5 de March de 2010 00:00

El Ejército chileno es visto como el salvador

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AFP

Las aclamaciones y aplausos para los soldados chilenos a lo largo de la devastada costa del país a causa del sismo y posterior tsunami del pasado sábado, da cuenta del largo periplo del Ejército desde los días del régimen represivo de Augusto Pinochet.

Pinochet, quien dirigió el país con mano de hierro durante 17 años tras ocupar el poder a través de un golpe de Estado en 1973, llegó a ser el símbolo de los dictadores militares en América Latina. Murió en 2006 mientras se encontraba bajo arresto domiciliario.

“Creo que la gente está muy feliz por constatar el apoyo que está brindando el Ejército en esta crisis”, declaró el general Bosco Pesse, responsable de las operaciones de emergencia en la zona.

Cuando los convoyes de tanques y camiones se dirigen ruidosamente hacia el sur, a la zona afectada por el sismo y el tsunami para restaurar el orden y alimentar a dos millones de personas afectadas por la catástrofe, una multitud de chilenos sale a los caminos para saludarlos y aplaudirlos.

En un giro de la historia, una de las muchas víctimas de Pinochet, la presidenta Michelle Bachelet, ordenó al Ejército que saliera de los cuarteles.

El padre de Bachelet formó parte del entorno del derrocado presidente socialista Salvador Allende, y murió en prisión. Ella y su madre fueron torturadas y obligadas a marchar al exilio, donde la actual mandataria estudió medicina, profesión que la dictadura le prohibió ejercer cuando retornó al país.

Pero cuando esta semana los saqueos desenfrenados amenazaron con conducir al caos, Bachelet envió a 14 000 efectivos militares a la región para restaurar el orden.

“Necesitamos soldados, necesitamos soldados ahora, o la gente tomará la ley en sus propias manos”, reclamó repetidamente en mensajes radiales Jacqueline Van Rysselberghe, alcaldesa de la ciudad de Concepción (600 km al sur de Santiago), la más afectada por los pillajes y la violencia.

En Constitución, oficiales y jóvenes soldados que cumplen con su servicio militar obligatorio se comportan con la misma cortesía, franqueza y simpatía que el chileno medio.

“La gente está sufriendo aquí, lo sabemos y lo tenemos en cuenta”, dice el teniente Felipe Montenegro. “Si la gente no confía en nosotros, no podremos hacer nuestro trabajo correctamente”.

“Trabajamos con las autoridades civiles, las estamos apoyando, nada más”, agrega.

En la mayor parte de la zona centro-sur de Chile no hay comida ni agua ni electricidad ni teléfonos. La mayoría de las viviendas se vinieron abajo y las carreteras y puentes quedaron dañados por el devastador terremoto de 8,8 grados - 800 veces más intenso que el de Haití en términos de energía liberada - y decenas de miles de personas están sin hogar.

“El Ejército ha estado magnífico”, afirma el maestro retirado Osvaldo Fuentes, de 69 años, tras recoger agua de un camión militar. “Todos lo aplauden”, señala.

En este pueblo, las tropas trasladan y distribuyen alimentos y agua, y protegen bancos y supermercados. Helicópteros y botes llevan suministros a las aldeas costeras aisladas.

“La era de Pinochet se acabó, es un asunto del pasado”, dice Fuentes. “Pero una vez que pase todo esto, es probable que vuelvan las viejas quejas”, agrega.

Con sus calles destruidas por los edificios caídos y montañas de escombros, Concepción parece una ciudad bombardeada. Los soldados en las esquinas con sus rifles sin seguro le agregan a la zona una atmósfera de guerra.

Pero para los residentes, los soldados son un consuelo, no una amenaza.

“Estos son soldados jóvenes nuevos, no tuvieron nada que ver con los años de Pinochet”, coinciden Dermis Godoy Godoy, de 28 años, y un grupo de amigos en la puerta de un supermercado vacío a causa de los saqueos.

El mayor Félix Bastios, por su lado, afirma que el Ejército fue bien recibido por los civiles simplemente por su participación en un desastre de estas dimensiones.

“Saben que las Fuerzas Armadas son eficientes y tienen experiencia en el manejo de los problemas que se enfrentan aquí”, señala.

“Somos ciudadanos, no estamos aislados del país”, agrega.

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