29 de enero de 2018 00:00

Educadoras usan muñecos para prevenir los abusos entre los niños

Los muñecos Lola y Pedro son la herramienta para enseñar a los niños sobre la protección de sus genitales. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Los muñecos Lola y Pedro son la herramienta para enseñar a los niños sobre la protección de sus genitales. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

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Lo más difícil en casos de abuso o acoso infantil es lograr que los pequeños cuenten lo que les ocurrió. Una vez que hablan, ellos se enfrentan al reto de lograr que les crean.

A esa conclusión llegó el equipo de la Unidad Patronato San José que, desde mayo del año pasado, empezó a elaborar un plan piloto para ayudar a los niños y a su entorno cercano a prevenir la violencia sexual, llamado Guaguas con voz.

Para elaborarlo, la entidad recopiló información sobre la temática en el país. Según María Fernanda Pacheco, presidenta del Patronato, seis de cada 10 casos de violación son de menores de edad y uno de cada tres niños abusados no se atrevió a decir nada. Pero al 30% de los que hablaron no les creyeron a tiempo.

Pacheco afirma que en el país, menos del 17% de este tipo de casos fueron judicializados y solo el 7,5% tuvo una sentencia. Aunque afirma que cuando se detecta un caso debe garantizarse la reparación integral a través de sanción al victimario y soporte para la víctima y su familia, el abuso deja una marca que difícilmente se supera del todo.

Por ello, la prevención debe ser una prioridad y en eso se enfoca Guaguas con voz. Este jueves concluirá la fase de capacitación de 300 educadoras que trabajan en los 130 Guagua Centros de esta entidad.

Ellas aprendieron a conversar con los pequeños a quienes cuidan sobre la importancia de que tengan confianza en sus maestras o familiares, para contarles si algo malo les ocurre.

También, les enseñan que deben decirle a los agresores que no pueden tocar sus partes íntimas, que hacerlo no es un juego y que si insisten, ellos gritarán por el peligro.

Pedro y Lola son sus compañeros de trabajo. Se trata de dos muñecos, diseñados en la Espe, de los cuales se fabricaron 500 parejas. Cuando alguien toca sus nalgas, pecho, boca, pene o vagina, voces infantiles reclaman por ese comportamiento inapropiado.

Sara Oviedo, exvicepresidenta del Comité de Derechos del Niño de la ONU, señala que es importante proponer metodologías amigables con los niños, que sean realistas y no partan de supuestos, porque los niños deben saber que existe la posibilidad de que sean agredidos.

Oviedo señala que es importante que siempre se parta de planes piloto para ajustar los mecanismos que sean necesarios y lograr que las iniciativas funcionen. Y resalta que ahora existe una apertura importante para estos temas en el país, a raíz de denuncias que se hicieron públicas el año pasado. Por eso sugiere aprovechar el momento para convertirlas en políticas públicas que lleguen a todos los sectores.

Según Pacheco, el proyecto del Patronato llegar hasta fin de año a 72 000 maestros. La idea es “capacitar a capacitadores para replicar el equipo y tener mayor cobertura”. El equipo que diseñó la estrategia era de cinco personas. Luego se formó a 16 capacitadores que replicaron a las docentes de los Guagua Centros.

En principio, el plan es pasar de ahí a 80 escuelas privadas y nueve municipales en febrero y luego extenderse a los 800 colegios privados del Distrito.

Además, el Patronato envió una solicitud formal al Ministerio de Educación para que le permita trabajar también en escuelas fiscales del Distrito.

Verónica Andrade trabaja en el Guagua Centro El Arbolito, con niños de 18 meses a cuatro años de edad. Ocasionalmente reciben a niños mayores. Afirma que ha visto reacciones positivas en los niños porque una estrategia lúdica tiene mejores resultados.

Por ahora, los niños saben cómo funcionan los muñecos, se disfrazan como ellos y reconocen qué tipo de caricias o tocamientos son inapropiados. En la siguiente fase, los pequeños podrán llevarse a Pedro o a Lola a su casa para familiarizarse más con el tema.

Según Pacheco, la idea es que los niños sepan que tienen el poder de decir que no y contarle a adultos de confianza sobre situaciones de riesgo.

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