17 de febrero de 2018 00:00

El ELN y disidentes de las FARC se disputan zonas frente a El Chical

Militares ecuatorianos vigilan El Chical, en el Carchi. Al frente se encuentra el poblado colombiano de Tallambí. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

Militares ecuatorianos vigilan El Chical, en Carchi. Al frente se encuentra el poblado colombiano de Tallambí. Foto: EL COMERCIO

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Redacción EC

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Desde una garita, los militares ecuatorianos que operan en El Chical vigilan el puente de madera que une a esta parroquia fronteriza de Carchi con Tallambí, poblado de Nariño, en Colombia.

Grupos irregulares tienen injerencia en el vecino país, pero el martes, 13 de febrero del 2018, ingresó el Ejército de Colombia. La intervención se produjo luego de un enfrentamiento que protagonizaran disidentes de las FARC y guerrilleros del ELN, que se disputan el control de ese territorio.

Los tiroteos se escucharon en El Chical desde las 19:00 del 22 de enero; armados abrieron fuego en la selva colombiana. Eso hizo que 85 vecinos de Tallambí se desplazaran a territorio ecuatoriano.

La mayoría se alojó en casas de familiares y amigos. Otros fueron albergados en un aula de la Unidad Educativa Ecuador. Nilo Ortiz, presidente de la Junta Parroquial de El Chical, dice que al día siguiente la mayoría retornó a su pueblo.

Ocho organizaciones de derechos humanos de Ecuador se pronunciaron frente al desplazamiento y pidieron mayor presencia del Estado.

“Creemos que es importante entender que estos acontecimientos se están dando por el reacomodo de las fuerzas beligerantes en la búsqueda de control de los diferentes territorios dejados por las FARC”, señala el comunicado.

Por eso, las organizaciones pidieron a Ecuador y a Colombia que “asuman la corresponsabilidad de las respuestas que se deba dar a la compleja dinámica existente en la frontera”.

Ese pronunciamiento se produjo antes de que los presidentes de los dos países acordaran, el jueves en Pereira, trabajar coordinadamente por la seguridad fronteriza.

El jueves, este Diario ingresó a Tallambí. Estudiantes disputaban un partido de fútbol en una cancha rodeada por pequeñas casas construidas con madera y cinc.

En algunas de ellas todavía estaban pintadas frases con la rúbrica de la Columna Mariscal Antonio José de Sucre, de las FARC, que operaba en el sitio. En ellas queda la propaganda de la extinta guerrilla: Por una Colombia con justicia social vincúlate a las FARC-EP.

Así invitaban a los campesinos a unirse a sus filas. Un día antes, facilitadores de la Agencia Colombiana para la Reincorporación y Normalización (ARN) habían visitado por primera vez la zona.

Se trata de una entidad adscrita a la Presidencia de Colombia, que está a cargo del proceso de reintegración de las personas desmovilizadas.

La idea es agilitar su acceso a la preparación académica, servicios de salud, educación, vivienda, acompañamiento de gestión de recursos para proyectos de desarrollo comunitario, entre otros proyectos.

En el lado ecuatoriano, entre tanto, una patrulla con soldados de la Brigada 31 Andes inspeccionó hace dos días el sector conocido como La Guaña, situada al noroccidente de Carchi. Un militar confirmó que durante el recorrido no se reportaron novedades.

La frontera está reforzada con tropas que llegaron desde brigadas del centro del país. En el caso de El Chical, los militares dicen que no se han registrado hechos relacionados con tráfico de drogas, armamento o combustibles.

En ese sitio, el Presidente de la Junta Parroquial descarta que existan efectos directos del conflicto colombiano, como personas que busquen refugio permanente.

En la Unidad de Policía Comunitaria los uniformados aseguran que en los dos últimos años no se han registrado homicidios, robos de vehículos ni asaltos en los ejes viales.

El Chical se encuentra en el noroccidente de Carchi, cerca de Esmeraldas. Para el acceso existe una vía carrozable, trazada junto a la línea de frontera, que se conecta con Tulcán.

Los policías sostienen que los únicos delitos denunciados desde su llegada son el robo a una persona y el robo a un domicilio, y los consideran aislados. Los militares no han reportado el ingreso de grupos ilegales de Colombia con uniformes o armamento.

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