1 de March de 2015 19:50

La comunidad El Kiim cultiva plantas tintóreas

En la casa comunal, Rosa Tiwi,  enseña a los niños dibujo. La pintura que usan es la que obtienen de sus plantas. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

En la casa comunal, Rosa Tiwi, enseña a los niños dibujo. La pintura que usan es la que obtienen de sus plantas. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

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Lineida Castillo. Redactora
(F-Contenido Intercultural)

El Kiim se ha convertido desde hace un año en un laboratorio de investigación de plantas tintóreas andinas.

Los shuar que habitan esta comunidad selvática, ubicada en el cantón Yacuambi (Zamora Chinchipe), reciben cada mes a 20 investigadores de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). Son docentes de Química, Ciencias Naturales, Arquitectura y Arte que se internan en estos bosques para estudiar los vegetales de los que se pudiera obtener tintes.

Los indígenas son dueños de un bosque de vegetación protectora de 6 976 hectáreas, en la zona alta. En la llanura, cada familia tiene una chacra que constituye su medio de subsistencia.

En las casas de madera y angostos caminos de tierra habitan 35 familias (140 personas).

El proyecto nació en el 2013 por interés mutuo. Por un lado, los colonos tenían curiosidad de por qué al introducirse en la jungla se les mancha la ropa con tintes difícil de sacar. Veían a los niños pasar un palillo sobre la hoja de una planta y conseguir colores. Los dirigentes fueron quienes buscaron al personal de la Universidad para sacar provecho de los recursos. Iliana Herrera, del departamento de Arquitectura y Arte y quien desde su infancia se vinculó con las comunidades indígenas, lidera el proyecto.

Una mezcla del olor de las plantas y de la tierra húmeda impregna el bosque en donde fueron identificadas más de 90 especies de plantas entre medicinales, comestibles y maderables. 20 están catalogadas como potenciales tintes por los investigadores. Y de estas el estudio se ha centrado en el cumbiá, perench y guarumbo.

Estos arrojan los colores primarios: amarillo, azul y rojo, y el negro, explicó Herrera. De su mezcla se obtiene los secundarios. Otras como el achotillo, sauco y piripiri proporcionan anaranjado, verde y violeta.

En El Kiim, Rosa Tiwi coordina la investigación que involucra a ocho familias y el resto de la comunidad se beneficia de forma indirecta. Ellos siembran las plantas y los académicos les enseñan el proceso para extracción de pigmentos.

En principio, Iliana Herrera trasladó las especies al laboratorio del campus universitario para hacer las pruebas de cómo extraer los pigmentos de las hojas, semillas, frutos…

En todos los casos la técnica es sencilla. Por ejemplo, del cumbiá se aprovecha la cáscara de esta fruta que la comen las personas y aves. Esa materia jugosa es desintegrada en la licuadora y la sustancia se cierne en una malla delgadísima.

Cuando el fruto está verde proporciona los colores rojo y rosado, y cuando está maduro el azul. Finalmente esa sustancia –sin ningún químico adicional- queda lista como pigmento. En el caso del guarumbo, las hojas se hierven con poca agua hasta sacar el negro.

Washington Tiwi, secretario del Kiim y vocal de la Junta Parroquial de La Paz, recuerda que antiguamente las abuelas utilizaban esta planta para tinturarse el cabello y esconder las canas. Otras plantas se usaban para la alimentación y el tratamiento de enfermedades.

Según Herrera, las pruebas con los tintes revelaron que se adaptan a cartulinas, cerámicas y telas y son de durabilidad. Los niños de la escuela Daniel Martínez, de la misma comunidad ya lo utilizan en sus dibujos. En la casa comunal se exhiben 20 de las 140 obras de arte hechas por niños y adultos.

Las mujeres shuar esperan que la tinta orgánica les sirva también para pintar las artesanías que realizan con fibras y semillas naturales.

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