28 de enero de 2015 20:11

Obreros y construcciones inciden en la cotidianidad del hipercentro de Quito

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Mariela Rosero

En el 2014, más de 20 000 unidades de vivienda, es decir departamentos y casas nuevas, estuvieron listas para la venta en la ciudad. El doble en relación con el 2009. Ese auge del sector de la construcción es notorio al caminar por zonas del norte.

Allí un nuevo Quito se levanta. En Iñaquito, Carolina, Shyris, Amazonas, 6 de Diciembre, República de El Salvador, Coruña y otras zonas del norte, se tramitaron más permisos para construcción, según el Colegio de Arquitectos de Pichincha el año pasado.

En el hipercentro es común encontrarse con espacios cercados, en donde se desarrollan excavaciones profundas. Y también obras, en las que se ve a trabajadores con arneses y cascos. Asusta y maravilla ver esas enormes estructuras metálicas: grúas torres, que bordean los 100 metros de altura y que sirven para transportar herramientas y material.

Según la Cámara de la Industria de la Construcción, en el 2013, alrededor de este sector se registraron 530 512 trabajadores en el país. Esto significó el 10% del empleo nacional. En el 2014, el número de obreros aumentó a 534 552. De ese total el 40% está en Quito.

César Antonio Guachi, de 46 años, ha trabajado como albañil desde que tenía 21. Ahora labora en lo que será el edificio Metropolitan, una de las obras de Uribe & Schwarzkopf, en la avenida Naciones Unidas, entre Núñez de Vela e Iñaquito.

En el 2014, la constructora empleó, con seguro social, a 800 obreros, en diversos proyectos, según José Garcés, gerente técnico. Pero además mantiene contratos con otras industrias a cargo de la carpintería, cerámicas, griferías, pisos, pinturas...

Guachi es ‘segundero’, mano derecha de Manuel Zambrano, de 63 años, maestro mayor, capataz y contratista. Desde hace 12 años tiene un equipo de ocho obreros; les paga USD 570, por trabajar de lunes a viernes.

Uno de ellos es Guachi, quien con su experiencia puede trazar y levantar paredes. Tiene cuatro hijos de 26 y 22, 18 y 12. Los dos mayores son casados, bachilleres. Él vive con los menores y su esposa, empleada doméstica, en su ‘media agua’ en la Loma de Puengasí.

El día a día en las obras

En Metropolitan, de 50 000 m2, que se construye desde noviembre del 2013, laboran de 07:30 a 17:30, de lunes a viernes. Tienen una hora para almorzar. Guachi gana USD 130 a la semana; come sopa, seco y refresco por USD 2. Varias mujeres les ofrecen la comida a diario. Antes, a las 10:00, recobran energías con una gaseosa y pan, que compran en tiendas y casetas.

En otras construcciones de la República de El Salvador se venden chochos y mote, en los recesos. También pan.
A la NN.UU., los obreros llegan a las 07:00. Un guardia los registra, recibe sus cédulas y pasan a un mundo que es más que el esqueleto de un edificio, como se ve desde el exterior.

Construyen 140 departamentos, en 18 pisos y seis subsuelos. En el interior conviven 200 obreros. Al llegar van hacia unos cuartos, en los subsuelos, en donde se cambian y dejan sus pertenencias. Allí hay prendas colgadas, zapatos y botellas de gaseosas en el suelo. Las bodegas llevan un rótulo con el nombre del maestro mayor, a cargo de 20 personas. De ahí salen convertidos en ‘Robocops’.

Eso dicen bromistas los obreros, que usan pesados cascos y botas con punta de acero, gafas, protectores de cuello, guantes, chalecos reflectivos y arneses, para sujetarse a lo que los técnicos de seguridad llaman líneas de vida. Una es un cabo fortex, que soporta 3 000 libras.

Mauricio Yánez no permite que nadie acceda al campamento en el interior de la construcción sin ese equipo. Él indica los puntos desde los cuales los albañiles pueden amarrarse al arnés. Hay además varillas en el piso, vigas metálicas…

Un tema que preocupa es el relacionado con accidentes en las construcciones. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ubica a la construcción entre las seis actividades de alto riesgo junto a otras como agricultura, pesca, explotación de minas y canteras.

“El riesgo y la siniestralidad son altos”, indicó Luis Vásquez, director del Seguro de Riesgos del Trabajo del IESS.

Él precisó que existe un subregistro importante en el país, por lo que no tienen cifras sobre el número de accidentes por año. Apuntó que según las tasas de la OIT, por cada
1 000 obreros se reportan hasta 42 accidentes de trabajo en el año, cinco enfermedades ocupacionales. Y por cada 100 000 trabajadores hasta 8,3 muertes.

Este 2015, el reto de los constructores es levantar edificios de hasta 30 pisos, más que nada en la zona aledaña al parque Bicentenario. Hasta el 2010, solo se llegaba hasta el nivel 12.

El exdirector metropolitano de Planeamiento Territorial, Mauricio Moreno, señala que construir en altura exige niveles de especialización. Hay que bombear materiales pesados como hormigón, manejar grandes piezas de metal como vigas, columnas y paneles prefabricados. “Esa experticia no se ha desarrollado en Quito. Requiere capacitación”.

Él indica que el 30% del valor de una construcción se destina a la mano de obra. Recuerda que según los salarios mínimos sectoriales, un obrero no gana menos de USD 400.

En el 2014, el Secap otorgó el título de albañiles a 211 personas en Pichincha. Ofrece cursos para ser carpintero, supervisor de obras civiles, operario en elaboración de hormigones... Pero aún el interés por capacitarse es mínimo.

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