14 de November de 2009 00:00

¡Por la educación!

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Milton Luna Tamayo

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Eran días difíciles en el 2002. El Ecuador todavía experimentaba los efectos de la mayor crisis de los últimos cincuenta años. Se habían derrumbado los bancos y la economía desplomada afectó a todos, particularmente a los más pobres. La desesperanza, la visión de corto plazo y la fractura social y regional reinaban. En esas circunstancias los partidos organizaron otra campaña electoral para elegir el nuevo mandatario de la república. Otro más, el séptimo, en menos de seis años.

Percibiendo la honda necesidad de cambio, de unión y de esperanza del pueblo ecuatoriano alguien propuso a Yoriko Yasukawa, representante de Unicef, una idea desafiante: apoyar una movilización ciudadana que conduzca a un gran acuerdo nacional alrededor de un tema altamente importante, pero poco visible políticamente, la educación.

Veinte prestantes ciudadanos, hombres y mujeres, de diverso origen ideológico, profesional, político y regional presididos por Jaime Astudillo, rector de la Universidad de Cuenca, se sumaron a la utopía. El ministro de Educación de ese entonces, Juan Cordero, estuvo en primera línea.

Este grupo durante meses construyó una Agenda Básica que debía ser el centro del Acuerdo. Asimismo desató, el mayor proceso de movilización y concertación ciudadana de esta década por el derecho a una educación de calidad para todos. El 13 de noviembre 120 000 personas estuvieron en las calles del país al grito de “Solo la educación cambia al Ecuador” y “Si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación, cambia de candidato”, consignas que eran difundidas también por la mayoría de canales de TV, 400 radios y toda la prensa del país. En ese marco y en esa fecha, el presidente Gustavo Noboa decretó el Día Nacional de la Educación.

Mientras tanto desde agosto hasta noviembre de ese año, en sendas reuniones, todos los candidatos a la presidencia de la República, la mayoría líderes de opinión, organizaciones políticas y sociales de diversas tendencias, indígenas, trabajadores, asociaciones de estudiantes, maestros, universidades, alcaldes, prefectos y medios de comunicación suscribieron la Agenda Básica como símbolo un gran Acuerdo Nacional por la Educación. Documento que más tarde con su enorme legitimidad tuvo la fuerza política, conceptual y ética para dar sentido hasta hoy a las políticas educativas.

En estos días de fines de 2009, frente al inminente desafío de dar un nuevo impulso a la transformación radical de la educación a través de las nuevas leyes de educación general y superior, se debería recuperar el espíritu del 2002, del día nacional de la educación: el diálogo plural y el acuerdo de todos, del Estado, de la familia y de la sociedad, por el derecho a una educación de calidad. Este es el reto democrático de la Asamblea Nacional. El Ecuador está atento de su trabajo.

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