28 de December de 2009 00:00

Antes fueron emigrantes y hoy son exitosas empresarias

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Sus historias, sus negocios y sus objetivos son distintos. Lo que une a las cuencanas María Isabel Calle, María Rosa Guerrero y Ángeles Ortega es que las tres vivieron en la bonanza del Primer Mundo, pero decidieron volver a Ecuador para desarrollar sus iniciativas empresariales.

Otros dos elementos tienen en común. El primero es que sus ideas cuentan con recursos no reembolsables asignados por la Secretaría Nacional del Migrante (Senami). El segundo es que reciben asesoría en marketing y gestión empresarial de la incubadora Innpulsar. Ese apoyo fue clave para que Ortega sacara adelante su restaurante La Casa del Herrero, que abrió en 2002. 

María Isabel Calle, por ejemplo, contrató tres personas que se encargan del cultivo y siembra, un agrónomo y una contadora. Su negocio, Bio Jardín, se especializa en diseño paisajístico para parques, espacios urbanos, ciudadelas, jardines… Para ello se invirtieron USD 72 000 en un local.

Con un aporte de USD 7 300, María Rosa Guerrero instaló la ferretería Mavelco. Ella tenía un negocio similar antes de emigrar a Nueva Jersey (EE.UU.) en 2001, pero lo encargó a su madre Luzmila Pérez, quien aún lo mantiene.

El Gobierno, con la ley, busca el control de los contenidos

Entrevista a Andrés Seminario
Experto en publicidad y marketing

Redacción Guayaquil

Una  Ley de Comunicación que ha generado tanta crítica, cuestionamiento y debate, ¿se puede decir que es una ley mal promocionada?
No. La campaña fue interesante y buena, pero se olvidaron de lo más importante, que fue  preguntar a la gente si creía que el Ecuador necesitaba una ley de esa naturaleza. Segundo, ya escarbando, se olvidaron de la premisa básica de que la mejor publicidad no salva al peor de los productos.



 ¿POR QUÉ  ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia.  Guayaquileño, de 45 años. Cuatro hijos. Estudios de periodismo, publicidad y   una maestría obtenida en  relaciones públicas   en España. Presidente de Actúa Verde, consultora especializada en comunicación y ‘marketing’  con enfoque social y ambiental.

¿Qué significa ello?

En este caso en particular, en el camino comenzaron a salir demasiadas aristas que   minaron el posicionamiento original que tenía la ley. Creo que cuando esta norma nació, en su concepción pública y no política,   lo hizo con más beneficios que perjuicios. La gente, al principio, la percibió bien, porque, entre otras razones, venía de la mano de la credibilidad del presidente Correa. En el camino y con los formatos que se ha dado al tratamiento de la ley, esos beneficios se han    reducido y más bien los perjuicios, entre comillas    y en el sentido más amplio de la palabra,     vienen destacando y eso genera suspicacias.

Es un  producto que no toma en cuenta a un ‘consumidor’ o beneficiario final como     sería la ciudadanía.

De hecho, creo que esta argumentación de defender a la ciudadanía de verdades incómodas es un derecho que no tiene ni el Gobierno ni los medios ni la ciudadanía, agrupada en una ONG o en una sociedad. En ese punto, en particular, el equilibrio ya se da cuando en Ecuador tenemos medios privados y medios del Estado. Esto es suficiente. Si   quiero informarme de la versión oficial escucho la cadena de los sábados o veo los canales, oigo las radios  o la televisión oficiales. En el pasado eso estaba desbalanceado. No había tantos medios. Hoy el Gobierno teniendo un nivel altísimo de televidencia creo que ya equilibró el partido y no necesitaba una Ley de Comunicación.

Usted habló de otra debilidad en la campaña de promoción de la ley. ¿Cuál fue?

Ellos se plantearon   la estrategia de que el  medio es el mensaje, pero, hoy, cuando ya toman actitudes como la de Teleamazonas (el cierre de tres días)  ya no es cuestión de tener miedo. Ahora,  eso  se convierte más     bien en un búmeran porque la gente reacciona. Una cosa es decir te voy a castigar, voy a crear una ley y un consejo para castigar y otra cosa es efectivamente hacerlo. Entonces, no se necesitan consejos, comités ni leyes, si ya     el hecho está sacramentado. Creo que eso también le genera una debilidad al proceso de discusión de la ley.

¿Qué pasará tras la suspensión de   Teleamazonas?

Si fuese en otro momento del año, creo que esto le costaría muchos puntos de popularidad al Presidente, pero fue en Navidad. Fue escandaloso, luego fue menos escandaloso y no pasó nada, mas allá de Teleamazonas quejándose   o de algunos aspirantes a candidatos políticos quejándose. Pero los precedentes que sienta ya son otra historia. Nefasto. Claramente se indica allí  cuál es el objeto de la Ley de Comunicación, porque en esencia traduce la aspiración del Gobierno de   controlar contenidos. Y ¿por qué quiere controlar contenidos? Porque así controla la opinión publica y ahí está por encima de la ley. Es decir, tener más poder. Todo se reduce a un juego de poder.

Usted no es partidario que exista un Consejo de Medios, ¿por qué?

No debe conformarse. No importa si es del Gobierno,     de la empresa privada, de la sociedad civil, de una ONG, de la iglesia, de los indígenas, de los montubios o de cualquier persona. Cualquier consejo que tenga la potestad de   clausurar un medio tiene el poder suficiente como para decir yo impongo mi agenda.

¿El mejor Consejo de Medios es el que no existe?

Yo le temo más a la censura de un consumidor que a la censura de cualquier ente. El día de mañana hay un boicot en contra del diario X y la gente deja de comprarlo. Ese diario tiene sus días contados.     Creo que esa es una manera interesante de cómo se regula   el sistema.

Entonces, ¿qué le tocaría hacer al  Gobierno, a los medios y a la sociedad?

Está bien que haya una Superintendencia que regule los espectros, que diga: haber señores, ustedes han comprado los derechos de uso de esta marca,  de este espectro, van a transmitir en este horario bajo este formato y estas son las reglas de juego. 

¿Qué más rescata?

La profesionalización de quien genera la difusión de la noticia. La comunicación ha llegado a una instancia tan importante que   su proceso de análisis y de transmisión de información debiera  ser profesional. Información es una cosa, opinión es otra.  Le toca al Ejecutivo ver las reglas, pero una vez establecidas       debe abrirse. Entonces, los medios deben  cumplirlas, pero no solo deben voltear a ver al Estado, sino también  a su audiencia, a sus lectores, a sus oyentes  para que le digan qué quieren  escuchar, ver o sobre qué debo informar.

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