1 de June de 2009 00:00

La educación es la solución a las pandillas

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Redacción Esmeraldas

¿El reciente asesinato de jóvenes miembros de pandillas de los Latin Kings y Ñetas, que buscaban la paz, es un hecho aislado o parte de la violencia generalizada?



¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ?

Su trayectoria. Es sacerdote salesiano,  fundador de Nación de Paz, una organización que trabaja con las pandillas de Esmeraldas en el proceso de pacificación.

Su punto de vista. Ecuador requiere de una política de Estado para generar una cultura de paz. El camino es la educación.

Debemos englobarlo a nivel macro. Hablamos de un calentamiento global, pero es más grave el calentamiento social, por la crisis económica. Está claro que la gente tiene que comer, y si no tiene cómo  o dónde hacerlo,  buscará alimento como sea. Ya no es una cuestión de puro capricho, sino de supervivencia y el resultado de ello  lo conocemos como pandillas. La frustración de una persona se vuelve frustración de todo un grupo. 
 
¿Pero los casos de violencia de pandillas no han sido  por comida, sino por  supuestas rivalidades, informaron las autoridades?

Insisto en que es parte del problema macro de la violencia en Ecuador. Este es un problema que viene  desde la frontera, con el tema del sicariato y el narcotráfico. Estos son problemas conocidos por todos pero silenciados por el miedo. Es por eso que considero que desde el Estado se deben  generar políticas para mantener la paz.

¿Y cómo se puede lograr esa paz?

A través de la educación, como parte de una política de Estado. Y de acuerdo con el ambiente de violencia que vivimos,  creo que es una necesidad urgente. Cuando vemos que la Organización Mundial de la Salud considera la violencia como un problema de salud, educar para la paz tiene que asumirse como una política de Estado, en todos sus niveles, desde los más pequeños hasta los más generales y universales.

¿Pero se necesitan soluciones inmediatas en este momento conflictivo?

El conflicto no es negativo. El conflicto nos abre espacios para ver nuestras falencias. Es la caricatura de la sociedad que nos sirve para saber en dónde tenemos que apuntalar los sectores vulnerables. Se habla de la violencia pero hay que saber el por qué de ella. Ese es  un tema prioritario. Porque no se pueden curar los males si nos sabemos las causas.

¿Y ese trabajo cómo avanza?

El Ministerio de Justicia, a través de la Conferencia de Ministros de Justicia de los Países Iberoamericanos (Comjib), usa dos experiencias de trabajo con pandillas de Ecuador, para el fomento de una cultura de paz. El país se ha convertido en un referente mundial, a través de la labor de la Corporación Ser Paz, impulsado por Nelsa Curbelo, en Guayaquil, y de Nación de Paz (a cargo del padre José Antonio Maeso), en Esmeraldas. No podemos permitir el fracaso de estas experiencias. Hay que potenciarlas hacia una educación para la paz. Pero faltan recursos.

¿Pero hay que reconocer que también existe gente que vive de la violencia?

No creemos que todas las organizaciones,  naciones y fundaciones sean malas. Aunque sí creemos que elementos nocivos se han introducido en ellas e impiden su desarrollo. Pero por unos cuantos casos puntuales no se puede generalizar y asegurar que todos los grupos de jóvenes son pandillas.

¿Cuál podría ser el mecanismo para mejorar la situación de esos muchachos?

Recordemos que muchos jóvenes heredan nuestro modelo social. No lo han creado ellos. Ellos son víctimas más que victimarios. Además,  las organizaciones que consideramos negativas simplemente son una llamado de atención para el modelo de sociedad que estamos viviendo. Creo que todos los actores  tendremos que sentarnos a dialogar para que ver qué hemos hecho mal, para que estas agrupaciones redunden en la violencia.

¿Para qué se crean estas organizaciones? ¿Qué buscan  los jóvenes  en ellas?

Creo que ya pasó la época en que se creaban  guerrillas como mecanismos para luchar por el  cambio social en Latinoamérica. Ahora, el  cambio se  busca a través de las agrupaciones y pandillas, no así de las mafias y las bandas delictivas. Las dos primeras no tienen que ser vinculadas al delito ni al crimen, porque eso no es su objetivo, aunque hay elementos que están vinculados a esas actividades.  Lo peligroso es meter a todos en una mismo saco. 

¿Cómo los alejamos de la violencia?

Si con las guerrillas, que han asesinado a personas y han cometido delitos,  las autoridades se han sentado en la mesa  a negociar, también  habrá que hacerlo  con las agrupaciones juveniles y las pandillas. Esto es el primer paso para lograr la paz. Todos, autoridades y civiles, debemos buscar procesos que lleven a la pacificación en las calles. De esta forma se logrará alcanzar su  reintegración social.

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