2 de noviembre de 2017 16:37

Las familias quiteñas conmemoraron el Día de los Difuntos

, algunos limpiaban los nichos, otros se arrodillaban en el césped a rezar y otros aprovechaban para recorrer el lugar.

En el cementerio de San Diego, algunos limpiaban los nichos, otros se arrodillaban en el césped a rezar y otros aprovechaban para recorrer el lugar. Foto: Eduardo Terán

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

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Las visitas a los cementerios fue una de las actividades principales en este jueves 2 de noviembre del 2017 en Quito. Al celebrarse el Día de los Difuntos, las familias aprovecharon para visitar a sus seres queridos, enterrados en estos lugares.

El cementerio católico de El Tejar fue uno de los más visitados esta mañana. Los vehículos se acumulaban en los exteriores, al igual que las ventas de tarjetas, flores y otros arreglos destinados a que las personas puedan decorar los nichos.

En el interior, las familias recorrían los pasillos de este cementerio, mientras otros optaban por subir a escuchar la misa. Una vez finalizada la ceremonia, el sacerdote fue a algunos de los nichos para hacer una oración junto a cada familia y dar una bendición. La música religiosa de fondo, acompañó durante todo momento a los visitantes de El Tejar.

Patricio Guamán fue una de las personas que acudió a este lugar en el Día de los Difuntos. En esta ocasión, llegó acompañado de sus padres, sus hermanos y sus hijos.

Desde hace 25 años, es decir, desde que murió su abuela, Guamán acude todos los 2 de noviembre a visitar este nicho y ahora se lo presenta también a sus hijos. Esto se ha convertido en una tradición en la que aprovechan para ponerle flores y rezar por su descanso.

Aunque el movimiento era intenso en el cementerio, Lupita Rodríguez cuenta que ya no es “como antes”. Esta madre de familia recuerda que, cuando acudía de pequeña al cementerio en estas fechas, “eran ríos de gente” y no se podía ni caminar. Para ella, la falta de concurrencia de las personas se debe a que se están perdiendo las tradiciones.

Hasta el cementerio de San Diego llegaron más visitantes. El tráfico en los exteriores era una muestra de la cantidad de personas que se encontraban en el interior. Allí, algunos limpiaban los nichos, otros se arrodillaban en el césped a rezar y otros aprovechaban para recorrer el lugar.

En el interior de ambos cementerios también se podía encontrar algunos servicios para los visitantes. Aclarar y pintar las letras de los nichos se ofrecía desde USD 6, la escalera se alquilaba en USD 2,50 y las tarjetas se vendían desde USD 0,50. El intenso calor dio paso a otros negocios como la venta de helados, jugos y bebidas hidratantes en el exterior de estos lugares.

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