejo que aparentemente brilla como el oro pero que podría estar hecho de bambalina: “Entierra todas las emociones negativas, maquíllalas con una sonrisa y reprímelas para siempre”. Sin embargo, nuevas perspectivas e investigaciones han empezado a revelar que las mal llamadas “emociones negativas” serían más útiles y positivas de lo que jamás se pensó.

“Ningún sentimiento hace daño si lo sabemos aprovechar fructíferamente”, explica la psicóloga personal Sigrid Lange, autora del texto ‘El libro de las emociones. Siento... luego existo’. Como ella señala, el cuerpo emocional (“el conjunto de herramientas energéticas que posee cada uno para relacionarse óptimamente con la realidad que vive en cada momento”) es una guía que cada persona debe saber leer, aceptar y comprender para poder vivir una vida sana y feliz. “Permitiéndonos sentir y expresar cada sentimiento con autenticidad, se enriquecen y se mantienen transparentes nuestras relaciones”, comenta la autora, recalcando que todos los sentimientos y todas las emociones tienen una razón de ser.

La rabia, por ejemplo, advierte sobre una persona o situación que está traspasando los límites personales y debe detenerse; la tristeza, por su parte, señala que se ha perdido  algo de valor y es necesario llevar un duelo. Así, todas las sensaciones aparentemente desagradables advierten sobre situaciones que necesitan una atención inmediata. Si se las acepta, serán procesadas internamente y ayudarán a comprender la realidad, permitiendo tomar decisiones. 

La terapeuta sistémica Veva Yépez indica que el secreto radica en permitirse sentir la emoción sin prejuicios, reconociendo que no es mala sino  una alerta sobre situaciones externas, que están traspasando nuestros límites. El milagro que se produce cuando cada individuo se da permiso de sentir sus emociones, es que estas se procesan y desaparecen, dejando tras de sí una clara y exacta noción de por qué surgió. Con este entendimiento, la persona puede verbalizar su emoción y darla a conocer sin recurrir a insultos o violencia.

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